Se cumplen 100 años de la coronación canónica de la Virgen de las Viñas

El arzobispo presidió el pasado domingo una solemne eucaristía que rememoraba el solemne acto con el que fue coronada la imagen de la Virgen en 1917.
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Tras la propuesta realizada por Josefina Arias de Miranda (Camarera de la Virgen) y Alfonso Rozas (párroco de Santa María) al Ilustre Ayuntamiento de la Villa y a las autoridades eclesiásticas, numerosos arandinos entregaron oro y joyas para la realización de una corona para la Virgen de las Viñas. Con ilusión y esfuerzo lograron algo no muy común hasta la fecha: la coronación canónica de la patrona de Aranda de Duero. El entonces obispo de Segovia Remigio Gandásegui, presidió el 9 de septiembre de 1917 la solemne eucaristía de la coronación, a la que siguió una procesión con la imagen de la Virgen por la explanada del santuario.

 

El pasado domingo, los arandinos quisieron revivir aquel histórico acontecimiento, repitiendo los gestos que se llevaron a cabo hace ahora un siglo. El arzobispo de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, presidió una solemne eucaristía a la que siguió una procesión con la imagen de la Virgen portada a hombros de forma extraordinaria, al contrario de como se hace en el día de su fiesta, sobre una carroza, por miembros de las asociaciones Arcos del Duero, bomberos y Protección Civil de la localidad y los propios cofrades de la Virgen de las Viñas.

 

Historia de devoción

 

Según la tradición, en el siglo XII se encontró en el monte Costaján una imagen de la Virgen procedente del monasterio de Santa María de Lara, que había sido escondida para protegerla de las incursiones árabes. La leyenda asegura que la Virgen se apareció a un labrador para decirle dónde habían escondido dicha imagen y señalarle dónde quería que se construyese la ermita. Ante la prueba de los racimos de uvas maduras que mostró el labrador a las autoridades, fue exhumada la imagen y se le comenzó a dar culto en una pequeña ermita levantada, se cree, en el lugar de la aparición. Se desconoce a ciencia cierta si el nombre de Virgen de las Viñas ya lo tenía la imagen cuando se la veneraba en el monasterio de la Peña de Lara, según mantienen algunos historiadores, o se la rebautizó popularmente por haberse aparecido en una viña.

 

Posiblemente la imagen original (que debía de ser de los siglos VII u VIII), se deterioró con el paso del tiempo y, por este motivo, se realizó una nueva que recordaba a la anterior, aunque siguiendo la estética del momento. La que se venera en la actualidad es una talla aproximadamente del siglo XIV, tallada en madera y policromada. A sus pies se sitúa la figura de un niño, conocida como «El Mediquín», que rememora uno de los milagros de la Virgen: cuenta la tradición que en época de la peste que asoló la ciudad, Nuestra Señora de las Viñas hizo aparecer a un médico que curó a los enfermos.

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