La tanda, promovida por la Vicaría para el Clero, ha profundizado en el discipulado, la fidelidad y la misión del presbítero.
Del 30 de agosto al 4 de septiembre, una veintena de sacerdotes de la Archidiócesis de Burgos, junto con algunos presbíteros procedentes de otras diócesis, han participado en una tanda de Ejercicios Espirituales promovida por la Vicaría para el Clero. El encuentro se ha desarrollado en un marco especialmente propicio para el silencio, la oración y la reflexión: el Monasterio de San Pedro de Cardeña.
El encargado de dirigir estos días de retiro ha sido D. Carmelo Pérez, sacerdote misionero del IEME, natural de La Rioja, que ha propuesto como hilo conductor de las meditaciones el lema: «Los llamó, para estar con Él, para la misión». Desde esta llamada de Jesús, las reflexiones han buscado ayudar a los sacerdotes a renovar su vocación y a redescubrir las tres dimensiones inseparables de la vida presbiteral: estar con Cristo, vivir en comunión con Él y ser enviados a la misión.
A lo largo de los días, las meditaciones se han centrado especialmente en el discipulado y en los rasgos propios del seguimiento de Jesucristo como presbíteros. También se ha profundizado en el precio del seguimiento, contemplando a Cristo que entrega su vida en la cruz, así como en la necesidad de permanecer junto al Señor mediante la oración, la perseverancia y una vida espiritual renovada.
La Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación han ocupado también un lugar destacado en las reflexiones, como fuentes esenciales para la vida y el ministerio sacerdotal. Asimismo, la figura de María, Madre de Dios, ha sido presentada como modelo de escucha, disponibilidad y fidelidad a la llamada de Dios.
Los Ejercicios han permitido, además, afrontar desde la oración algunos de los retos que plantea actualmente el ministerio de los sacerdotes diocesanos. Entre ellos, la necesidad de mantener una actitud permanente de servicio a la sociedad y, de manera especial, a las personas más vulnerables y a los pobres; la presencia y acción del Espíritu Santo en la vida y el ministerio sacerdotal; y la importancia de vivir la misión desde la fidelidad al Evangelio.
Una de las ideas que ha acompañado de manera especial estos días ha sido precisamente la llamada a la fidelidad. «Es tiempo de fidelidad, no de éxitos; estos son para las sectas», ha repetido D. Carmelo Pérez durante las meditaciones, subrayando que la fecundidad del ministerio sacerdotal no puede medirse únicamente desde los resultados visibles, sino desde la fidelidad cotidiana a Cristo y a la misión recibida de Él.
La acogida y hospitalidad de la comunidad monástica de San Pedro de Cardeña han contribuido también al clima de recogimiento propio de estos días. Los sacerdotes participantes han podido compartir con los monjes algunos momentos de la liturgia monacal y unirse así a la oración de la Iglesia, experimentando la riqueza de una comunidad dedicada de manera particular a la alabanza de Dios.
Estos Ejercicios Espirituales han constituido, en definitiva, una oportunidad para detener el ritmo habitual del ministerio, entrar en el silencio y volver a poner en el centro la llamada primera de todo sacerdote: estar con Jesús para, desde Él, continuar sirviendo y anunciando el Evangelio.