Servidores y mensajeros de Dios

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 6 de octubre de 2019.

mensajeros

 

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Muchos de vosotros, seguramente, habréis visitado la Exposición de las Edades del Hombre, que este año tiene lugar en nuestra Villa Ducal de Lerma, con el título de Angeli, porque versa precisamente sobre las múltiples y bellas manifestaciones artísticas de los ángeles. De ella ya he hablado en otras ocasiones, admirando la belleza de la iconografía cristiana que nos los presenta, unas veces en adoración y otras en acción, como seres que intermedian siempre en la relación de Dios con los hombres. Hoy quiero referirme a los ángeles desde la vivencia cristiana de esta realidad espiritual, ya que hemos celebrado recientemente las fiestas de los Santos Ángeles Custodios (el día 2 de octubre) y unos días antes (el 29 de septiembre) la de los Arcángeles San Miguel, San Rafael y San Gabriel, advocaciones muy presentes en múltiples parroquias y ermitas de nuestra diócesis burgalesa.

 

Los ángeles forman parte de un mundo misterioso para nosotros, difícil de abarcar, de objetivar y de formular con claridad, pero no son realidades fantásticas o mitológicas. Su existencia ha estado siempre presente a lo largo de la historia de la salvación como servidores y mensajeros de Dios. «Espíritus servidores, dice San Pablo, enviados en ayuda de los que han de heredar la salvación» (Heb 1,14). Con un lenguaje claro y sobrio la Iglesia enseña en su Catecismo que la vida humana está rodeada de la custodia e intercesión de los ángeles y que «la existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición…» (nº 328).

 

La Biblia narra numerosos episodios de la historia de la salvación en los que intervienen los Santos Ángeles. Textos como el del libro del Éxodo, que leemos en la liturgia de su fiesta: «He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado». Al igual que en la vida de Jesús, en la que los ángeles tienen una función particular, desde la Encarnación, cuando Gabriel anuncia su nacimiento a la Virgen María, hasta su Ascensión a los cielos. La Iglesia, que en sus inicios fue protegida por los ángeles y que continuamente experimenta su ayuda misteriosa, los venera y pide con confianza su intercesión. Así, en la liturgia se expresa en ocasiones bellamente nuestra fe y nuestra oración.

 

A lo largo de los siglos, los cristianos han mantenido las convicciones de la fe y de la tradición que también se manifiestan en su piedad popular. Los han tomado como patronos de ciudades y pueblos, protectores de agrupaciones, titulares de cofradías…; han establecido días festivos, han compuesto himnos, han desarrollado ejercicios de piedad y les dirigen oraciones sencillas y cercanas. En las fiestas de los Santos Arcángeles, se celebra a San Miguel como «el que vence al Maligno», el que nos ayuda a no dejarnos seducir por el mal; a San Rafael como el que «acompaña en el camino» y nos ayuda a no dar el paso equivocado; y a San Gabriel como quien tiene la función de «llevar buenas noticias», como las llevó a María, a Zacarías, a José; es el que nos recuerda la buena noticia de la salvación. Del mismo modo, también se ha fomentado la devoción a los Ángeles Custodios, especialmente al Ángel de la Guarda. San Basilio Magno decía que «todo fiel tiene a su lado un Ángel como protector y pastor, para llevarlo por la vida»; para San Bernardo de Claraval éstos, los ángeles, son demostración de que «el cielo no descuida nada que pueda ayudarnos», por lo cual pone «a nuestro lado estos espíritus celestes para que nos protejan, nos instruyan y nos guíen».

 

El Papa Francisco se ha referido muchas veces a los ángeles en las homilías con ocasión de sus fiestas, animándonos siempre a dirigirnos a ellos cuando necesitemos ayuda. Os ofrezco algunas de sus palabras porque creo que pueden ayudarnos en nuestra vida cristiana y eclesial. Nos dice que los ángeles y los cristianos «cooperamos conjuntamente al plan de salvación de Dios». Que los ángeles «son los grandes contemplativos y van delante del Señor para servirlo, para alabarlo, para adorarlo…», actitudes que bien podemos imitar. Pero también, que el Señor los envía para ser nuestros compañeros y protectores, «la ayuda especial que el Señor promete a su pueblo, como puerta cotidiana abierta a la trascendencia y como brújulas para nuestro camino». Recientemente, en la Audiencia del pasado día 2, al hacer memoria de los Santos Ángeles, nos ha invitado a reforzar la certeza de que Dios, a través de ellos, acompaña la vida de cada uno de nosotros; y a pedir que nos ayuden a anunciar y vivir el Evangelio de Cristo para que el mundo se renueve en el amor de Dios.

 

Yo quiero terminar igualmente con esa súplica, por intercesión de Ntra. Señora de los Ángeles a quien también saludamos con esa advocación.

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