Cuaresma: «El tiempo de vivir el gozo de la salvación»

El arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, presidía en la tarde de ayer en la catedral, la eucaristía de imposición de la ceniza, con la que se inaugura el tiempo litúrgico de la Cuaresma. En su homilía, el prelado insistió en la necesidad de conversión continua de todos los creyentes.

 

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[Fotografías: Rodrigo Camero y Mario Rey]

 

«La Cuaresma no es un tiempo triste», dijo ayer el arzobispo en la homilía de imposición de la ceniza al comienzo de la Cuaresma. «Parece que llega este tiempo y nos ponemos la careta de la tristeza», pero «la Cuaresma es un tiempo de vivir el gozo de la salvación porque nos acercamos hacia el misterio pascual, donde se actualiza de verdad la muerte y resurrección de Cristo con la que se nos perdonan los pecados».

 

El silencio, los cantos penitenciales, el color litúrgico morado, la sobriedad en los gestos y la ceniza sobre las cabezas indicaban a todos los presentes que la Cuaresma había comenzado y que el camino hacia la Pascua es una realidad. En la capilla de Santa Tecla de la catedral, don Fidel Herráez invitaba a los que hasta allí se acercaron a vivir este tiempo de Cuaresma en una actitud de gozo y de «conversión continua», siendo conscientes de que este es el «tiempo favorable en nuestras vidas» para que «nos convirtamos en lo más profundo de nuestro ser, no solo en el exterior». Y es que si algo remarca la Cuaresma de los otros tiempos litúrgicos es el esfuerzo de conversión permanente que debe vivir el creyente: «No podemos poner límites a nuestra conversión porque el horizonte al que nos dirigimos no tiene límite»; de ahí que «nuestra conversión debe ser continua».

 

Para el pastor de la diócesis, esa conversión tiene, además, otras características: ha de ser personal y también comunitaria: «Se trata de adentrarnos en el proyecto de Dios que es el mejor para cada uno de nosotros, de ahí que la conversión sea personal, porque ninguno está convertido del todo», pero también ha de ser «comunitaria, porque Dios no nos ha querido aislados». Así, aseguró el arzobispo, «nuestra conversión ayudará también a la conversión de la sociedad; ayudaremos a que la sociedad sea mejor».

Vigilia penitencial

La eucaristía fue el punto y final de una vigilia penitencial que comenzaba a las 18:30 horas y en la que participaron de forma especial miembros de movimientos y asociaciones laicales de la ciudad, así como numerosos fieles. La celebración –coordinada por la comisión diocesana para el Año de la Misericordia– consistió en una sencilla celebración comunitaria de la penitencia que ha contado con escucha de la Palabra de Dios, breve reflexión homilética y confesión individual. El mismo pastor de la diócesis se sentó a confesar a los fieles que quisieron acercarse a recibir el perdón divino.

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