«’Centinelas de la mañana’ es una magnífica forma de evangelizar a los jóvenes»

Marina Peñacoba forma parte de los «Centinelas de la mañana», una iniciativa que busca evangelizar a los jóvenes a través de la actividad «Una luz en la noche».

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Los jóvenes tienen una importante tarea de evangelización que desarrollar dentro de la Iglesia, y esta es la misión en la que chicos y chicas de la diócesis se implican mediante la iniciativa «Centinelas de la mañana». Para ellos, la noche no es momento de oscuridad, sino de luz, la misma que llevan a los paseantes que caminan por la ciudad de Burgos.

 

Marina Peñacoba Rogel es una de esta jóvenes Centinelas. Esta burgalesa de 26 años, estudiante de Administración y dirección de Empresas, forma parte del grupo que organiza y lleva a cabo dicha iniciativa, que se celebra desde hace ya cuatro años en la diócesis. En esta ocasión, los Centinelas celebrarán «Una luz en la noche» (nombre que recibe la actividad de los Centinelas) esta misma tarde en la parroquia de San Lesmes, a partir de las 18:30 horas. Están invitados a asistir jóvenes de entre 20 y 30 años que deseen llevar el primer anuncio del evangelio a otros jóvenes que encontrarán por las calles. Pero antes de esta salida, los Centinelas han de formarse, tal y como explica Marina: «El lema de hoy es “Déjate guiar por él”, y en torno a este mensaje centraremos la formación: cómo Dios nos guía, los caminos que podemos tomar en la vida, etc. Contamos con dos formaciones, una dirigida a un tema concreto, y otra que centramos en los ministerios, que son las tareas que cada uno va a desarrollar y son cuatro: La salida a la calle, la acogida en la iglesia, el canto y la palabra y la intercesión. Los organizadores nos encargamos de esta última formación, explicando a los últimos centinelas que se unen a nosotros en qué consiste cada ministerio y cómo se lleva a cabo, además de resolver dudas».

 

Una misión adaptada a cada participante

 

Una sesión de «una luz en la noche» comienza por la tarde con una presentación de todos los participantes que se han inscrito. Después tiene lugar una oración dirigida especialmente al Espíritu Santo, para a continuación pasar a una pequeña lectura sobre el tema que se va a abordar en la formación. La formación dura en torno a una hora, y tras ella tiene lugar un descanso en el que los Centinelas comen algo, charlan entre ellos y se conocen mejor. Posteriormente se explican los ministerios y la importancia que tienen. Tras una cena conjunta, se prepara la iglesia: unos se encargan de las velas, otros colocan los bancos, hay jóvenes que adornan el altar… «Cuidamos todo para que resulte acogedor y que la gente se sienta bien cuando entre en la iglesia». Después de un rato de adoración al Santísimo, los coordinadores adjudican un ministerio a cada participante, «según los dones y el talento de cada persona». «Si, por ejemplo, uno es simpático y muy sociable, le pedimos que salga a la calle, o si a otro se le da bien cantar, le pedimos que forme parte del grupo de canto. Intentamos que todos se sientan cómodos con su función». Una vez que todos conocen la tarea que van a desarrollar, se abren las puertas de la iglesia. Los que salen a la calle buscan a otros jóvenes para invitarles a visitar la Iglesia, donde les espera Dios, mientras que los demás se quedan cantando u orando». Cuando «Una luz en la noche» finaliza, se cierran las puertas de la iglesia y los centinelas realizan una puesta en común, evaluando cómo ha ido todo.

 

La reacción de las personas con las que los Centinelas entran en contacto por la calle es diversa, y es que no es nada fácil acercarse a unos desconocidos y que acepten de buenas a primera la propuesta de acudir sobre la marcha a una iglesia que en esos momentos se encuentra abierta para ellos. «Siempre suele ir una pareja de chico y chica, y tratamos de acercarnos a jóvenes de edad similar, que se lleven bien y haya complicidad. Además, intentamos parar a grupos pequeños, pues el mensaje llega de manera más directa. Les invitamos a acompañarnos a la iglesia, que conozcan a Jesús, y una vez que reciben la invitación, suelen dar una respuesta inmediata: o pasan de todo o saben de qué va el tema y muestran interés. Si no quieren saber nada, les preguntamos porqué toman esa decisión, y dependiendo de lo que cuenten, intentamos que se cuestionen su postura. Y siempre dejamos caro que aunque no quieran saber nada de Dios, nosotros vamos a rezar por ellos».

 

La ilusión de los nuevos Centinelas

 

«Una luz en la noche» no tiene periodicidad fija, y los coordinadores programan la actividad según las fechas en las que consideran que va a haber más jóvenes por la calle durante la noche, aunque sí tratan de que al menos se celebre una vez cada trimestre. En cuanto al número de participantes, es muy cambiante. «Somos cuatro los que de forma permanente estamos al cargo de la organización, pero el número de chicos y chicas que acude en cada sesión varía mucho. Para esta noche, por ejemplo, contamos con 18 personas apuntadas. Más de la mitad son nuevas, nunca antes habían participado, y acuden con mucha ilusión», cuenta Marina.

 

Marina conoció a los «Centinelas de la mañana» a través de la delegación de Juventud de la diócesis, con la que colaboraba de manera habitual y entró a formar parte del grupo coordinador antorcha tras participar en un curso base de evangelización. «El delegado, Agustín Burgos, me animó a participar, y cuando se realizó en la ciudad, la primera vez en la catedral, me encantó. Para mi fue algo inolvidable, me gustó mucho el método de evangelización que proponía esta iniciativa. Esta primera vez contamos con el impulso de Centinelas de Valladolid, que vinieron a enseñarnos, ya que ellos llevaban más tiempo desarrollando la actividad. Vi también que hubo respuesta por parte de muchos de los jóvenes contactados en la calle, que se animaron a entrar en la iglesia y salieron de allí planteándose el tema religioso».

 

Para Marina, participar en «Centinelas de la mañana» y hacerlo como coordinadora es una responsabilidad «que a veces cansa y en alguna ocasión me ha llevado a preguntarme dónde me he ido a meter, pero luego, cuando la actividad se lleva a cabo, todos los esfuerzos se ven recompensados. Es ver la ilusión de los jóvenes que se unen a los Centinelas y sus ganas de salir a las calles a anunciar el evangelio a otros jóvenes, y recibes toda una lección. Y sobre todo te llevas una sorpresa; yo era muy escéptica al principio, pensaba que nadie iba a querer entrar en una iglesia a esas horas de la noche, pero resulta que sí hay gente que lo hace, que se cuestiona sus ideas y cambia de opinión, lo que es muy reconfortante. Pero sobre todo, lo hago convencida porque creo que la misión de todo cristiano es evangelizar, y esta es una manera magnífica de poder llevarla a cabo».

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