Francisco Porcar: «La precariedad del empleo atenta contra la dignidad humana»

El trabajo precario y los caminos para actuar contra este fueron los temas que centraron la ponencia organizada por la HOAC.
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El pasado viernes 21 de septiembre, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Burgos realizó una convocatoria en el Aula Magna de la Facultad de Teología para presentar la charla-coloquio titulada «La precariedad laboral a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia», a cargo del ponente Francisco Porcar Rebollar, militante de la HOAC, licenciado en Historia Contemporánea y experto en Doctrina Social de la Iglesia. Últimamente ha participado en las Jornadas de diálogo Iglesia y Sociedad organizadas por el arciprestazgo de Miranda y en la presentación del libro «La dignidad de la persona y el bien común» del que es editor y coautor.

 

El ponente comenzó su exposición explicando que la precariedad es el resultado de un cambio en el modelo social y económico de la sociedad actual. «En la dinámica laboral se han establecido dos máximas que ahondan esta crisis: la necesidad de abaratar los costes laborales para incrementar los beneficios empresariales y el mantener a los trabajadores en una permanente situación de inestabilidad, inseguridad y riesgo que los convierta en sumisos ante las imposiciones del sistema». Ante este panorama, «la Iglesia siempre ha criticado la precariedad del empleo porque atenta contra la dignidad humana», y a la hora de actuar, propuso cuatro caminos por los que transitar:

 

Cambiar el objetivo económico

 

«En primer lugar, recuperemos el sentido del trabajo humano, no solo el empleo como acceso a bienes, sino el trabajo con mayúsculas que es el signo de la colaboración humana con la creación de Dios. El trabajo como camino para amar, el trabajo como donación. En segundo lugar, valoremos el trabajo que no es empleo. El trabajo de cuidados, el voluntariado, el trabajo en el hogar… Mentalizarnos que la vida y dignidad de las personas no puede ni debe depender del empleo que tengan».

 

En este punto, el ponente animó a los presentes a realizar la siguiente reflexión. «No es propio que la Iglesia reivindique unas condiciones laborales justas y dignas para los trabajadores y trabajadoras de nuestra sociedad y no asuma con celo la tarea de ser ejemplo con sus propios trabajadores. Y esto manifestarlo a diferentes niveles: Asegurar condiciones dignas en los contratos de los trabajadores, poner especial cuidado y trasparencia en la financiación de la Iglesia, extremar el trato y las relaciones fraternas con los trabajadores de la Iglesia y animar a los empresarios cristianos para que sean modélicos en cuanto a la forma de administrar sus empresas y negocios». Y, por último, recordó que «debemos asumir que es necesario un cambio en el modelo social. Cambiar el objetivo económico. Pasar del crecimiento y la maximización de los beneficios a que todos tengan, al menos, lo suficiente para vivir con dignidad».

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