Miles de burgaleses participan en la procesión del Corpus Christi

Un año más, miles de fieles han abarrotado las calles de la ciudad para participar en la procesión del Corpus Christi, en un recorrido engalanado con altares, grandes pendones y estandartes y pétalos alfombrando el paso de la custodia. El arzobispo, Francisco Gil Hellín, ha invitado a los burgaleses a vivir su compromiso eucarístico buscando la reconciliación entre todos los españoles.

 

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Altares diseminados por distintos rincones, niños de primera comunión vestidos con impolutos trajes, olor a incienso y romero y miles de fieles alfombrando con pétalos de rosa las calles de la ciudad. Ese es el escenario por el que ha desfilado esta mañana la procesión del Corpus Christi en una calurosa mañana más propia del verano que de la primavera burgalesa. Una jornada en la que la Iglesia saca en procesión por las calles a Jesús eucaristía para recordar a los fieles “el misterio de amor que él nos dejó en este sacramento” y que ha de llevar a todos los cristianos a “vivir el compromiso de amar a Dios y a los hermanos”.

No enemigos, sino hermanos

Antes de partir la procesión, una abarrotada catedral ha acogido una solemne eucaristía presidida por el arzobispo, Francisco Gil Hellín, quien en su homilía ha exhortado a los burgaleses a vivir la reconciliación “entre los que estamos aquí y los que nos encontraremos luego en las plazas y calles; la reconciliación entre los que creemos en Jesucristo presente en la eucaristía y entre los que no comparten nuestra fe; la reconciliación entre todos los españoles, sean del signo político, social y cultural que sean”. Y es que al pastor de la diócesis, le “preocupa seriamente” la situación de confrontación por la que atraviesa el país al haber “desenterrado actitudes, gestos y comportamientos que parecían superados” y que ha desembocado en un “enfrentamiento verbal y fáctico entre nosotros”.

 

De ahí que Gil Hellín haya pedido a los burgaleses superar estas diferencias “desterrando odios, rencores, enfrentamientos verbales y calumnias”, “no viendo en los demás enemigos sino hermanos” y “trabajar juntos para remediar la situación” crítica por la que atraviesan “tantos hermanos nuestros”.

Incienso y golpe de campana

Tras la misa, la carroza de plata del maestro Suárez ha salido de la catedral portando la custodia con el Santísimo Sacramento. Los repiques de campanas y miles de pétalos de rosa caídos desde las torres de la seo anunciaban a la ciudad que comenzaba la procesión eucarística, que ha recorrido las principales calles del centro histórico, engalanadas con altares preparados por la asociación civil Pro Corpus en Laín Calvo, plaza Mayor, paseo del Espolón y arco de Santa María. Al llegar a la plaza Mayor, el Santísimo ha abandonado la carroza y ha ocupado el puesto de honor en el salón de plenos de la Casa Consistorial. Tras un breve rato de oración y desde el balcón del Ayuntamiento, el arzobispo ha impartido la bendición con el Santísimo a los cientos de fieles congregados en la plaza. Los actos han concluido con la bendición con el Santísimo a los pies de la catedral, tras la cual, el Santísimo ha pasado todo el día expuesto en la capilla del Santo Cristo de Burgos.

 

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