El primer círculo de silencio del curso pone el foco en la vulnerabilidad de los menores migrantes.
La Delegación diocesana de Pastoral para las Migraciones y la Movilidad Humana ha celebrado el primer círculo de silencio del nuevo curso, dedicado en esta ocasión a los menores migrantes, con motivo de la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de septiembre. A través de unos juegos, libros y globos colocados en el suelo, los participantes han querido poner rostro y voz a los niños y adolescentes que se ven obligados a emigrar, recordando especialmente que son «los más vulnerables», en palabras del papa León XIV. El encuentro concluyó con la canción «Que canten los niños», de José Luis Perales, como llamada a no dejar en el silencio a quienes han visto apagada su voz.
El círculo de silencio también tuvo presentes a quienes han perdido la vida en el mar en su intento de alcanzar un lugar seguro, así como a los menores migrantes no acompañados que permanecen a la espera de una solución en Ceuta. Del mismo modo, se quiso llamar la atención sobre la situación de muchas familias que encuentran grandes dificultades para acceder a una vivienda de alquiler precisamente por tener niños. Con este gesto, la Delegación diocesana ha querido recordar la especial responsabilidad de la sociedad y de la comunidad cristiana ante la realidad de los menores migrantes y sus familias.
El círculo de silencio se enmarca en las acciones de sensibilización que la Archidiócesis de Burgos desarrolla para promover una mirada más humana y fraterna hacia las personas migrantes y refugiadas. El manifiesto leído durante el encuentro, con el contenido completo de esta convocatoria, puede consultarse en el siguiente documento: Manifiesto del Círculo de Silencio de septiembre de 2026.