«La auténtica acogida a los inmigrantes es la que nace del corazón de las personas»

Galo Humberto Cabezas Gualoto nació en Quito (Ecuador) en 1982 y allí vivió hasta los 19 años, cursando estudios de Secundaria y también trabajando como carpintero, mecánico y soldador.

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Fue en 2001 cuando Galo Humberto Cabezas decidió venir a España para mejorar su calidad de vida, y tras permanecer un mes en Madrid, llegó a Burgos, donde reside la hermana de su esposa. Sus primeros meses fueron muy duros, con precariedad absoluta. Actualmente cuenta con empleo estable como soldador y también es profesor de patinaje en línea. Vive con su mujer y sus dos hijos, el último nacido en Burgos. Pertenece a la parroquia de San Pablo y asiste a las reuniones para la formación de un grupo de pastoral con inmigrantes en la Real y Antigua de Gamonal.

 

Galo Humberto ha vivido una experiencia de acogida muy dura en su inicio, «pero muy provechosa después, porque Dios nunca abandona y en las situaciones difíciles me ha rescatado y me ha ayudado tanto a mi como a mi familia». No siempre fue católico, ya que el mismo relata que nació en la religión evangélica y estuvo en ella hasta los 11 años, cuando decidió salirse porque no le gustaban algunos comportamientos de un tío suyo que era pastor en esta religión. «Estuve sin ninguna práctica religiosa hasta los 15 años cuando tomé contacto con la religión católica a través de mi novia, que ahora es mi mujer, con la que asistía a algunas ceremonias, como misas, bendiciones de casas, etc…y la fe católica creció en mi». Con esta fe se vino a España, con la idea de que llegar a este país era encontrar «el cielo y las estrellas», pero cuando llegó la realidad es que «las estrellas están en el suelo»: «Marchar de tu país es muy duro, dejar atrás a familia y amigos es doloroso, y cuando llegas a otro país, percibes que no es un paraíso dorado, yo lo pasé muy mal»

 

 Llamada a Dios

 

En España, Galo Humberto se encontraba sin trabajo y sin dinero, y entonces decidió acudir a la parroquia de San Lorenzo.: «Fue por casualidad, porque siempre me han gustado las iglesias grandes y además me lo aconsejó una persona, y porque Dios lo quiso así». Allí le atendió el padre Gregorio, que le ayudó económicamente para que pudieran comer dignamente cada día, «porque a mi no me daba el dinero que tenía para comer y pagar el alquiler, en una casa con cuatro habitaciones, en la que vivíamos 22 personas. El padre Gregorio fue el primero en acogerme y le estoy muy agradecido, pero no era una solución a largo plazo, porque no había venido a España para vivir de la caridad, yo quería trabajar y ganarme mi sueldo».

 

También acudió a instituciones como Cáritas y Burgos Acoge, pero a través de ellos no pudo obtener ningún trabajo. El tiempo pasaba y se desesperaba cada vez más… «Y entonces hice una llamada a Dios y la Virgen era una oración desesperada de ayuda, porque necesitaba trabajar y tener algún ingreso. Había puesto algunos anuncios en los que ofrecía mi trabajo como mecánico o carpintero, aunque mi especialidad es soldador, porque soy maestro industrial, y la petición fue atendida. El mismo día recibí la llamada por uno de los anuncios de carpintero que había puesto. Era una señora que se llama María a la que nunca podré olvidar ni agradecer lo que hizo por mi y por mi familia. Ella necesitaba unos armarios y me los encargó a mi. Al verme enseguida supo que era una persona necesitada y me adelantó el dinero, me entregó 30.000 pesetas, que entonces salvaron mi situación, yo le di un abrazo llorando porque no me lo podía creer. Ella me dijo, que tenía varios anuncios a los que llamar para encargar los armarios, pero que también pidió a la Virgen que fuera a una persona necesitada, y así fue».

 

Acogida con el corazón

 

A través de María, Galo Humberto pudo conocer a más gente que se prestaron a ayudarle, y no deja de mostrarse agradecido: «Gracias a ellos, que también son católicos, ahora trabajo en lo que más me gusta como soldador, además con un empleo estable que me permite vivir dignamente con mi familia. Ha sido lo mejor que ha pasado en mi vida».  Resumiendo su experincia como inmigrante de acogida, Galo Humberto reconoce una parte dolorosa y otra feliz, y explica que «si a Dios le pedimos, creo que nunca nos abandona, hay que pedir más veces a Dios y a la Virgen las cosas que necesitamos». También señala que es importante comprender que la acogida a extranjeros no se soluciona en las instituciones, «sino que se encuentra en el corazón de las personas del país o la ciudad a dónde llegamos». «Yo he encontrado en Burgos personas con un gran corazón y amor al prójimo, como nos pide Jesús, personas que me han acogido, que sin conocerme ni buscar nada a cambio, me han ayudado. A mi me gustaría también ayudar a otros, porque creo que es lo que Dios me pide en estos momentos. Deseo colaborar con Cáritas o con alguna parroquia, para aportar mi experiencia en la acogida y ayuda a los inmigrantes, porque yo lo he vivido en primera persona».

 

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