La exposición «Quo Vadis?» continúa su recorrido ofreciendo a los visitantes la oportunidad de pararse a discernir sobre cuál es la vocación que quieren seguir en su vida. Y es que no siempre es fácil elegir qué es lo que se quiere ser y hacer, por eso el Seminario de San José ayuda a los chicos que lo deseen a plantearse su futuro.

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seminario menor burgos

Diogo Cardoso y Eduardo Maure desarrollan sus estudios en el Seminario Menor

 

Desde hace unos meses, el Seminario de San José ofrece la exposición «Quo Vadis?», que posibilita a quienes se acercan a ella reflexionar sobre su vocación en la vida. Y es también de vocación el testimonio que se puede escuchar en boca de dos jovencísimos seminaristas, Diogo Cardoso y Eduardo Maure.

 

Diogo, de Briviesca y de doce años, cuenta que todo empezó cuando tenía siete y acompañó a su hermano a un encuentro de monaguillos. Ese mismo año, don Julián, su párroco, le animó a ir al campamento que se iba a celebrar en Gallejones, donde conoció a Enrique Ybáñez, delegado de pastoral vocacional de la diócesis, que le invitó a acudir al preseminario. «Me gustó y estuve yendo durante cuatro años, hasta renunciaba al fútbol para ir al preseminario. Allí fue donde conocí mi vocación, que es ser un buen pastor del Señor y servirle», relata. Este es su primer año en el seminario como seminarista y le «va muy bien». «Os animo a venir a conocer la casa del Señor. Así que no tengas miedo y dale tú sí sincero», concluye Diogo.

 

Por su parte, Eduardo, también natural de Briviesca, cuenta que la historia que le llevó al seminario es «muyyy larga»: «Yo iba todos los domingos a misa y veía a todos los niños que eran monaguillos. Me encantaba ver cómo todos los niños se lo pasaban muy bien ayudando a don Julián, mi párroco. Llegó mi momento de hacer la comunión y por fin pude hacer mi deseo realidad. ¡Fui monaguillo! Me lo pasé genial. En eso estaba de  monaguillo pasándomelo bien y me dijeron que había encuentros de monaguillos». Eduardo iba a todos los encuentros que podía, y uno de ellos fue en el seminario. «Me animaron muchísimo a entrar a preseminario, ¡me lo pasaba genial! El caso es que fui haciendo amigos y me animaron y dieron muchas fuerzas para entrar… también Jesús me ayudó un montonazo…». Hoy Eduardo dice estar «superfeliz de la vida» con amigos y sobre todo «el number one, Jesucristo». «Yo os animo a entrar y probar esta muy buena experiencia».

Educación personalizada y respetuosa

Ambos chicos estudian en el Seminario Menor, un lugar en el que se trabaja con adolescentes para que puedan discernir cuál es su vocación, y que no siempre es la sacerdotal. Tal y como explica Francisco Javier Valdivieso, rector del seminario de San José, «este seminario es una comunidad en la que con una educación personalizada y completa, chavales de secundaria (doce años) hasta el bachillerato, son acompañados para descubrir su vocación y con mucho respeto: La mayoría de los niños que entran e el Seminario Menor no continúan en el Mayor. Pero hay que reconocer que la mitad de los alumnos del Seminario Mayor provienen del Menor. Por lo tanto, y lo sabemos por experiencia, el Seminario Menor es un buen lugar donde cuidar las semillas y cuidar también el Seminario Mayor».

 

Al entrar en el Seminario Menor, los chicos dejan sus casas y comienzan una convivencia diaria que les ayudará a crecer en virtudes humanas propias del Evangelio, sin dejar de lado a sus familias. Se trata, además, de un periodo en el que se desarrollarán como personas maduras, capaces de tomar decisiones por sí mismos y de manera responsable.