Cursillos de Cristiandad cumple sesenta años en Burgos

Coincidiendo con la fiesta de la Conversión de San Pablo, patrón del movimiento, uno de sus miembros más veteranos repasa la historia de Cursillos en la diócesis.

Cursillos

 

Nada menos que seis décadas han transcurrido desde que se impartió el primer cursillo de cristiandad en Burgos. «Sesenta años pintando Burgos de colores», reza el eslógan con el que mañana van a conmemorar esta efeméride en el Seminario de San José. Desde aquel primer cursillo, que se celebró en diciembre de 1958, hasta hoy, se han celebrado ya 237 y han vivido la experiencia 6.621 personas, la mayoría de ellas laicas, aunque en un principio eran muchos los sacerdotes que se animaban a vivirla, según recuerda uno de los más veteranos del movimiento en Burgos y miembro de la Escuela de Cursillos, Fernando Varas.

 

«En los primeros 15 de años pasaron por cursillos 500 sacerdotes, o sea, prácticamente todos los de la diócesis», comenta. Eran otros tiempos, en los que eran los mismos sacerdotes los que los pedían, advierte Varas. «Al principio se organizaban todos los meses, y había incluso lista de espera», asegura. Y lo ilustra con un caso que conoce bien. Él hizo su cursillo en febrero del marzo de 1971 y su esposa, Pilar Mérida, que lleva como presidenta del movimiento en Burgos alrededor de trece años, con un breve paréntesis, tuvo que esperar hasta mayo para que conseguir plaza. «No sé, sería la novedad sociológica. En ese tiempo, además, asistía gente de una cierta clase social, no era fácil, hacía falta hasta recomendación».

 

Hoy en cambio, en nuestra diócesis solo se organizan dos cursillos al año y en ocasiones incluso alguno tiene que suspenderse por falta de candidatos. En opinión de Varas, la explicación puede estar en que «hoy la gente no busca nada, está satisfecha, y si no busca, no te encuentra». También reconoce que quizá el mismo movimiento no está saliendo a buscar donde se debería, en las periferias, es decir, entre los alejados y los no creyentes. «Nos empeñamos en buscar entre la gente más próxima a la Iglesia, y pescar en pecera no tiene sentido. Ese es nuestro problema». Y añade que hoy al movimiento le falta visibilidad. «No se nos ve todo lo que se nos tiene que ver».

 

Pero… ¿qué es un cursillo de cristiandad?

 

Cuando se le pregunta qué es exactamente un cursillo de cristiandad, Varas anticipa que «es difícilisimo explicarlo, porque es una experiencia personal que te obliga a vivir de otra manera. No es cuestión de convencer a nadie con palabras, es una vivencia, un encuentro con uno mismo, con los demás y con Dios. En cursillos enseñamos lo nuclear, la esencia de la fe, lo fundamental del ser cristiano, y el mensaje es el mismo para todos, sean creyentes o no. Se trata de hacer ver cómo ese poquito de fe y conocimiento de la Iglesia puede ser capaz de ilusionar y transformar».

 

«No buscamos hacer proselitismo», aclara. «Somos un movimiento, no una asociación. Animamos a que después del cursillo, después de esta experiencia, que es muy vivencial, cada uno vaya a vivir su vocación, su fe, donde mejor le parezca».

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