Jubileo de la misericordia: «Un año gozoso de esfuerzo»

Con la apertura de la Puerta Santa de la catedral comienza en Burgos el Jubileo de la Misericordia, un año que debe servir –como ha pedido a los cristianos de Burgos el arzobispo– para «ponernos a tono» tanto individual, como eclesial y socialmente.

 

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«Abridme las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor». Con estas palabras del salmo, el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez Vegas, ha abierto la Puerta Santa del Perdón de la catedral de Burgos, entrando por ella con el evangeliario en las manos y encabezando una procesión que ha llenado de fieles y sacerdotes el primer templo de la diócesis. Con este acto, y por deseo del papa Francisco, la Iglesia burgalesa se une al Jubileo de la Misericordia que se celebrará en todo el mundo hasta el próximo 20 de noviembre de 2016 y cuyo objetivo es, en palabras del arzobispo, «ponernos a punto para acoger lo que Dios quiere de nosotros y animarnos a cumplirlo unos a otros».

 

Numerosas personas se han acercado para vivir esta solemne celebración que ha comenzado a las 17:00 horas en la iglesia del monasterio de las Madres Salesas, uno de los templos de la provincia escogido como jubilar a lo largo de todo este año. Tras la lectura del evangelio, una procesión ha recorrido las calles del centro de la ciudad hasta llegar a la seo, donde tras la apertura de la Puerta Santa ha tenido lugar la celebración de la eucaristía, que ha comenzado con el rito de la aspersión del agua bendita como acto penitencial y recuerdo del bautismo.

«Ponernos a tono»

En su homilía, el pastor de la diócesis ha asegurado que éste debe ser «un año de gozoso esfuerzo», de «ponernos a tono y descubrir qué debemos hacer para llevar adelante lo que Dios quiere de nosotros». En este sentido, ha animado a los presentes a «no vivir el jubileo impunemente» y «cambiar a lo largo de este año en nuestra vida lo que sea más llamativo y urgente para ser mejores hijos de Dios y hermanos unos de otros».

 

Para ello, el arzobispo ha exhortado a los cristianos burgaleses a «vivir con coherencia lo que Dios quiere» desde una triple dimensión personal, eclesial y como miembros de la sociedad civil. Para ello es necesario que cada uno descubra «dónde le aprieta el zapato» y mejorar «aunque sea una sola cosa, pero llamativa». También, ha recalcado, es necesaria una conversión eclesial, «esforzarnos para que no haya realidades negativas en nuestra Iglesia diocesana y manifestemos al mundo la presencia de Cristo entre nosotros». Ambos aspectos –el personal y el eclesial– quedarían vacíos, ha dicho, si no se refleja en la vida social. De ahí que durante este año haya pedido una verdadera conversión para ser en medio del mundo una Iglesia que evangeliza: «No se trata de ser buenecitos, sino de ser Iglesia que sigue anunciando que Dios nos ama, quiere que seamos felices y nos ayudemos unos a otros», ha asegurado.

 

Con el acto de hoy se inaugura en la diócesis un año jubilar que llenará los meses del calendario de actividades que empujen a los fieles burgaleses a vivir y poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales. Obras que se han palpado ya en la colecta de la misa, cuyo dinero recaudado servirá para paliar las necesidades energéticas de los usuarios de Cáritas, ayudándoles así a pagar los recibos de luz, agua o gas.

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