La catedral ha acogido esta mañana la Santa Misa Crismal, en la que los sacerdotes renuevan su promesa de entrega a Dios, a la Iglesia y a los hermanos. Es la fiesta de la bendición de los óleos y la consagración del Santo Crisma a través de los cuales se seguirá construyendo la unidad diocesana, el pueblo santo de Dios.

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Esta mañana tenía lugar en la capilla de Santa Tecla de la catedral la Misa Crismal. Se trata de una  Santa Misa concelebrada por los sacerdotes y religiosos de la diócesis que renuevan sus promesas sacerdotales, y que ha estado presidida por el arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, en la cual son bendecidos los santos óleos y consagrado el santo crisma.

 

Durante su homilía, el pastor de la diócesis ha recordado que esta eucaristía «es preparación y adelanto de la realidad pascual de la Muerte y Resurrección que celebraremos estos días». «Esta Misa Crismal tiene también la connotación de la afirmación de todos los consagrados por y en Cristo Sacerdote. Aquellos a los que el Señor por pura misericordia y Verdad ha querido llamar para ser mediadores sacerdotales del pueblo de Dios». Ha destacado también la importante labor que ejercen los sacerdotes de la diócesis, pues «en vosotros, con vosotros y a través de vosotros hay miles de hermanos unidos al pueblo de Dios allí donde estéis realizando vuestra tarea pastoral. Y dentro de las diferentes y normales diferencias y matices, os veo como un clero en comunión y conexión».

 

Don Fidel no dejó pasar la realidad que atraviesa el clero, en la que cada vez los sacerdotes son más mayores y se incorporan pocos jóvenes, aunque señaló que «Dios siempre llama y seguirá llamando, lo importante es que le respondamos», e invitó a todos a pedir y orar por esta causa. «Hagamos lo posible pra contagiar la llamada, para ser mediadores de la llamada del Señor»

Fiesta de la fidelidad sacerdotal

La Misa Crismal es la expresión del presbiterio de la diócesis, la fiesta de la fidelidad sacerdotal; en la que los sacerdotes recuerdan su compromiso de servicio a los hombres en el marco de la Semana Santa y cercana la celebración de la Última Cena del Jueves Santo, día en que Jesús instituyó el sacerdocio. En esta solemne eucaristía, además de renovar las promesas sacerdotales, se bendicen los óleos que se utilizarán a lo largo del año en los sacramentos del bautismo y la unción de enfermos y se consagra el santo crisma, un aceite aromático símbolo de la pertenencia a Cristo, que se emplea en el bautismo, la confirmación, la ordenación sacerdotal y la consagración de basílicas e iglesias.