Misioneros burgaleses: El pequeño David que se enfrenta al desafiante Goliat

Daniel Cerezo y Basi Ruiz son dos misioneros burgaleses que cuentan lo que han visto y oído en medio de su misión, llena de inconvenientes y obstáculos que superan para anunciar el evangelio.
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Un total de 573 burgaleses han salido de estas tierras a la misión. Anuncian el evangelio en 69 países de todo el mundo, siendo América y Europa los continentes donde más están presentes (con 399 y 91, respectivamente), seguidos de África (58), Asia (29) y Oceanía (1). La mayoría son hombres (309) y del total destaca el aumento paulatino de laicas (5), laicos (3) y familias enteras (9) que no pertenecen a ninguna congregación ni institución religiosa. Son algunos de los datos que ha presentado esta mañana el delegado diocesano de Misiones, Ramón Delgado, en la presentación de la campaña del Domund, que se celebrará este domingo en todo el mundo con el lema «Cuenta lo que has visto y oído».

 

Delgado también ha señalado cómo Burgos es la segunda diócesis de la región que más dinero aporta a las misiones (163.981,12 euros en 2020), superada solo por Valladolid. El dinero recaudado se envía a Obras Misionales Pontificias, que distribuye las cantidades según las necesidades de los misioneros, destinando gran cantidad de donativos, sobre todo, a África.

 

Bien lo sabe la hermana Basi Ruiz, misionera de las Hermanas de San José de Gerona y que trabaja desde hace 42 años en el continente negro. Natural de Cavia, agradece no solo el dinero recibido a través de la colecta del Domund, sino también a una subvención del Ayuntamiento de Burgos, que con una inversión de 55.000 euros, ha permitido a su congregación comprar una máquina para la detección de la tuberculosis a los enfermos de sida que atiende en Yaondé, Camerún.

 

Allí han puesto en marcha el «Centro Dream», que pretende ayudar a los enfermos de VIH (el 5% de la población) a superar los estigmas de la enfermedad, a procurar que los niños de madres infectadas no nazcan enfermos y que quienes lo padecen puedan vivir «larga vida de calidad». «Es un sueño conseguido: el 95% de las personas que acompañamos están bien, tienen trabajo y un lugar donde poder hablar de sus problemas», sostiene.

 

Una Iglesia perseguida

 

Por su parte Daniel Cerezo, misionero comboniano natural de Padilla de Abajo, ha relatado su experiencia misionera en China, donde ha estado más de 26 años anunciando el evangelio en medio de una «Iglesia perseguida y controlada que se siente como el pequeño David ante el gigante Goliat». Allí el gobierno Comunista pretende controlar las religiones «permitidas», poniendo especialmente el foco en los católicos, que apenas representan un 1% de su población: «Desde 2013 se han destruido más de 7.000 cruces e iglesias por considerarlas hirientes a los ojos; además se cortan las piernas a la Iglesia para que no pueda caminar prohibiendo a los menores de 18 años recibir formación religiosa o entrar a las iglesias», sin olvidar el encarcelamiento de numerosos sacerdotes y obispos. Por ello, relata, ha surgido una «Iglesia de las catacumbas», en la que los cristianos desean celebrar su fe buscando el anonimato y evitando la persecución. «Si los misioneros tienen que estar en algún lugar es en la misión difícil», revela.

 

En medio de este contexto, Cerezo ha realizado una «discreta y humilde» labor misionera, «pescando a caña», impartiendo retiros espirituales a sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral y llevando a cabo atención social a leprosos o niños huérfanos. «Es una labor sencilla, colaborando siempre con la Iglesia local». «En China he descubierto una Iglesia que ve en la adversidad una oportunidad para ofrecer y testimoniar la riqueza de la fe».

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