«Todas las personas deben vivir dignamente, se tenga trabajo o no»

Pastoral Obrera ha celebrado hoy su XXVI encuentro diocesano, donde ha analizado la realidad del mundo laboral y su quehacer en la Iglesia y la sociedad para asegurar una vida digna para todos.
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La parroquia de Nuestra Señora la Real y Antigua ha congregado hoy a decenas de militantes y representantes de movimientos y grupos parroquiales que trabajan en la evangelización del mundo laboral en el XXVI Encuentro Diocesano de Pastoral de Obrera, con el lema «Ante el futuro del trabajo, quehacer de la Pastoral Obrera». Un eslógan que, según ha destacado el arzobispo, don Fidel Hérraez Vegas, apunta al futuro e invita a la acción, «a que esa esperanza sea una esperanza activa».

 

El encuentro se ha estructurado en tres bloques, siguiendo la metodología «ver, juzgar, actuar», y han sido los secretarios provinciales de CC.OO., Ángel Citores, y de UGT, Pablo Dionisio Fraile, y Maricruz Lozano, trabajadora Social del Sacyl y militante de CGT, quienes han presentado la realidad presente y esbozado el futuro del mundo del trabajo asalariado y no asalariado.

 

Citores, quien ha dibujado un panorama en el que, a consecuencia de la globalización, «se han desregulado muchas cosas que teníamos reguladas» ha asegurado que «nos han instaurado en la crisis para que nos quedemos en ella». El secretario ha incidido en los «efectos perversos» de la última reforma laboral, «que reventó todo el ordenamiento y se cargó la negociación colectiva», y en el impacto de las nuevas formas de contratación que se están imponiendo en el mercado, en concreto a través de las bolsas de trabajo, empresas multiservicios o ETT. En definitiva, nuevas fórmulas que han llevado a un aumento del desempleo, la rotación, la inestabilidad y la precariedad.

 

En cuanto al futuro, el secretario de UGT, Pablo Dionisio Fraile, ha vaticinado que vamos a ver una realidad absolutamente dramática, donde destaca la desigualdad salarial entre mujeres y hombres, y donde el mercado estará dominado por la externalización de tareas, a través de sociedades laborales, falsos autónomos, empresas multiservicios («el mayor peligro para la clase trabajadora de este país»), que han vivido un auge desmesurado después de la crisis. Fraile ha señalado que «es indispensable la derogación de las dos últimas reformas laborales» y ha subrayado la necesidad de intensificar la vigilancia a esa nueva modalidad de empresas a través de inspecciones de trabajo, la obligatoriedad del cumplimiento de los convenios colectivos y volver a la senda de la contratación de calidad en el marco de la responsabilidad social corporativa.

 

Por su parte, Maricruz Lozano ha presentado la realidad del trabajo no asalariado, refiriéndose concretamente a los cuidados, una tarea que básicamente realizan mujeres, y que va a suponer en el futuro una revolución personal y social: «El futuro va a estar en el trabajo no asalariado». Lozano, que ha cuestionado la Ley de Conciliación Familiar y la de Dependencia, ha planteado la necesidad de una redistribución de los tiempos y espacios de hombres y mujeres, una reflexión sobre los bienes y servicios que consumimos, la importancia de mantener una actitud crítica sobre qué cuestiones dejamos que regulen los mercados y cuáles no (los afectos, los sentimientos) y, en resumen, plantearnos qué tipo de vida queremos vivir.

 

Juzgar desde la Palabra y la DSI

 

El vicario de Pastoral, José Luis Lastra, ha sido el encargado de dinamizar el segundo bloque, «juzgar», y lo ha hecho desde la lectura de la Palabra (la parábola de la viña), la Doctrina Social de la Iglesia (la encíclica Laudato si y la homilía pronunciada hace solo unos días por el Papa en Iquique (Chile). Lastra, militante de la HOAC, ha puesto sobre la mesa la realidad de que hoy nuestras sociedades avanzadas no tienen capacidad para generar trabajo para todos, ha incidido en la importancia de que todas las personas trabajen, porque el trabajo dignifica (aunque no se trabajen todas las horas del día y no sea un trabajo pleno), en que los salarios sean dignos (la remuneración del trabajo tiene que estar en función de la persona y su familia) y en que «todos tengamos lo suficiente para vivir dignamente, se tenga trabajo o no». Finalmente ha apuntado que «si no pensamos en la persona, al final nos irá mal la economía».

 

Para cerrar el encuentro, los participantes han planteado propuestas para dar respuesta a los retos y desafíos que se le presentan a la pastoral obrera. A nivel interno, se han marcado tres líneas de acción: «coordinarnos mejor, conocernos y reforzarnos los distintos grupos y movimientos que formamos la pastoral obrera; ampliar miradas y campos donde trabajar la pastoral obrera, por ejemplo hacia los jubilados o los discapacitados y, por último, crear entre nosotros un estilo de vida militante, que sea alternativo y coherente con lo que decimos».

 

Con respecto a la Iglesia diocesana, se han planteado cuatro propuestas: promover una especie de ITV laboral a las instituciones de la Iglesia que tienen personal contratado para conocer la situación de los trabajadores, cómo es, qué se podría mejorar…; la segunda, acercar la Doctrina Social de la Iglesia en todos los niveles, tanto en los cursos de la Facultad de Teología como en las parroquias, o a través de hojas sencillas. En tercer lugar, «difundir en los medios de comunicación social propios la escucha a la realidad del trabajo y los elementos que creemos que tienen que cambiar» y, finalmente, visibilizar propuestas de vida alternativas como Iglesia, en nuestra forma de pensar, de actuar o de consumir.

 

De cara a la sociedad, se ha planteado un análisis continuo de la realidad laboral actual por lo cambiante que es, realizar un plan de acción en los ambientes, implicarse en la realidad y propiciar espacios para aquellas personas que necesitan ser acompañadas o escuchadas y, por último, fomentar el diálogo y escucha con las organizaciones sindicales y políticas.

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