Numerosos cofrades han hecho juramento de silencio y han participado en una sobria procesión coordinada por la Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento y Jesús con la Cruz a Cuestas, de la parroquia de San Cosme y San Damián.

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Silencio. Es lo único que se ha escuchado esta noche en la procesión que se ha convertido desde hoy en la más austera de la Semana Santa burgalesa. Portada a hombros, la sobria imagen del Cristo de la Salud, iluminada por cuatro grandes cirios y flanqueada por decenas de cofrades encapuchados con hábitos pardos cual vestido franciscano. Solo el tañido de un bombo rompía el sepulcral silencio que, en señal de duelo, parecía hacer penitencia ante la desoladora muerte de Cristo.

 

Ha sido la primera vez que la procesión salía a la calle tras decenios de ausencia, a pesar de los intentos fallidos del año pasado a causa de la meteorología. Cuando el reloj marcaba la media noche, las puertas de la iglesia parroquial de San Cosme y San Damián se abrían para dar paso a la procesión, que ha recorrido las calles del centro histórico hasta la catedral, desde donde ha emprendido su camino de regreso tras un responso por los cofrades difuntos. Antes, los cofrades que han procesionado en el desfile –procedentes de varias hermandades de la ciudad– han participado en una celebración penitencial y hecho juramento de silencio: «Si guardáis silencio, Dios Padre, que es todo amor, os lo premie. Y si no es así, el Señor, que es todo misericordia, os lo perdone», les ha exhortado el párroco de San Cosme, Máximo Barbero, antes de emprender la procesión.

La talla

El Cristo de la Salud procede de la escuela castellana de mitad del siglo XVI. Pertenece a las imágenes conocidas como del «Christus Patiens» y goza de gran belleza escultórica dada su anatomía naturalista. Representa a Jesús muerto en la cruz con cabellos largos y ondulados, barba espesa y partida en el mentón y expresión serena en el rostro. Tiene la cabeza ligeramente inclinada hacia el lado derecho, los ojos no del todo cerrados y el cuerpo un tanto arqueado: rasgos característicos de un Cristo recién fallecido. La sangre que brota de la corona de espinas, las llagas de manos y pies, así como de la lanzada, cubre casi todo su cuerpo. Y en la figura destaca el paño de pureza, en forma de amplios pliegues, con rica policromía en madera y dorado con la técnica del estofado.

Rosario penitencial

No ha sido el único desfile procesional en este Viernes de Dolores. Horas antes, recorría por las calles del barrio de San Pedro de la Fuente un Rosario penitencial. En él la cofradía de la Oración en el Huerto y de Nuestra Señora de los Dolores han portado a hombros la imagen de la Virgen de los Dolores, una talla de vestir de autor desconocido.