La música, enganche para las futuras generaciones cofrades

Hace ocho años que la cofradía de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores de la parroquia de San Gil puso en marcha su «banda infantil» como enganche para nuevos cofrades.
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Los niños de la banda, tras un desfile en Oña.

 

La cofradía de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores, de la parroquia de San Gil, cuenta, como muchas otras, con una banda de música que sale en las procesiones del Jueves y Viernes Santo. Pero esta banda cuenta con una peculiaridad, y es que tiene una «sección infantil». La banda «de los mayores» cumple ya 25 años, y en ella toca Eduardo Sáez, quien ejerce además como director de esta Banda Infantil. Dicha banda surgió cuando él, junto con Luis Manuel Isasi –también integrante de la banda de la cofradía– decidieron hacer una «especie de cantera», «aunque al final realmente no funciona así porque cuando los niños van creciendo no suelen pasar de la banda infantil a la de los más mayores, ya que con 12 o 13 años prefieren meterse en otras actividades, deportes o ir con los amigos y pierden esa vinculación», explica Eduardo. 

 

La Banda Infantil cuenta con unos 30 niños, cifra que se ha mantenido más o menos a lo largo de los ocho años de historia de esta agrupación. Los niños que la forman tienen entre 4 y 12 años y en ella participan hijos de cofrades, niños de catequesis, hijos de amigos de los padres, compañeros de colegio de los niños de la parroquia, etc. Teniendo en cuenta que la edad de muchos de los niños es bastante corta, es fácil imaginarse que no es sencillo organizarlos cuando toca desfilar o asistir a un concierto. «Ponemos a los niños juntos y dos chicas de la banda de mayores tratan de que hagan caso a las órdenes que emito. Con 4 años es evidente que mucho no pueden hacer, pero escuchando a la banda de mayores y fijándose en lo que ellos hacen, al final tratan de hacerlo bien». 

 

Todos tocan el tambor. Y también asisten a ensayos, que comienzan a partir de octubre. «Tenemos un ensayo semanal los domingos por la mañana después de la catequesis en los salones de la parroquia de la calle Fernán González. Allí ensayamos las “marchas”, que o bien me las invento o bien entre todos nos ponemos de acuerdo para sacar adelante alguna partitura», cuenta Eduardo. No niega que también es duro, «porque hay que estar encima de ellos para que se lo tomen en serio y alguna vez me toca regañar un poco, pero lo cierto es que al final suenan todos a la vez y va haciendo cada uno su parte».

 

Las hermanas Carmen e Irene Isasi Calvo, de 10 y 8 años, son muy jóvenes, pero unas veteranas en la cofradía, ya que forman parte de ella desde que tenían tres años y una semana de vida, respectivamente. «Para nosotras estar en la banda era muy importante porque nuestro padre y nuestro abuelo eran de la cofradía y éramos las únicas que faltábamos por participar, así que nos apuntamos, y nos gusta», cuenta Carmen, quien añade que «era divertido ver a los demás niños tocar los tambores y las cornetas». Su hermana Irene señala que además les animó el hecho de que «había muchos niños, muchos amigos». Cuando llega el momento de salir en la procesión, ambas pasan «nervios e ilusión», y Carmen explica que, al ser de las más mayores de la banda, tiene que ayudar a los niños más pequeños. Les gusta tanto formar parte de la cofradía que tienen intención de continuar en ella cuando sean mayores. De momento tocan el tambor, «que es el instrumento que tocamos los pequeños, pero en la banda de mayores tocan la corneta, la trompeta…», y las dos coinciden en que cuando formen parte de esa banda, el instrumento que más les gusta es la corneta, porque «es el instrumento que toca nuestro padre».

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