La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Burgos convocó una nueva concentración en la plaza de Mío Cid el pasado jueves, 13 de febrero ante el último fallecimiento por accidente laboral ocurrido en la provincia de Burgos: el de Camilo Ulises Olazar Ruiz, trabajador de origen paraguayo de 35 años de edad.
El accidente que le costó la vida a Camilo se produjo el pasado 6 de enero, día de Reyes, por la mañana, en la granja de ganado porcino de Madrigalejo del Monte en la que trabajaba. El suceso se produjo cuando la carga de estiércol que Camilo estaba descargando con el tractor se desmoronó sobre él, sepultándole. Cuando los servicios de emergencia acudieron al lugar solo pudieron certificar su fallecimiento. El funeral de Camilo Ulises Olazar Ruiz se celebró en Villangómez, la localidad donde residía.
En el comunicado leído por los militantes de la HOAC en la concentración, recordaron que «las personas trabajadoras tienen derecho a unos ambientes de trabajo y a procesos productivos que no comporten perjuicio a la salud física y mental». Los accidentes laborales no son cuestión de «mala suerte ni son inevitables». El trabajo debe ser un lugar donde, además de ganar un sueldo para vivir, los trabajadores puedan desarrollar nuestras capacidades y ponerlas al servicio del bien común, no un sitio donde morir. La HOAC de Burgos concluyó su comunicado explicando que no se resignan ante la siniestralidad laboral. «El trabajo es para la vida. ¡Ni un muerto más!», afirmaron.
La concentración terminó con el deseo de que sea la última vez que los militantes de la HOAC tengan que reunirse para denunciar la lacra de las muertes en accidente laboral. En España mueren dos trabajadores cada día; y, en 2024, la provincia de Burgos registró 248 accidentes laborales con víctimas, 15 de los cuales provocaron 17 fallecidos.
El pasado sábado, 8 de febrero, los catequistas del arciprestazgo de Burgos-Vega tuvieron una jornada de formación sobre acompañamiento, uno de los acentos centrales de este curso en la pastoral de la archidiócesis.
La jornada de formación sobre el acompañamiento en la catequesis fue dirigida por Laura Terradillos, psicóloga, profesora en el colegio Padre Aramburu y voluntaria en el Centro de Orientación Familiar (COF) de la archidiócesis. A esta jornada acudió un buen grupo de catequistas procedente de las distintas parroquias del arciprestazgo.
La semana pasada, Madrid acogió el Congreso de Vocaciones ¿Para quién soy? Asamblea de llamados para la misión, que congregó a más de 3.000 participantes de todas las diócesis de España, congregaciones, movimientos y demás realidades eclesiales, con una importante presencia de nuestra Iglesia burgalesa.
El encuentro, que se celebró en torno a la Palabra, la comunidad, el sujeto y la misión, fue recorriendo estos cuatro itinerarios con la intención de proponer la vida como vocación frente al individualismo y la falta de conciencia de la propia misión que imperan en la sociedad actual. La propuesta era clara: en un tiempo donde todas las vocaciones son esenciales para la comunión y la misión de la Iglesia, hemos de presentar a la persona principalmente como un don.
Sólo en la medida en que se vive como don, se descubre el sentido. Una premisa que, indudablemente, conlleva las dimensiones comunitaria, eclesial y social en la vida de todo cristiano: el servicio a los demás nace de entender la vida como una respuesta a la llamada de Dios y a las llamadas que percibo de quienes nos rodean.
Con el objetivo de avivar en el Pueblo de Dios el deseo y la necesidad de las vocaciones, el congreso se planteó como un interrogante que ha de acompañarnos durante todos los días de nuestra vida: ¿Para quién soy?
Esta es la pregunta que hace el Papa Francisco en la exhortación postsinodal Christus vivit (286), para intentar unir dos inquietudes del corazón humano, la identidad y el sentido de la vida. «Soy una misión en esta tierra» (EG, 273) es la síntesis que las reúne. Así, la pregunta sitúa la búsqueda de respuesta en el ámbito del discernimiento que se realiza en la Iglesia, como una gran asamblea de llamados por distintos caminos vocacionales.
«Para quién soy» es una pregunta fundamental, el antídoto contra el aburguesamiento que tantas veces nos tienta. Cada uno de nosotros busca en Dios un amor que, nacido de sus entrañas, encuentra en Él el sentido más profundo de la existencia (cf. Gaudium et spes, 22). La Iglesia, fiel a este compromiso, cree que Cristo, muerto y resucitado por todos, «da al ser humano su luz y su fuerza por el Espíritu Santo» a fin de que «pueda responder a su máxima vocación» y que «no ha sido dado bajo el cielo otro nombre en el que pueda ser salvado» (GS, 10).
Sólo de esta manera, promoviendo todas las formas de vida cristiana en comunión, mirando el mundo desde esta perspectiva, podremos comprender la vida como vocación y misión, las dos caras de una misma moneda.
