Manos de mujer que se unieron contra el hambre en el mundo

Manos Unidas celebra hoy su campaña anual cuando cumple 60 años de andadura. Repasamos los pasos dados en la provincia de Burgos para paliar el hambre en países en vías de desarrollo.

Corría el año 1959 cuando las mujeres de Acción Católica recogieron el llamamiento de la FAO y pusieron en marcha la primera Campaña contra el Hambre con un triple objetivo: denunciar el drama humano de los pobres que mueren de hambre, ayudar a la sociedad a tomar conciencia de este escándalo y reunir recursos para mover a la acción concreta. Lo que comenzó siendo una acción puntual caló tan hondo que con el tiempo se convirtió en una de las organizaciones más prestigiosas y fiables de nuestro país.

 

Ya desde 1959 en la diócesis de Burgos se participaba en esta campaña. Aunque en ese año no llegó a realizarse una colecta propiamente dicha, sí se promovió el ayuno voluntario y se recaudaron 1.368 pesetas. Tres años después, la colecta para el Día del Hambre, que se realizó no solo en la capital, sino también en varios municipios de la provincia, consiguió reunir 11.496 pesetas.

 

La delegación consiguió que las propuestas de «guerra al hambre» llegasen primero a una extensa red de parroquias y paulatinamente a toda la sociedad burgalesa. A ese primer grupo de pioneras se fueron sumando cada vez más personas ajenas a la Acción Católica y la campaña empezó a crecer y a extender sus actividades: charlas, conferencias, colectas en parroquias, colegios y centros sociales, cuestaciones a pie de calle, e incluso proyecciones de películas en el Gran Teatro.

 

La actividad más importante que se inició en la década de los sesenta y que se mantuvo durante mucho tiempo fue la recogida de botellas y papel para su posterior venta. En ella se involucraban desde las autoridades, que otorgaban los oportunos permisos y prestaban camiones y furgonetas para la recogida, hasta las empresas y particulares que también ofrecían sus vehículos o se prestaban para conducir, o los alumnos de muchos colegios que colaboraban en las labores de carga y descarga en la Plaza de Toros, donde se almacenaba el material recogido, o salían en rondallas para ambientar la actividad. No faltaban enfermeras para atender posibles cortes y contusiones y alguna congregación religiosa y voluntarios que preparaban bocadillos y bebidas para todos los que participaban en el operativo.

 

Recogida de papel en la plaza de Toros.

Recogida de botellas y papel en la plaza de Toros en los años 60.

 

Eran años en que los proyectos eran muy básicos, centrados en la alimentación, incluso se fletaban camiones con alimentos. Pero poco a poco estas acciones fueron tomando forma y empezaron a destinarse los recursos a financiar pequeños proyectos en diversos países. A medida que las actividades se incrementaban y se hacían más complejas (en el año 70 la campaña había alcanzado ya una recaudación de 1.229.688 pesetas a nivel provincial), se fue haciendo necesaria una organización: la primitiva Campaña contra el Hambre pasa a denominarse en 1978 Manos Unidas y se reconoce plenamente la personalidad jurídica de la organización, reconocida por la Conferencia Episcopal como el organismo oficial de la Iglesia española para la ayuda, promoción y desarrollo del tercer mundo.

 

Entre 1978 y 1982, visto el éxito de las recaudaciones, los esfuerzos se centran en potenciar la importancia de la educación para el desarrollo como objetivo de la campaña. Para ello se intenta profundizar y difundir el mensaje de la justicia y, pese a mantenerse los fines que habían dado origen a Manos Unidas, se pretende dar un nuevo giro, buscar las causas de la pobreza y el hambre y asumir la propia responsabilidad como país desarrollado. Se sugiere no seguir realizando cuestaciones en la calle y se intensifican los esfuerzos para llegar a todos los escolares de la provincia.

 

A partir del 25 aniversario de Manos Unidas la organización creció en prestigio y en presencia social. Las campañas salieron del ámbito de las parroquias y empezaron a alcanzar a toda la sociedad. Comenzó a celebrarse el ya tradicional Mercadillo Solidario, de gran repercusión pública y que aún se sigue celebrando. La recaudación continuaba creciendo: en 1985 se recaudaron 11.439.310 pesetas y seis años después la cifra se multiplicó por seis.

 

Algunas mujeres y el arzobispo, don Teodoro Cardenal, en la inauguración de un mercadillo solidario.

Algunas mujeres y el arzobispo, don Teodoro Cardenal, en la inauguración de un mercadillo solidario.

 

Más mediática aún que el mercadillo fue la «Operación Bocata», que nació hace 20 años por iniciativa del sacerdote Marcelo Gómez, entonces vicario parroquial de San Cosme y San Damián. Aquella iniciativa, que comenzó celebrándose en dicha parroquia y en los centros educativos del arciprestazgo de Vega, hoy se lleva a cabo en colegios de toda la ciudad, en Aranda y Miranda. En su última edición, se sumaron casi 12.000 alumnos de todos los ciclos. 

 

Una marca de confianza

 

Sesenta años después de su creación, Manos Unidas se involucra en proyectos cada vez más complejos, de desarrollo integral: educación y formación, capacitación de mujeres…, sin dejar por ello de atender las necesidades de infraestructuras básicas que aún son demandadas por algunas comunidades del tercer mundo, sobre todo en el continente africano.

 

La delegación de Burgos cuenta, para llevar a cabo su actividad, con 12 voluntarias y unas 50 personas que colaboran de manera más o menos estable. En acciones determinadas, como la «Operación Bocata» o el Mercadillo, llegan a implicarse alrededor de cien personas (incluso las fundadoras, que salen por los comercios a recoger la mercancía que se pondrá a la venta).

 

La recaudación media anual de Manos Unidas en Burgos ronda los 600.000 euros (en 2017 fueron 674.282 euros, lo que supone una ratio de 1,90 por burgalés, una de las más altas de España, según comenta la presidenta delegada, Cristina Romano). Con dichos fondos se sufragan anualmente en torno a siete u ocho proyectos a través de lo que llaman «Operación Enlace» (se asigna un proyecto determinado  un arciprestazo o alguna actividad concreta, como la «Operación Bocata»).

 

Cristina Romano achaca la buena respuesta social hacia la organización a diversos factores: «Los españoles somos muy emocionales y muy solidarios en general. Además, Manos Unidas nunca se ha visto afectada por ningún escándalo, entonces es una marca de confianza. Por otra parte, la mayor parte de los ingresos son privados, así que la reducción de subvenciones nos afecta mucho menos que a otras organizaciones que dependen más de las Administraciones públicas. Eso nos da mucha independencia». De otro lado, «pertenecer a la Iglesia Católica puede habernos restado presencia en algunos ámbitos, pero nos beneficia tanto a nivel de financiación de proyectos como de sensibilización, ya que nos facilita el acceso a las parroquias, comunidades religiosas y colegios… No obstante, hay que decir que Manos Unidas y Cáritas son dos organizaciones que cuentan con un gran prestigio en la sociedad española».

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