El Círculo de Silencio reconoce a las organizaciones y personas que sí tratan de ayudar a los migrantes

En vísperas de las elecciones europeas, la delegación de Pastoral de Migraciones denuncia de nuevo la política de puertas cerradas mantenidas por los gobiernos de los países de la Unión.
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Como todos los segundos lunes de cada mes, alrededor de un centenar de personas se concentró en el Círculo de Silencio para defender la dignidad de todas las personas inmigrantes y en esta ocasión, reconocer la labor de las distintas personas que defienden, acogen y ayudan a estas personas, como el «Padre Pateras», que desde los años ochenta ha dedicado su tiempo y esfuerzo a ayudar a los subsaharianos que llegan en embarcaciones a las costas de Cádiz, el arzobispo de Tánger, que intenta abrir fronteras entre Europa y África, las personas que trabajan en la organización Open Arms, que protegen en el mar a aquellos que intentan llegar a Europa huyendo de conflictos bélicos, persecución o pobreza. o las patronas de Veracruz, en México, que desde 1994 dan alimentos y asistencia a migrantes en las vías del tren conocido como «La Bestia». Ellos son solo un ejemplo de los miles de personas y organizaciones que sí ayudan.

 

En el manifiesto que se proclamó ayer, la delegación de Pastoral de Migraciones, convocante del acto, recordó que durante los cuatro primeros meses de este año han llegado a España 6.623 migrantes en patera y 1.177 personas por vía terrestre. Durante ese periodo, además, dos barcos de ONGs dedicadas al rescate de personas en el Mediterráneo, entre ellos el buque Open Arms, han permanecido inmovilizados, dejando sin vigilancia la peligrosa ruta que separa Libia de las costas europeas. Finalmente se ha dejado salir al buque Open Arms, permitiéndole únicamente llevar ayuda humanitaria, pero no el auxilio a náufragos. Desde esa fecha 137 personas han muerto en la zona donde esos barcos suelen operar y, durante 2018, seis personas perdieron la vida cada día cruzando el Mediterráneo.

 

«El mes pasado», apuntaron, «pudimos escuchar al Papa Francisco el dolor que siente en su corazón cuando todos los días mueren personas intentando cruzar el Mediterráneo con la esperanza de conseguir una vida mejor y la injusticia de quienes les cerramos esas puertas. El Papa pidió compromiso a los gobiernos con los refugiados: pide que los recibamos, que los acompañemos, que los promocionemos y que los integremos. Al sostener en su mano las cuchillas de la valla metálica de Melilla, el Papa subrayó la falta de empatía que tenemos los españoles hacia los migrantes».

 

La comunidad europea se comprometió en 2015 a acoger en dos años a 160.000 personas. Sin embargo, solo cuatro países (Malta, Finlandia, Irlanda y Suecia) han cumplido con su compromiso, el resto no han llegado ni a la mitad, incumpliendo de esta forma los líderes europeos el artículo 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: «En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y disfrutar de él, en otros países». España se comprometió a acoger 19.449 refugiados, pero solo 2.800 llegaron. Desde el 64 Círculo del Silencio se pidió «que no haya ni muros ni alambradas, ni físicas ni psicológicas». Igualmente se instó a «que los gobiernos garanticen a todas las personas vivir con dignidad, respetadas y queridas, y su derecho a moverse con libertad, sin mafias o vallas». Además, manifestaron su disconformidad con el régimen de los CIEs (Centros de Internamiento de Extranjeros). «Son necesarios centros de acogida dignos. Rechazamos el incumplimiento por parte de la Unión Europea, y concretamente de España, sobre la acogida a los refugiados. Y manifestamos nuestra repulsa ante el abuso y la explotación que sufren los inmigrantes en los trabajos en los que son víctimas de precariedad».

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