Iglesia diocesana: somos una gran familia contigo

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 13 de noviembre de 2016.

 

El día de la Iglesia diocesana se ha convertido en un acontecimiento tradicional, pasando a formar parte del calendario litúrgico y pastoral. Este año me gustaría que fuera una celebración entrañable como corresponde a una  fiesta familiar, a la luz del hermoso lema de esta jornada: Somos una gran familia CONTIGO. Así lo hemos experimentado en la jornada pastoral con la que clausuramos el Año de la Misericordia. En un encuentro familiar cada miembro es importante, más aún, insustituible: sin su rostro, su nombre, sus proyectos, sus ilusiones y sus problemas, la convivencia sentiría una carencia, una nostalgia.

 

Nosotros, en cuanto bautizados, somos una familia, miembros de la familia de Dios, como dice la carta a los Efesios. Esa es nuestra dignidad y la raíz de nuestra espiritualidad: somos hijos amados del Padre; somos hermanos de Jesús (el primogénito de toda la creación y el primero en resucitar de entre los muertos); el Espíritu nos otorga el don de la adopción filial y nos permite invocar a Dios como abba, papá querido. En esta familia las relaciones deben ser cercanas, concretas, personales, inmediatas. Debemos conseguir que sea así nuestra experiencia de Iglesia.

 

Desde esta experiencia espiritual podemos entender lo que es una diócesis, nuestra diócesis, como Iglesia local. El Vaticano II lo dijo con claridad. Me gustaría recordar un doble aspecto: en primer lugar, la diócesis es una porción del Pueblo de Dios en la que está presente y actúa la Iglesia de Jesucristo porque se anuncia la Palabra y se celebra la Eucaristía; en segundo lugar, la Iglesia diocesana se manifiesta de modo especial en la Eucaristía presidida por el obispo y su presbiterio en medio del pueblo cristiano. Así, en nuestra Iglesia diocesana concreta podemos decir y experimentar que  somos Iglesia en sentido pleno y auténtico. Somos esa porción del Pueblo de Dios, que peregrina en Burgos, no de modo aislado o individual, sino como familia, unidos entre nosotros, como bien dice el lema: «CONTIGO».

 

Esta experiencia espiritual y esta realidad teológica tiene una evidente dimensión pastoral, práctica y concreta. Debemos vivir como familia, familia del Dios Trinidad, que se proyecta en medio de nuestra sociedad burgalesa, aportando nuestro testimonio específico a la convivencia y al bien común, abiertos al diálogo con quienes no piensan como nosotros, solidarios y comprometidos con los más frágiles de nuestro entorno y con los más olvidados de nuestro mundo. El Papa Francisco recordó en Evangelii Gaudium que la Iglesia particular es el primer campo de la evangelización.

 

Deseo que la celebración de esta fiesta familiar de nuestra Iglesia , así como las ocasiones de las diversas convocatorias y encuentros diocesanos que se nos vayan ofreciendo, nos ayuden a encontrarnos en un proyecto pastoral común y compartido por todos cuantos van caminando, como discípulos misioneros de Jesús, en esta misma Iglesia diocesana. Yo cuento con la Visita Pastoral, que me permite dirigirme a muchos de vosotros e modo cordial y directo, escuchando vuestra voz, inquietudes y aspiraciones. Y el gozo de mi ministerio episcopal encuentra aquí su fuente y su aliento. Pido a Dios que nos ayude a compartir la fe y a vivirla como una gran familia en nuestra Iglesia diocesana.

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