La familia, escuela donde «aprendemos a amar con el corazón grande»

Las familias han sido hoy protagonistas del primer «jubileo» en la Catedral, donde han atravesado la Puerta Santa, celebrado la eucaristía y orado por las necesidades de la Iglesia y del mundo.
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Dedicarse tiempo de calidad, nunca acostarse sin haberse pedido perdón, fortalecer el espíritu con la eucaristía y el sacramento de la reconciliación, vivir en comunión con otras familias y ampliar la mirada a los problemas que sobrepasan el núcleo familiar. Son algunos de los consejos que hoy el arzobispo, don Mario Iceta, ha trasladado a las familias de la diócesis en el que ha sido el primer «jubileo» vivido en la Catedral durante el Año Santo. Coincidiendo con la festividad de la Sagrada Familia, familias en representación de toda la diócesis han atravesado la Puerta Santa del Perdón, han participado en la eucaristía y han orado por las necesidades de la Iglesia y del mundo, lucrando así las gracias jubilares.

 

En su homilía, el arzobispo ha recordado a las familias que viven en un «sacramento permanente», donde cada cónyuge «es fuente de gracia para el otro». «Es Dios quien, en su providencia, os ha llamado para que os sumergierais en su amor; os ha llamado para que vuestra alegría sea grande»: «esa es vuestra llamada, vuestra vocación». «La familia es un icono de Dios en la tierra, esposo y esposa que se aman y generan a los hijos», como el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, ha insistido.

 

Para el pastor de la diócesis, amar no es un sentimiento, pues, como ha dicho, mucha gente ama cuando los sentimientos y las circunstancias no son favorables, como una difícil noche de hospital al lado de un enfermo. «Amar es entregar la vida, es dar la vida. El amor es el vínculo de unidad, lo que nos une y sostiene aún en los momentos de dificultad», «un amor sostenido por el Señor, por su gracia, para que os podáis entregar».

 

Escuela de amor

 

En este «jubileo de las familias», don Mario ha insistido en el valor de la familia como lugar donde «hemos aprendido a amar de verdad, con el corazón grande». En efecto, en el núcleo familiar, «hemos aprendido a ser queridos sin mostrar nuestros títulos ni currículum», «eres querido por tu nombre, no por tus dones, sino porque existes, porque eres un don para nosotros». Por eso, la vida en familia también «nos enseña a mirar fuera, a tener ojos nuevos para mirar las nuevas pobrezas del mundo». «Ojalá nos ayudemos, es tiempo de compartir lo que tenemos, tiempo de consolar, tiempo de abrazar y de acompañar y eso lo hemos aprendido en la familia, con ese don de Cristo: os he elegido para que os améis y vuestro corazón se ensanche», ha concluido.

 

En el ofertorio, junto al pan y al vino, una misionera, acompañada por familias que han entregado sus hijos a la misión, ha portado un paño angoleño con el que se ha envuelto al Niño Jesús, dado a la adoración al finalizar la eucaristía, eso sí, sin el habitual beso por las medidas anticovid. El coro de familias de Cardeñadijo ha sido el encargado de animar el canto litúrgico.

 

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