«El Señor no me va a fallar porque esta misión no viene de mí»

Romeo Prisca M'Bo nos cuenta cómo vive estos días previos a su ordenación sacerdotal, que recibirá de manos del arzobispo el próximo sábado en la iglesia del Carmen junto a otros tres jóvenes.

romeo prisca m'bo

 

El pasado 23 de noviembre recibió en la parroquia de San Gil de Burgos su ordenación como diácono y, tras haber pospuesto su celebración a causa de la crisis sanitaria, el próximo 19 de septiembre recibirá la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo en la iglesia del Carmen junto a sus compañeros Eugenio Castejón, Fernando Puigdomenech y Álvaro Zamora [la celebración podrá seguirse en directo en el Canal de YouTube de la diócesis]. Para Romeo Prisca M’Bo (36 años) concluyen siete intensos años de preparación en el Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater Santa María la Mayor de Burgos, en los que ha conjugado no solo su formación teológica, sino también momentos para convivir con otros seminaristas y realizar un periodo de actividad misionera en Porto San Giorgio (Italia) y un curso de actividad pastoral directa en la parroquia de El Salvador de la capital burgalesa. «Han sido años de aprendizaje, de conocerme a mí mismo y de darme cuenta de que lo que necesito para vivir no es solo material; un periodo para vivir la transparencia y darme cuenta de que existo para dar a los demás lo que he recibido del Señor», revela.

 

Asegura que ser sacerdote no es una decisión que venga de él: «He sentido la llamada y no he podido resistir». El octavo de trece hermanos, relata cómo después de llevar meses «hecho polvo», aceptó la invitación de su madre y su tía de acudir a las catequesis que el Camino Neocatecumental ofrecía en su pueblo, Ányama, cerca de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil. Allí descubrió lo que este movimiento le ofrecía, se sintió «escuchado y acompañado», encontró el «alivio» que tanto buscaba y empezó a caminar con ellos en 2007. Es entonces cuando, a través de varias convivencias con otros hermanos del movimiento, comienza a descubrir que Dios lo quería sacerdote, aunque en sus años como universitario «buscaba motivos para rechazar la llamada». Sin embargo, en uno de esos encuentros, alguien dijo por un micrófono: «Quien sienta que Dios le llama a dejar todo y anunciar el evangelio, que se ponga de pie». «Yo me levanté sin pensarlo. Bajé las escaleras del anfiteatro hasta el escenario contento y aliviado, el Señor me había ganado y me sentía afortunado de recibir su bendición para ser sacerdote». El Camino Neocatecumenal decidió enviarlo a formarse a su Seminario de Burgos, donde llegó en febrero de 2013. Aquí ha pasado los últimos años lejos de su tierra y de los suyos, pero descubriendo que la Iglesia es «su familia, su verdadera casa donde no existen fronteras».

 

A las puertas de su ordenación como sacerdote, asegura sentirse «impaciente», sabedor de que le espera una «misión dura», aunque «no imposible, pues es el plan que Dios ha pensado para mí y yo solo tengo que dejarme hacer para entrar en ese proyecto». «El Señor nunca me ha faltado, no me va a defraudar porque esto no viene de mí».

 

Imagina su futuro ministerio con ilusión y con el deseo de «servir y evangelizar, hacer presente a Cristo donde me toque», y hacerlo «con fervor y entusiasmo». Romeo se convertirá de esta manera en el primer sacerdote negro del presbiterio diocesano, algo que ve como un signo de la universalidad de la Iglesia: «La Iglesia es tarea de todos, está en todos los lugares, en ella no existen fronteras. Somos un único Pueblo, el Pueblo de Dios, y no hay diferencias de color. En el cura no hay banderas, es sacerdote de la Iglesia, es sacerdote de todos».

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