Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 30 de abril de 2017.

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El tiempo de Pascua es el tiempo de la Vida. Es tiempo de acoger la vida nueva que se nos da en Jesucristo Resucitado, para identificarnos cada vez más con Él, compartiendo sus actitudes y sus mismos sentimientos de amor al Padre y a la humanidad. Y es tiempo también de animar tantas semillas de vida que existen y germinan en nuestra sociedad, en nuestro mundo y a nuestro alrededor. En mi reciente Carta Pastoral os decía que: «nuestra defensa y cuidado de la vida ha de ir más allá, no puede limitarse al ámbito privado o a las relaciones interpersonales. La integridad de la vida, la aspiración a una vida buena desde el punto de vista ético y colectivo, debe incluir las estructuras sociales, políticas y económicas, para generar una cultura de la vida que encarne la novedad del Evangelio. Los cristianos nos hemos de hacer presentes en la sociedad de modo activo, como protagonistas, con la decisión y el coraje que en ocasiones nos falta».

 

Doy gracias a Dios porque, en los diferentes encuentros que me propicia la Visita Pastoral que comencé hace un año a todas las parroquias de la Diócesis, he ido descubriendo este esfuerzo por generar estructuras de vida, frente a las estructuras de pecado que nos rodean. He constatado la presencia de muchos cristianos y organizaciones que, desde las diferentes estructuras sociales, luchan y trabajan por la justicia. Y, ciertamente, os animo a avanzar en este camino de compromiso y caridad pastoral.

 

Este es precisamente el elemento aglutinador que ha hecho que, desde el año 2012, tanto a nivel nacional como diocesano, organizaciones tan queridas como Cáritas, Justicia y Paz, Confer, Manos Unidas y Redes para el Desarrollo Solidario, se hayan unido en un trabajo conjunto, bajo el sugerente título de «Enlázate por la justicia». En efecto, en medio de la desigualdad social manifiesta de nuestro mundo, que lejos de mejorar cada día se agrava, el lema de esta alianza es una invitación a unirnos todos, creyentes y no creyentes, en la construcción de un mundo más justo construido a la medida del ser humano, según el proyecto amoroso de Dios.

 

En este trabajo coordinado, dichas organizaciones eclesiales se han inspirado en la encíclica Laudato Si y han puesto en marcha una campaña centrada en el cuidado de la creación. Con esta iniciativa pretenden sensibilizar e implicar a la comunidad eclesial y a toda la sociedad en la defensa de un modelo distinto de desarrollo, justo, solidario y sostenible, así como en el cambio de nuestros hábitos de consumo y estilos de vida. Nos invitan a detenernos en la lectura de la encíclica y nos ofrecen como lema un aspecto que quizás es la novedad fundamental del documento: «Si cuidas el planeta, combates la pobreza».

 

Hoy existe, gracias a Dios, una sensibilidad social cada vez más fuerte por el cuidado del medio ambiente. «Al contemplar y disfrutar la belleza de tantos rincones de la geografía burgalesa, os decía también en la Carta Pastoral a la que antes me he referido, no puedo dejar de recordar la importancia del cuidado de la creación, de la defensa de la vida de nuestro planeta tierra, que fue concebido por Dios como un paraíso idílico, como un jardín frondoso, como un hogar compartido, como la casa común. Esta sensibilidad se va haciendo más consciente y más clara entre nosotros, pero debemos seguir cultivándola como gesto de veneración y de agradecimiento al Dios de la Vida y a la vez como gesto de responsabilidad y de justicia hacia las generaciones futuras y hacia los hermanos más vulnerables».

 

El papa Francisco nos convoca a «escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» y nos invita continuamente a enfrentarnos a este gran desafío que hoy tenemos ante nosotros como cristianos y como sociedad: el cuidado de la casa común, amenazado de tantas maneras. Es un desafío que, como él mismo nos dice, supone una auténtica conversión ecológica, una conversión interior.

 

En efecto, la experiencia del encuentro con Cristo Resucitado nos hace redescubrir que «vivir la vocación de protectores de la obra de Dios no consiste en algo opcional ni es en un aspecto secundario de la experiencia cristiana» (LS 217). Por ello en el marco de esta campaña, os invito a profundizar en esa llamada al auténtico cuidado del planeta que redundará en beneficio de todos, especialmente de los más pobres. «Si cuidas el planeta, combates la pobreza». ¿Que estamos haciendo para cuidar la creación? ¿Que estamos haciendo para cuidar de nuestros hermanos?