«La Legión de María aporta humildad y solidaridad al compromiso cristiano»

Antonio Sánchez desarrolla su labor en la parroquia de Fátima y es miembro de la Legión de María. También pertenece al grupo parroquial de ARPU y a la Comisión de Pastoral de la Salud de Gamonal.

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Antonio Sánchez González nació en El Espinar, provincia de Segovia, en 1945, aunque reside en Burgos desde 1983. Tiene cuatro hijos y tres nietos. Desarrolla su actividad en la parroquia Nuestra Señora de Fátima de la capital desde 2005, donde participa en el grupo de Adoración Perpetua (ARPU), y también es miembro de la Legión de María desde hace 5 años y está integrado en la Comisión Pastoral de la Salud del Arciprestazgo de Gamonal. Cursó estudios de Magisterio y ejerció en Riofrío de Riaza (Segovia) y Barbate (Cádiz), entre otros. Posteriormente ingresó en el Ejército de Tierra en el Regimiento de Artillería, donde prestó sus servicios en Segovia y Burgos. También posee estudios de Derecho y es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid.

 

Aunque la vida le haya llevado por muchos lugares y profesiones, confiesa que su vocación siempre ha sido «tener una familia, en el sentido humano y espiritual, vivir en familia con armonía y ser feliz. Esa es mi verdadera vocación, aunque en el plano laboral, como maestro me sentí muy bien y totalmente realizado». Luego los avatares de la vida le condujeron al ámbito militar, pero nunca abandonó el aspecto pedagógico, ya que como voluntario daba clases a niños que no sabían leer ni escribir.

 

Su vida espiritual, en cambio, no ha dado tantas vueltas, asegura. «Siempre he tenido una fe latente y he asistido a las celebraciones religiosas, pero tuve un apagón de mi vida espiritual en 1970 que se mantuvo hasta 2005. Fue un periodo en el que no dejé de ir a misa pero no sentía nada, estaba vacío espiritualmente y con muy poco compromiso. Afortunadamente una persona se cruzó en mi camino y me invitó a unas catequesis que me dieron un impulso importante y mi fe resurgió de las cenizas hasta ahora».

 

Su entrada en la Legión de María fue sencilla, explica, porque siempre tuvo una gran devoción a la Virgen. «Un legionario de la parroquia de Fátima me ofreció la posibilidad de unirme a las reuniones del grupo y acepté porque era un momento de mi vida espiritual en el que lo necesitaba. Lo mejor es lo bien que me sentía después de los trabajos que hacemos, siempre me he sentido muy reconfortado después de hacer los trabajos legionarios, los llamamos así, pero yo no lo entiendo como trabajo, sino como misión, porque no es un trabajo sino una actividad de amor al prójimo a través de María. Para mí es maravilloso y la esencia de la Legión. Me aporta solidaridad y sencillez, pero también profundidad a mi vida cristiana».

 

Esos trabajos consisten en visitar a personas solas, enfermos, hospitales, residencias de ancianos y también el Centro Penitenciario, «donde animamos a los presos y rezamos juntos para transmitirles el amor que Dios nos tiene a todos, pese a los errores que hayamos cometido. Nunca les preguntamos por lo que ha hecho, nosotros estamos para ayudarles y sobre todo escucharles. Es una experiencia muy fuerte pero bonita», revela. Toda esa tarea exige preparación humana y espiritual: «Pedimos ayuda a María e invocamos al Espíritu Santo, para que se cumplan los planes que Dios tenga con las personas que visitamos y para que nuestra labor sea positiva con ellos. Y después de la visita también hacemos una oración como acción de gracias y escribimos un informe que luego se lee en la reunión con el resto de legionarios para que todos estén informados de lo que hacemos».

 

«El espíritu de la Legión es el de María misma, formado en la humildad, la dulzura, el amor a los demás y la cercanía a Dios»

 

La Legión de María se denomina así «porque se fundamenta en la estructura de la Legión romana, pero llevando lo humano a lo espiritual y sin ninguna connotación bélica. La Legión de María no tiene ni armas ni objetivos propiamente de este mundo, se basa en el servicio al prójimo y en la profunda devoción a la Virgen María que es la reina de la Legión. El espíritu de la Legión es el de María misma, formado en la humildad, la dulzura, el amor a los demás y la cercanía a Dios», explica. Pertenecer a ella es muy sencillo, asevera. Solo son necesarios «ánimo de ayudar a los demás y de vivir la fe en una pequeña comunidad de cristianos acompañados de María. No se requieren títulos ni capacidades especiales, ni edad determinada, ni ser hombre o mujer. La Legión es para todos y se trata también de vivir la fe en grupo.

 

Actualmente en la parroquia de Fátima hay ocho personas de la Legión, seis mujeres y dos hombres, y Antonio reconoce que echa en falta contar con gente joven, «pero vivimos en una sociedad en la que se huye del compromiso religioso. El problema puede estar también en que la Legión de María se conoce poco, quizá sería conveniente potenciarlo y darlo a conocer entre los jóvenes con la ayuda de la diócesis. El espíritu de la Legión de María de servicio a los demás tiene mucho componente social y de ayuda al prójimo, con acción directa, que gusta y puede enganchar a los jóvenes, pero la mayoría no lo conoce o tiene un concepto de la Legión como algo pasivo y para las personas mayores, y no es así».

 

Pertenecer al grupo parroquial de Adoración Perpetua, concluye, también le ayuda bastante. «Me proporciona momentos de meditación importantes en los que trato de dejar mi mente en blanco, quitarme ruidos y dejar el silencio para poder oír a Dios. Es muy importante que sepamos escuchar al Señor. Es necesario aprender a callar y esperar ante las dificultades que nos presenta la vida».

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