«Mi madre sigue viviendo la vida que Dios, su Creador, le ha regalado»

Numerosas personas se han desplazado esta tarde hasta la catedral para acompañar al arzobispo en la eucaristía funeral que ha celebrado por su madre, Amparo. Don Fidel ha agradecido a Dios por la vida de su madre, convencido de que «ahora vive en Dios».

 

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«Hace casi diez meses, cuando Dios me regaló el venir Burgos con vosotros, mi madre no pudo estar en esta bellísima catedral, debido a su mal estado de salud. En esta tarde está presente aquí entre nosotros de una manera especial, distinta a la material, ya que desde la fe que Dios nos ha regalado podemos en verdad afirmar que vive en Dios». Han sido las palabras con las que el arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, ha comenzado la homilía en la misa funeral por su madre, Amparo, fallecida el domingo pasado en Arévalo.

 

Hasta la catedral se han desplazado numerosos sacerdotes y fieles, así como representantes civiles, que han querido acompañar al pastor de la diócesis en estos momentos de dolor. Entre ellos, el subdelegado del Gobierno en Burgos, José María Arribas, el presidente de la Diputación provincial, César Rico, el senador Jaime Mateu o la alcaldesa de Aranda, Raquel González. A todos los presentes el arzobispo ha agradecido su presencia «de corazón» y ha saludado a cada uno personalmente al finalizar la celebración, «impresionado» por su cercanía.

Acción de gracias por la vida de Amparo

Visiblemente emocionado, el arzobispo ha querido «agradecer a Dios» por la vida de su madre, que «ha sido la mediación necesaria para que mi hermano y yo fuéramos creados por Dios». Don Fidel, ha calificado a su madre como una «mujer recia, castellana» que «ha recorrido los caminos que tenía delante con fe y fortaleza», si bien ha tenido que cuidar de la familia desde que enviudara hace 62 años tras doce años casada y en los últimos meses su salud se debilitara hasta apagarse el pasado domingo.

 

A pesar de su muerte, ahora, «mi madre sigue viviendo en la vida que Dios, su Creador, le ha regalado». Y así, «no nos desanimamos aunque nuestro ser exterior se vaya deshaciendo, porque sabemos por la fe que lo que no se ve es eterno». «Y cuánto más una madre –ha dicho– que seguro merecen un premio especial de parte de Dios».

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