«Es como si me hubieran hecho el regalo más grande del mundo y nadie lo pudiera ver»

Hoy, fiesta de la Conversión de San Pablo, traemos el testimonio de Miriam, una joven que en 2015 no sabía rezar el padrenuestro. Hoy tiene la certeza de que Dios actúa en su vida cada día.

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Miriam tiene 24 años y se bautizó en la parroquia de La Anunciación hace solo dos, apadrinada por los padres de su novio, en una ceremonia en la que también recibió su primera comunión. A ellos debe el despertar de su fe, hasta el punto de que asegura: «Miguel me regaló al Señor y el Señor me regaló a Miguel». Y es que para esta joven estudiante del Grado de Maestro en Educación Primaria, hija única de «una pareja sin fe», su único contacto con la religión cuando era niña era su abuela, a quien acompañaba a misa y a algunas celebraciones. Pero tras su muerte, cuando Miriam tenía 6 años, desapareció todo vínculo con la Iglesia.

 

«En mi colegio, Vadillos, era la única que iba a clase de Ética, pero tampoco me sentía un bicho raro», recuerda. «Luego llegué a La Salle y allí sí iba a Religión, acompañaba a misa a una amiga cuando eran las fiestas, o el miércoles de ceniza, porque me llamaba mucho la atención…». A pesar de ello, cuando abandonó el colegio, nuevamente se rompió toda relación con el hecho religioso. Miriam era una adolescente muy crítica, que se cuestionaba todo, y que, como tantos otros, buscaba a todo una explicación racional… Hasta que apareció en su vida Miguel, su novio, cuando ella tenía 17 años. «Su familia era muy creyente, del Hogar de Santa María, tenía un hermano en la Milicia, y él había sido voluntario en la JMJ… Me quedé impactada porque no conocía gente que viviese la fe tan intensamente».

 

Tras un curso de monitor de tiempo libre, conoció el grupo Parteluz y asistió a una Pascua donde le sorprendió el trato de sus compañeros, el ambiente que se respiraba… «Ahí empecé a cuestionarme muchas cosas. Pero vivimos en una sociedad en la que la Iglesia no está de moda y aunque tenía muchas ganas, por otra parte decía que esto era un cuento», confiesa. Nuevamente se alejó, pero dos años más tarde, una compañera de estudios del Camino Neocatecumenal le contó durante un recreo algo que la emocionó. «El Señor salió a mi encuentro. Yo no fui a buscarle. Y me buscó tantas veces que ya dije: venga, a ver qué es esto. Me dije: este año tengo que decir sí o no. Y el 1 de enero de 2015 me fui a misa sola. No sabía ni el Padrenuestro, así que me quedé medio escondida detrás de una columna». Un mes más tarde, Miriam participó en un curso Alpha organizado por Parteluz y posteriormente fue haciendo nuevos descubrimientos, acompañada por un jesuita que le iba recomendando lecturas (la que más le impactó, Youcat, el catecismo joven). «Me encanta leer, sobre todo la Palabra, y en este tiempo leí mucho, aunque algunos libros no los entendía bien. Poco a poco vas destruyendo prejuicios. Es lo más importante, no dejarse llevar por los prejuicios», asegura.

 

«Aunque no compartía ni la moral ni las ideas católicas, algo me atraía. Sentía en mi corazón que algo estaba pasando, aunque no lo entendiese. Y aún hoy hay cosas que no entiendo, pero el Señor me ha dicho: no te preocupes, yo te las iré explicando. La primera vez que sentí la presencia y tuve la certeza de que era verdad lo que estaba sintiendo fue en una Exposición del Santísimo. La razón intenta convencerte de que no es cierto lo que estás viviendo, pero yo sabía que Jesús estaba dentro de mí. Es como cuando eres pequeña y crees en los Reyes Magos y te traen lo que más deseas, solo que aquí nadie te va a decir al final que los Reyes son los padres, porque Jesús sí existe».

 

En medio de su entusiasmo, en algún momento Miriam deja entrever un atisbo de tristeza: «Es como si me hubieran hecho el regalo más grande del mundo y nadie lo pudiera ver, ni la familia, ni los amigos. Ellos te ven feliz pero no entienden por qué». Incluso reconoce sentirse apenada por que su novio, que fue quien la ayudó a desterrar todos sus prejuicios y acercarse a la fe, «no puede sentir lo mismo» que ella. «Es algo que me duele, pero rezo cada día para que proteja nuestro noviazgo».

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