Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 12 de febrero de 2017.

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En el año 1960 las mujeres de Acción Católica se sintieron interpeladas por un llamamiento que venía de la FAO (el organismo especializado de la ONU que dirige las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre), y lanzaron en España la campaña contra el hambre en el mundo. Nacía así «Manos unidas». Y desde entonces, cada segundo domingo de febrero, somos invitados a reflexionar, compartir y trabajar contra esa gran lacra que todavía sigue azotando amplios ámbitos sociales y mundiales: el hambre. Campaña que ha alcanzado arraigo en la sociedad española y, manteniendo su identidad eclesial, ha adquirido gran relieve entre personas de buena voluntad. ¡Qué mejor nombre para este proyecto que ‘Manos Unidas’! Todos, de la procedencia, ideología o religión que seamos, estamos invitados a unir nuestras manos contra el hambre. La Iglesia española, a través de Manos Unidas, se siente servidora uniendo sus manos con todos los que anhelan el desarrollo y la promoción de los hombres y mujeres del llamado tercer mundo.

 

Manos Unidas tiene como misión la lucha contra el hambre, la deficiente nutrición, la miseria, la enfermedad, el subdesarrollo y la falta de instrucción; producidos entre otras por las siguiente causas: la injusticia, el desigual reparto de los bienes y las oportunidades entre las personas y los pueblos, la ignorancia, los prejuicios, la insolidaridad, la indiferencia y la crisis de valores humanos y cristianos. Para ello, realiza dos actividades permanentes: una, dar a conocer y denunciar la existencia del hambre en el mundo, inspirándose en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, a través de la sensibilización de la sociedad española y de la educación para el desarrollo. Y, otra, recaudando medios para financiar proyectos encaminados a paliar las necesidades en los países en vías de desarrollo, que se concretan en cinco áreas de trabajo: agricultura, educación, sanidad, promoción social y promoción de la mujer.

 

Este año, con el lema de la Campaña, se nos invita a darnos cuenta de que «El mundo no necesita más comida; necesita más gente comprometida». Esta campaña quiere resaltar unas cifras: un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura, mientras 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo. Además, durante todo el año 2017, Manos Unidas hará hincapié en tres cuestiones esenciales y urgentes para acabar con la pobreza y el hambre en el mundo, como son: el desperdicio de alimentos, la lucha contra la especulación alimentaria y el compromiso con una agricultura respetuosa con el medio ambiente que asegure el consumo local. Es necesario trabajar, cada uno desde nuestra situación, por un modelo global de producción agrícola y de consumo sostenible. Es un grave pecado que en nuestras sociedades occidentales se dé un gran desperdicio de alimentos, mientras hay personas concretas que mueren de hambre. Del mismo modo, a otros niveles, se produce una auténtica especulación alimentaria, siguiendo tan sólo criterios de economía excluyente, mientras existen amplias zonas del mundo sufriendo hambrunas persistentes y mortíferas. Para ello, se convoca especialmente a los técnicos, para desarrollar una agricultura sostenible que sea respetuosa con el medio ambiente y vaya generando una auténtica casa común donde todos puedan sobrevivir y vivir con dignidad.

 

Esto es una llamada y un reto para todas las personas de buena voluntad. Pero para nosotros, los cristianos, si cabe, supone un mayor compromiso. Dios quiere que todas las personas tengan vida y vida digna. Y por ello nos recuerda: «Porque tuve hambre y me diste de comer”, y “lo que hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 35). El Papa Francisco es especialmente sensible ante este drama, como muestra a menudo en sus reflexiones. De manera particular lo subrayó en el pasado Año de la Misericordia; pero nos sigue invitando a descubrir que «es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia… Todavía, nos dice, hay poblaciones enteras que sufren hoy el hambre y la sed; y despiertan una gran preocupación las imágenes de niños que no tienen nada para comer… En efecto, la misericordia se excede; siempre va más allá, es fecunda». Y de cara a esta fecundidad hemos de tener presente que, en palabras del Papa emérito Benedicto XVI, «el testimonio de la Caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo, forma parte de la evangelización».

 

Permitidme que exprese mi agradecimiento y apoyo a quienes, de diversas formas, trabajan por la erradicación del hambre en el mundo. De manera especial, a Manos Unidas y a todos sus voluntarios, a quienes en nuestra diócesis impulsan esta misma tarea, y a todos vosotros que con vuestra oración y ayuda anheláis un mundo venidero más justo, más fraterno, más humano. ¡Unamos todos nuestras manos contra el hambre! Seamos sensibles a tanta necesidad de nuestros hermanos, los que están lejos y los que tenemos cerca, con ocasión de esta Campaña y durante todos los días del año.