El nuevo presidente deán del Cabildo habla de los retos que debe afrontar al frente del primer templo de la diócesis. «Es una gran responsabilidad cuidar la catedral para que siga siendo un templo digno para los que creen, y un templo que pueda ser visitado con admiración para todos», comenta.

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Pablo González Cámara, frente a la capilla del Santo Cristo.

 

Este sacerdote natural de Vallejimeno es canónigo desde el año 2001, compaginando sus tareas en la catedral con la de vicario judicial de la diócesis, cargo que desempeña desde 1997, y sacerdote de algunos pueblos como Castrillo del Val, Cardeñajimeno y San Medel; además de colaborar en la unidad pastoral de Ibeas y Juarros. Desde el pasado 11 de octubre, Pablo González Cámara ejerce como presidente deán del Cabildo de la catedral, convirtiéndose en su máximo responsable. Una nueva etapa que confiesa vivir con un conjunto de sensaciones, «entre miedo, responsabilidad, reto y también agradecimiento hacia los compañeros que me han elegido para representarles».

 

Ilusión y optimismo es lo que la catedral le trae a la cabeza, además de mucho ánimo cada día cuando tiene que ir a sus nuevas tareas como representante del Cabildo. «Todo esto, aunque ya uno está mayor, le hace caminar como joven», expresa sonriente.

 

A la hora de destacar un lugar favorito en este templo, Pablo comenta que se encuentra muy a gusto en todos, aunque destaca la capilla de Santa Ana y el claustro. Sin embargo, si tuviera que escoger un lugar para orar, meditar y reflexionar, «sería sin duda la capilla del Santo Cristo, porque esta imagen impone, pero al mismo tiempo te acerca a Él».

 

Dentro de sus funciones, coordina los distintos oficios que desempeñan los canónigos, y tiene además «la representación jurídica de la catedral», es a su vez «portavoz del Cabildo de cara al exterior y ante la opinión pública, y responsable de que se lleven a cabo los acuerdos que se toman en el Cabildo». El que preside es un colegio o grupo de sacerdotes al que corresponde celebrar las funciones más solemnes de la catedral, entre otros deberes que cada uno de sus componentes ejerce: «Está el ecónomo, el secretario, el que defiende jurídicamente al Cabildo, el que se encarga del culto, el del turismo, el fabriquero que vela por las obras de restauración… Todas estas tareas están coordinadas por el presidente». Pero sobre todo, destaca que «el deber del Cabildo es ofrecer todo lo que la catedral tiene a los demás, sean creyentes o no».

Un templo para todos

Ahora Pablo debe continuar afrontando los retos para los que se hizo la catedral, de los cuales destaca varios aspectos importantes: «La gestión del culto con dignidad, ya que la catedral es la Iglesia Madre de la diócesis; gestionar el turismo –una tarea bastante compleja– para que los visitantes se sientan a gusto admirando este templo que es Patrimonio de la Humanidad; y cuidar todo este patrimonio y conservarlo en el día a día».

 

Precisamente, sobre la restauración de la seo, Pablo tiene que destacar lo mucho que se ha trabajado en esta dirección. Recuerda cuando entró como canónigo en 2001, «y desde entonces hasta ahora, es una catedral nueva». Por eso, muestra agradecimiento a los mecenas que han financiado los proyectos de restauración, y también a los turistas y visitantes con sus aportaciones. «Es una gran responsabilidad cuidar la catedral para que siga siendo un templo digno para los que creen, y un templo que pueda ser visitado con admiración para todos». En este sentido, Pablo hace un llamamiento para que las instituciones y las personas continúen empujando y colaborando: «Estamos abiertos a las distintas colaboraciones para mejorar esta maravilla gótica, que es para Burgos».