Preguntas frecuentes

  • ¿Por qué se declara un Año Santo en Burgos?

    • El 20 de julio de 2021, se conmemora el VIII Centenario de la colocación de la primera piedra en la Catedral de Burgos. Esta fue mandada construir por el Obispo D. Mauricio y por el Rey Fernando III el Santo con su esposa Beatriz de Suabia. Se trata del templo madre de la Diócesis de Burgos, que se convierte en un exponente único de la arquitectura que mereció el título de Patrimonio de la Humanidad en 1984.
  • ¿Quién organiza el año Santo?

    • Para la organización de todo lo relacionado con el Año Jubilar con motivo del VIII Centenario de la Catedral, se ha creado una comisión diocesana presidida por el Vicario General y formada por diferentes delegaciones pastorales que está compuesta por sacerdotes, religiosos y laicos.
  • ¿Cuánto dura el Año Santo?

    • El Año Santo se inicia el 20 de julio de 2020 (fecha de la dedicación de la Iglesia Catedral) y se clausurará el 7 de noviembre de 2021 (Día de la Iglesia Diocesana). Con la conclusión en fecha tan significativa se quiere subrayar el carácter eclesial que tiene este año jubilar.
  • ¿Qué es un Año Santo?

    • Es un periodo de tiempo (más o menos un año) en el que Dios ofrece gracias especiales, a través de su Iglesia, de cara a la conversión o profundización de la vida cristiana, gracias vinculadas a algún lugar especial de encuentro con Dios. Es un tiempo para profundizar la relación con Dios y con el prójimo. Cada Año Santo es una oportunidad para alimentar la fe y renovar el compromiso de ser testigo de Cristo. Una de las gracias más especiales de un Año Santo es la indulgencia.
  • ¿Qué es la indulgencia?

    • El Catecismo “Esta es nuestra fe” lo explica de la siguiente manera: “las indulgencias arrancan las sombras causadas por el pecado, que oscurecen el corazón de los hombres aun después de que sus pecados hayan sido perdonados por la penitencia” (página 258).
    • Y el Papa Francisco dice lo siguiente: “El Jubileo lleva también consigo la referencia a la indulgencia (…). El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios hace evidente este amor que es capaz incluso de destruir el pecado de los hombres. Dejarse reconciliar con Dios es posible por medio del misterio pascual y de la mediación de la Iglesia. Así entonces, Dios está siempre disponible al perdón y nunca se cansa de ofrecerlo de manera siempre nueva e inesperada. Todos nosotros, sin embargo, vivimos la experiencia del pecado. Sabemos que estamos llamados a la perfección (cfr Mt 5,48), pero sentimos fuerte el peso del pecado. Mientras percibimos la potencia de la gracia que nos transforma, experimentamos también la fuerza del pecado que nos condiciona. No obstante el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente. Indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que participa a todos de los beneficios de la redención de Cristo, para que el perdón sea extendido hasta las extremas consecuencias a la cual llega el amor de Dios. Vivamos intensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la dispensación de su indulgencia misericordiosa” (MV 22).
  • ¿Es la indulgencia la única gracia de un Año Santo?

    • No. Es la más vinculada tradicionalmente a un Año Santo, si cabe hablar así. Pero el Año Santo es un tiempo privilegiado para el encuentro con Dios a través de los sacramentos y del ejercicio de la misericordia, para el descubrimiento de la Iglesia como comunidad que vive de la Palabra, para profundizar en la fe como camino de plenitud y de gracia. Por eso, la Catedral se convertirá en ese hogar acogedor que quiere ser esta Iglesia diocesana de Burgos.
  • ¿Qué tengo que hacer para alcanzar las gracias jubilares?

    • La Iglesia nos indica que para ganar la indulgencia se requiere:
      • Peregrinar hasta la Santa Iglesia Catedral de Burgos (o sea, entrar dentro de ella).
      • Confesar y mostrar arrepentimiento de los pecados.
      • Recibir la sagrada comunión.
      • Orar por las intenciones del Papa.
      • Realizar algún gesto de misericordia.
  • ¿Se puede peregrinar solo?

    • Sí, las personas pueden peregrinar en grupo o solos. Todos los días la Catedral acogerá a los peregrinos que se acerquen en solitario. Para ello habrá un Centro de acogida que les indicará las informaciones más importantes. También se puede peregrinar en grupo: como Parroquia, Asociación, Movimiento, Grupo… En ese caso conviene avisarlo con cierta antelación para poder organizar la peregrinación.
  • ¿Debo confesar y comulgar en la Catedral para obtener la indulgencia?

    • No es estrictamente necesario. La confesión y la comunión pueden realizarse unos días antes o unos días después de la visita al Templo Jubilar. No obstante el horario de confesiones en la Catedral es lo suficientemente amplio como para poder hacerlo en el mismo día de peregrinación. La oración (orar por las intenciones del Papa) sí debe hacerse en la Catedral en el mismo día de la visita.
  • ¿Puedo trasladar o aplicar la indulgencia a otra persona?

    • Sí, pero solamente una vez por día y a personas difuntas. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Puesto que los fieles difuntos en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados” (número 1479). Y el Catecismo “Esta es nuestra fe” nos dice también: “podemos ofrecer el perdón de las penas que se nos da en las indulgencias para ayudar a los hermanos que son purificados después de la muerte” (página 258).