Homenaje a Carlos Cristóbal, cura en Hontangas desde mayo del 68

 

 

¿Quién no ha cantado alguna vez ‘que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva…’? La ermita que acoge a esta virgen se encuentra en Hontangas, a 20 kms de Aranda de Duero, y está siempre abierta. En ella se canta la salve y el pueblo responde a las oraciones marianas en latín. A su devoción ha contribuido no poco su abad, D. Carlos Cristóbal González, sacerdote que ha pasado 58 años de su vida sirviendo a este pueblo y La Sequera y, en épocas recientes, a Campillo de Aranda, Adrada de Haza y Moradillo de Roa.

Carlos es de saludo fácil al que se adelanta una sonrisa. Por la calle le para todo el mundo y le recuerda alguna anécdota pasada. Es un hombre al que el buen humor le abre el camino y le convierte en amigo entrañable a los pocos minutos. En Hontangas tenían programada una fiesta sorpresa para agradecerle todo lo que ha hecho por ellos. Primero, la misa del Apóstol Santiago; después la Salve en la Virgen de la Cueva y, por último, festín en el Centro Social, sito en el ayuntamiento.

María del Mar Ruiz de la Hoz fue la encargada de hacer de maestra de ceremonias. Lo define como hombre ‘al que se le conoció la primara semana por su forma de conectar con la geste y su cercanía’. A lo largo de todos estos años ‘su entrega ha sido generosa, sin horarios y con palabras de aliento en los momentos de más dificultad’.

Y es que D. Carlos ha visto de todo a lo largo de casi 6 décadas. Su lema es ‘da tú el primer paso para propiciar el encuentro. Después, espera y respeta’. En frase paulina sería ‘me hice todo con todos para salvarlos a todos’ (1 Cor 9,22). Ha hecho de todo: picar iglesias, alicatar suelos, conducir tractores para sembrar o abonar… siempre sirviendo sin mirar a quién, tal y como lo hacía el Señor. Pero detrás de esa servicialidad y bonhomía está un hombre con una autoridad erguida y firme: ‘En los momentos más duros es cuando la gente me llamaba: tras un accidente o ante un intento de quitarse la vida’. Entonces emergía esa autoridad con palabra seca y cortante para decir lo que se debía hacer sin titubeos. Así ha salvado vidas y… le hacían caso.

El P. Barnabas Kileu, párroco actual, le recordó que ha sido el pueblo el que se ha esmerado es hacer del día de Santiago un día inolvidable. A ello ha contribuido también el Vicario General de la Archidiócesis, Carlos Izquierdo, presente en la celebración. Tras la eucaristía en la iglesia parroquial, todo el pueblo se dirigió hacia la Ermita de la Virgen de la Cueva para cantar con más devoción que nunca ‘vuelve tus ojos misericordiosos’. El homenajeado con vehemencia insistió en ‘dejaos bendecir por la Virgen. Venid a la ermita. Contadle a la Virgen de la Cueva eso que lleváis dentro. Veréis cómo volvéis a casa’.

En el Salón Social del Ayuntamiento tuvo lugar el vino español para más de 100 personas. Antes del vino español y de los aplausos le entregaron un reloj de mesa para dejar grabados 58 años de entrega. Entre vinos, vivas y fotos se entrecruzaron muchos abrazos para decir: ¡vuelva pronto! Así sucederá. Mientras tanto, en Burgos, en la Casa Sacerdotal, también te espero.

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