Imagen del mes: Presentación de María en el templo

Realizado por Gil de Siloé, el retablo Mayor de la Capilla de Santa Ana es el primer gran retablo totalmente escultórico castellano y puede considerarse una obra deudora de la pintura.

Presentación

 

El Retablo Mayor de la capilla de Santa Ana de la Catedral de Burgos es una de las obras cumbres de la escultura tardo-gótica europea. En él su autor Gil de Siloé dejó prueba no solo de un gran dominio técnico sino también de una prodigiosa capacidad de creación de tipos y modelos de ascendencia flamenca y renana, hasta entonces casi inéditos en el mundo castellano. Mediante este trabajo, Gil de Siloé consiguió introducirse en los círculos más selectos de la competencia artística burgalesa del siglo XV. La belleza de sus obras le vinculó a reyes y nobles, lo que le permitió desarrollar, en todo su esplendor, su enorme capacidad creativa. La impresionante calidad de sus tallas quedaba resaltada por su policromador habitual, Diego de la Cruz.

 

Para el grupo de las seis escenas que aparecen en este retablo, entre ellas la que estamos contemplando de la Presentación de la María en el Templo, debió tomar como modelos pinturas contemporáneas, sobre todo flamencas. En principio puede considerarse que es una obra deudora de la pintura.

 

Históricamente, el origen de la fiesta de la Presentación de María en el templo, que no se halla en los Evangelios canónicos, fue la dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva de Jerusalén, en el año 543.

 

Iconografía de la imagen

 

Este relieve de Gil de Siloé es de gran riqueza iconográfica. Ana une sus manos en oración y Joaquín señala con la mano izquierda a su hija que ya ha subido los quince peldaños y se ha encontrado con el ángel, que la esperaba con el libro de la Sagrada Escritura abierto. En el siglo XV era frecuente afirmar que María había subido con gran lentitud los escalones porque se detenía en cada uno de ellos para rezar uno de los quince Salmos graduales. María parece más una adolescente que una niña de tres años. Detrás de los padres de la Virgen se encuentran tres mujeres, que evocan a las tres vírgenes que, en el arte bizantino, serían las portadoras de los cirios, dando un sentido especial de solemnidad y sacralidad al acto. Estas vírgenes con los cirios encendidos podrían ser un recuerdo de las vírgenes prudentes. En este caso faltan los cirios.

 

En la galería que abre a la zona superior vemos cuatro mujeres, que serían también vírgenes del Templo, formando con las tres anteriores un total de siete vírgenes. Curiosamente presentan por sus ropas un carácter mundano. Una de ellas lleva al cuello una pequeña joya pintada por Diego de la Cruz. Parece un coral engastado en un metal precioso. En aquella época tanto los niños como las personas mayores solían llevar colgado un pequeño coral, creyendo poder así librarse del mal de ojo.

 

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