Religiosos y religiosas de la diócesis han celebrado hoy la jornada de la vida consagrada en una eucaristía que este año se ha celebrado en la iglesia del Carmen. El arzobispo ha pedido a los consagrados llevar a cabo una vida teologal y responder así a Dios, «con la certeza» que seguirá enviando nuevas vocaciones.

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El descenso de vocaciones en la vida consagrada es una realidad constatable. Tanto es así que el incierto interrogante sobre el futuro de algunas congregaciones se ha hecho presente también en la eucaristía que los religiosos y religiosas de la diócesis han mantenido esta tarde con motivo de la jornada de la vida consagrada. El arzobispo, don Fidel Herráez, ha interpelado a los religiosos sobre este futuro, confirmando que «está asegurado si nosotros respondemos». En efecto, muchos religiosos se preguntan «qué será de sus realidades dentro de diez o quince años». A pesar de la incertidumbre, «no podemos medir el futuro en términos cuantitativos u operativos, sino que lo que tenemos que hacer es responder al amor de Dios porque él es fiel y seguirá llamando», ha reiterado el arzobispo. «Tenemos que responder de nuestra parte, Dios hará el resto porque él es quien ha iniciado su obra. Hay que pedir y merecer las vocaciones; tened la certeza de que el Señor seguirá llamando».

Vida teologal

Para lograrlo, el arzobispo ha pedido a los consagrados de la diócesis que respondan «coherentemente» a su vocación llevando una «vida teologal». Una vida que consiste «no en ser teólogos que investigan», sino en vivir las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Para el pastor de la Iglesia burgalesa, los consagrados deben responder a su vocación con «una fe viva que dé sentido a su existencia», «una esperanza activa que ayude a realizar lo que realmente esperamos» y «una caridad concreta encarnada en el día a día». Así, los consagrados recibirán «la luz en plenitud para poder iluminar a los demás», tal como parecían indicar los propios religiosos con sus lámparas encendidas al comienzo de la celebración.

Rica realidad

En la provincia de Burgos existen un total de 1.485 religiosos. De ellos, la inmensa mayoría son mujeres, 1.143, mientras que los hombres suman 342. Las religiosas de clausura viven en 26 monasterios, 11 de ellos en la capital. Junto a las religiosas de vida contemplativa, existen también numerosas consagradas que viven diferentes carismas en 38 comunidades en la ciudad y otras 9 por el resto de la geografía burgalesa. En cuanto a los consagrados, de los 342 solo 115 son sacerdotes. Están en 21 comunidades por toda la provincia, 12 de ellas en la ciudad, y cuatro monasterios de vida contemplativa: la Cartuja, santo Domingo de Silos, San Pedro de Cardeña y la Camáldula.