«Somos una gran familia, contigo»

Mensaje del administrador apostólico de la diócesis, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 1 de noviembre de 2020.

iglesia diocesana somos

 

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Como Iglesia peregrina nos alegramos hoy en la fiesta de Todos los Santos; y a ellos nos encomendamos como Comunidad diocesana que también quiere vivir el mensaje de las bienaventuranzas de Jesús. El próximo domingo celebraremos el Día de la Iglesia Diocesana. Una Jornada para que todos los católicos tomemos conciencia y nos sintamos dichosos de pertenecer a la Iglesia universal en y desde cada una de nuestras Iglesias locales. Un día para celebrar que, en una diócesis, en alguna de sus parroquias, cada uno de nosotros ha sido incorporado a la Iglesia por el bautismo, seguimos creciendo en la fe y en la vida cristiana, y nos sentimos como hermanos de una gran familia. Y esa familia es nuestra Diócesis de Burgos que, como dice el lema de la Jornada, cuenta contigo y con cada uno de nosotros: sacerdotes, religiosos, laicos…, porque es tarea de todos construirla, sostenerla y llevar adelante la misión evangelizadora que el Señor nos confía.

 

Precisamente estos días he concluido la Visita Pastoral a toda la Diócesis. Sabéis que fue un compromiso que he cumplido muy gratamente. A lo largo de estos cinco años he visitado, con la ayuda de Dios y vuestra, prácticamente todas las parroquias. Han sido muchos los encuentros personales y en grupo que he tenido con las diferentes realidades que conforman nuestra Diócesis. En las celebraciones eucarísticas hemos podido acoger la Palabra del Buen Pastor que guía siempre nuestros pasos. En los encuentros fraternos y festivos he disfrutado directamente de la vivencia de vuestra fe, de vuestras tradiciones, historia y costumbres, de vuestro muy bello, abundante y valioso patrimonio religioso, fruto de la fe de vuestros antepasados y, a veces, de vuestro compromiso para mantenerlo… Todo me ha servido para querer más a esta Iglesia y servirla mejor. Espero que mi paso haya ayudado a generar la esperanza e ilusión cristianas, siempre necesarias.

 

Ciertamente, la realidad de nuestra Diócesis es muy diversa entre el ámbito rural y el ámbito urbano. También las parroquias tienen su lógica diversidad y se ven afectadas por los retos que hoy tenemos frente a nosotros como comunidad cristiana: la desestructuración familiar, la secularización, la débil transmisión de la fe y de su dimensión comunitaria, la preocupante disminución de niños y jóvenes con la consiguiente falta de renovación generacional, la crisis vocacional, el serio problema de la despoblación, la exclusión social, la urgencia de la presencia pública… Son retos que tenemos frente a nosotros y que, con la fuerza del Espíritu, afrontamos en nuestra debilidad sintiéndonos siempre en las manos del Señor. Sin duda que la creatividad pastoral, que con frecuencia he ido constatando en vosotros, nos ayudan a ir abriendo nuevos caminos en la evangelización.

 

Quiero manifestar mi agradecimiento a tantas personas con las que me he ido encontrando y que dan vida a nuestras comunidades parroquiales desde la sencillez y el compromiso. La pertenencia a la Iglesia se cultiva en la medida en que se conoce y se participa. El conocimiento nos lleva al cariño y la participación nos compromete e integra. Por eso, es tan importante que aportemos en nuestras parroquias nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestra oración por los demás. Todos somos necesarios, todos edificamos y construimos la Iglesia que peregrina en Burgos.

 

El día de la Iglesia Diocesana nos recuerda también la necesidad de nuestro apoyo económico, responsable y generoso, a fin de contribuir al sostenimiento de la Iglesia y a sus múltiples acciones para llegar donde más se necesite su ayuda y atención. Así formamos parte de una gran familia en la que todos aportamos y nos enriquecemos, nos alentamos y nos ayudamos, nos queremos y nos sentimos enviados a sanar y curar. Una gran familia que cuenta contigo, porque contigo somos más para hacer el bien.

 

Para nosotros, el Día de la Iglesia Diocesana tiene este año una connotación muy especial: precisamente el próximo sábado comenzaremos nuestro Año Jubilar con motivo del VIII Centenario de la Catedral. Así lo hemos querido conmemorar y celebrar. Festejar los 800 años de nuestra Catedral, por tanto, no es realzar o enaltecer un edificio, sino contemplar a la Comunidad cristiana que, a lo largo de tantos años, siendo verdaderas «piedras vivas», lo ha ido construyendo, alentando, y llenando de vida. Por eso, el Año Jubilar tiene una dimensión fuertemente eclesial. Así se entiende que su apertura y su clausura se enmarquen en la celebración del Día de la Iglesia Diocesana.

 

Que Santa María, Madre de la Iglesia, nos ayude y acompañe como familia diocesana, en medio de la sociedad, para continuar la tarea misericordiosa de Jesús.

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