Monseñor Dominique Banlene: «Trabajamos para asegurar lo que los misioneros nos han dejado»

Dominique Banlene Gugbile ha visitado estos días la diócesis de Burgos para agradecer a los misioneros burgaleses su cooperación en Dapaong, región de Togo donde él es obispo.

 

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Monseñor Dominique Banlene Gugbile, junto con los misioneros burgaleses José Antonio Arroyo (izq.) y Ramón Delgado (dcha.).

 

Monseñor Dominique Banlene Guigbile, obispo de la diócesis de Dapaong, en Togo, ha visitado estos días la diócesis de Burgos para agradecer la labor de los misioneros José Antonio Arroyo y Ramón Delgado en su país, y agradecer al arzobispo don Fidel Herráez la colaboración misionera.

 

Don Dominique cuenta que se bautizó con diez años, algo poco usual porque los niños en su país suelen bautizarse antes de los cuatro años. «El motivo es que mi padre se convirtió y tras realizar la catequesis y bautizarse, se decidió bautizar a toda la familia». Tras el bautismo, empezó a ir a la escuela, donde vino un misionero con el objetivo de impartir catequesis a los chicos de trece años que no estaban bautizados. «Como estos chicos eran mis amigos, se metí también en la catequesis». Ya con 21 años decidió que quería ser sacerdote, y es entonces cuando a través de su párroco conoce a un hermano de La Salle que le permitirá formarse en el colegio de esta institución que hay en Togo. Se ordenó el 30 de diciembre de 1992 y se marchó a Estrasburgo donde realizó los estudios de antropología, para después volver a la diócesis de Dapaong.

 

Convivencia entre religiones

 

La diócesis de Dapaong es muy joven, teniendo en cuenta que el 80% de la población en África tiene menos de 25 años, y los católicos concentran la mayoría de estos jóvenes, ya que la religión tradicional, «que es la más numerosa», la practican sobre todo los más mayores, que ya no van a convertirse. Esta religión tradicional es de práctica familiar y culto a los antepasados, y contrariamente a lo que se piensa es monoteísta. Los antepasados son considerados intermediarios ante el ser supremo. «Son los jóvenes los que van a la iglesia. En la diócesis hay unos 860.000 habitantes, de los cuales 102.300 son católicos. Religión tradicional es practicada por el 53% de la población, mientras que hay un 33% de cristianos y el 14% son musulmanes», resume monseñor Dominique. La juventud presenta uno de los principales desafíos que su diócesis debe abordar: «Viendo la cantidad de jóvenes y niños que llenan los templos, hay que invertir en ellos porque son el futuro de la Iglesia, pero en esa formación falta estructuración y referencias». Es tan importante la juventud y su formación que este año pastoral en Dapaong se centra precisamente en los jóvenes, bajo el lema «La Iglesia a la escucha de los jóvenes, los jóvenes al servicio de la Iglesia». Don Dominique explica que «se trabaja para saber qué quieren los jóvenes e invitarles a tomar responsabilidades dentro de la Iglesia, a servir en lo que ésta necesita. Se preparan diversas acciones dirigidas a los jóvenes en la diócesis y que hemos preparado entre todos los obreros del Evangelio: sacerdotes, religiosos, catequistas, etc.».

 

Otra de las peculiaridades que presenta Dapaong es la convivencia  que se da entre las religiones antes mencionadas, «por lo tanto, el diálogo interreligioso es una de nuestras prioridades», expresa don Dominique. «Para la diócesis es una gran alegría la armonía que hay entre las tres religiones y cómo interactúan en diversas actividades. Este diálogo no sólo es necesario, sino también obligatorio, ya que ninguna familia es enteramente cristiana: dentro de una misma familia se pueden encontrar con facilidad miembros de las tres religiones, que se juntan para comer y para realizar cualquier otra actividad de la vida cotidiana. Así, este diálogo no solo se hace a nivel jerárquico, sino en la vida diaria».

 

Asentar la labor misionera

 

Especialmente orgulloso se muestra con la confraternización que hay entre los musulmanes y los cristianos. «La relación es muy buena. Hay respeto mutuo y convivencia pacífica y colaborativa. Como ejemplo, la carta de felicitación que los musulmanes envían a los cristianos cuando se celebra la Navidad. Y a la inversa, el obispo escribe y envía una felicitación a  los musulmanes cuando estos celebran sus fiestas más importantes, el Tabasqui y el Ramadán». Además, monseñor Dominique recibió la felicitación y los rezos por parte del responsable de los musulmanes y de su comunidad musulmana cuando fue ordenado obispo, y no dudaron en ofrecer un novillo y cinco sacos de arroz para celebrar la buena noticia.

 

Estos no son los únicos retos que debe abordar como obispo, ya que también se ha de asegurar el relevo de la Iglesia misionera. «La cuestión es cómo pasar de la Iglesia misionera a la Iglesia local y que este paso sea firme y quede bien asentado, ya que estamos hablando de una una Iglesia muy joven, de poco más de 50 años desde que es diócesis. Fue fundada por misioneros y ha dado muchos frutos en todo este tiempo. Hay bastantes sacerdotes y religiosos y religiosas nativos, catequistas y laicos comprometidos…no hay problema en cuanto al personal y la cantidad de fieles. Pero sí que existe el reto de abordar la formación de las personas, que es algo que necesita su tiempo. En el aire están otras cuestiones en cuanto a lo que los misioneros han aportado y que no sabemos si seremos capaces de asegurar, y es que la evangelización y el desarrollo han ido siempre unidos. Las personas de las localidades esperan que los misioneros sigan trabajando en los mismo que hacían cuando llegaron: construir un pozo o una escuela y además evangelizar. Pero una vez se da el paso a la Iglesia local, ya no se puede actuar exactamente igual, y por eso estamos trabajando en cómo asegurar lo que los misioneros nos han dejado y como desarrollarlo para hacerlo nuestro». Y es que los misioneros del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) que estaban en Togo han ido dejando el país hasta que recientemente se han marchado los dos últimos, por eso se habla de pasar de una iglesia misionera a una iglesia local. y cómo continuar con la labor de la Iglesia una vez que  estos se han marchado.

 

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