Actitudes para el año Jubilar

1- El júbilo:

"El término jubileo expresa alegría; no solo alegría interior, sino un júbilo que se manifiesta exteriormente" (TMA 16). La celebración del VIII Centenario nos llena de alegría a la comunidad cristiana que tiene en su catedral el templo madre de todas las iglesias, que se goza de una fe que ha heredado y que se reúne en dicho templo para alimentarla y vivirla.

2- La acción de gracias:

"En el cristianismo el tiempo tiene una importancia fundamental (…). De esta relación de Dios con el tiempo nace el deber de santificarlo" (TMA 10) que es lo que hacemos al dedicar a Dios determinados días y tiempos. De esta manera significamos y tomamos conciencia de que el Padre guía a este pueblo que ha elegido y lo acompaña siempre con su paternal providencia.

3- La reconciliación:

El año jubilar es especialmente “un año de perdón de los pecados y de las penas por los pecados, año de reconciliación entre los adversarios, año de múltiples conversiones y de penitencia sacramental y extrasacramental” (TMA 14). Tradicionalmente, en los años de jubileo, la dimensión penitencial se expresa en las gracias jubilares que la Iglesia ofrece a través de la indulgencia que nos lleva a la conversión de vida y a la celebración comunitaria del perdón de Dios.

4- La sinodalidad:

El año jubilar se vive especialmente formando parte de esta comunidad cristiana que camina en Burgos y que se siente estrechamente unida. En ese sentido, la Asamblea Diocesana convocada será una magnífica experiencia comunitaria que ayudará a vivir con más intensidad el jubileo en cuanto que "pretende suscitar una particular sensibilidad a todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a las Iglesias" (TMA 23).

5- La dimensión social de la fe:

Siguiendo la orientación bíblica, el jubileo ha de ayudarnos a crecer en nuestra sensibilidad social y al ejercicio de la caridad y de la justicia con los más pobres y necesitados. El año de gracia y la buena noticia han de resonar hoy con fuerza entre nosotros a través de las obras de misericordia. El gesto solidario que realizaremos como comunidad diocesana nos ayudará a oír el clamor y los gritos de nuestro mundo, de manera que, como buenos samaritanos, no nos quedemos inertes expectantes.