El Espíritu nos alienta a responder a sus inspiraciones. Y, en ese aspecto, como en todos los de la vida, la fe adquiere un papel esencial, pues manifiesta el plan divino sobre cada uno de nosotros. «La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios» (GS, 19). Y en esta unión por el amor consiste la santidad que es la vocación fundamental de todos. Desde su mismo nacimiento, cada uno de nosotros «es invitado al diálogo con Dios (…) Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador».
Dios nos eligió como pueblo suyo. Y lo hizo porque Él mismo, encarnado en Jesucristo, participa de nuestra vida y nos enseña a vivir la vocación a la que nos ha llamado. Si el Hijo de Dios, quien nos ama infinitamente, se entregó por nosotros (cf. Gal 2, 20), hagamos nosotros lo mismo amando a todos, incluso a nuestros enemigos, haciendo el bien a quienes nos odian y orando por los que nos persiguen y calumnian (cf. Mt 5, 43-44).
Sólo así, de la mano de la Virgen María, descubriremos que somos para Él y, desde Él, para los demás, y que nuestra misión es llevar la luz del Evangelio hasta los confines de la Tierra. Porque el Señor nos hizo para que seamos eternamente suyos y, parafraseando a san Agustín, nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en sus manos.
Fieles a su cita en el calendario de febrero, los niños y niñas que acuden a las catequesis de confirmación en las parroquias de la archidiócesis se han reunido hoy para celebrar su encuentro anual. Bajo el sobrenombre «VEM», los pequeños se han acercado el mundo de las vocaciones, al trabajo de los misioneros y al sacramento de la eucaristía a través de juegos, yincanas y diversos talleres. Además, en medio del Año Santo ‘Peregrinos de Esperanza’, han celebrado el Jubileo peregrinando hasta la catedral, donde han realizado una pequeña oración.
La mañana ha transcurrido realizando varios talleres según las edades. Los más pequeños han amasado pan y conocido el trabajo que realiza Cáritas, teniendo como trasfondo el sacramento de la eucaristía, del que participaron por primera vez el curso pasado al celebrar su comunión. Los niños de quinto de primaria han participado en un festival donde, a través de testimonios, han conocido algunas de las principales vocaciones con las que vivir el bautismo: el matrimonio, el sacerdocio y la vida consagrada. Finalmente, los mayores de sexto han buceado en el trabajo que realizan los misioneros en todo el mundo y han descubierto cómo ellos pueden ayudar a otros niños.
Después de la comida, han emprendido rumbo a la catedral, en cuyas inmediaciones han disfrutado con los juegos de una gran yincana. Ya en el interior del templo, han realizado una oración con la que han celebrado el Jubileo y han depositado unas flores de papel a los pies de Santa María la Mayor.
Se cumplen once años desde que se pusiera en marcha esta iniciativa, que aúna el trabajo que realizan tres departamentos diocesanos: el secretariado para la Pastoral Vocacional y las delegaciones de Misiones y Catequesis. En la edición de este año ha participado más de un centenar de chavales. Su colaboración económica se sumará al proyecto solidario que Manos Unidas desea emprender este año desde Burgos en una localidad de Haití.
Imagen del retiro Bartimeo Cáceres-Alcuéscar. | Foto: Lourdes Crespo.
Después de la llegada hace unos años de los retiros de Emaús y Effetá a la archidiócesis, el próximo mes de marzo se va a celebrar en Burgos el primer retiro de Bartimeo para chicos y chicas de 16 y 17 años, que organiza la parroquia de San Martín de Porres de la capital. Bartimeo es una adaptación de los retiros de Emaús para adolescentes de 16 y 17 años que busca propiciar un encuentro de los adolescentes con el Señor, como en el relato de Bartimeo (Mc 10, 46-52) que los adolescentes puedan sentir la voz de otros adolescentes que les dicen :«Ánimo, levántate que te llama».
Este retiro está dirigido a jóvenes de una edad en la que aún se pueden prevenir muchas heridas, aunque también es cierto que muchos llegan a ellos con el objetivo también de que se encuentren con otros jóvenes que buscan vivir en verdad, y se creen amistades en Cristo. En este retiro se dan encuentros con Dios muy impactantes, pero también es verdad que muchos llegan a ellos después de haber pasado por mucho sufrimiento y con la vida muy rota. Por ello, desde la archidiócesis se quiere invitar a jóvenes de esta franja de edad para «poder vivir este gran regalo», como asegura una de las coordinadoras del retiro, Alexandra del Cerro.
En este retiro se invita a los adolescentes a descubrir la presencia de Dios en su vida, pensado sobre la escena del ciego Bartimeo, que al recuperar la vista descubre a Jesús, y pretende hacerles ver que Jesús no permanece indiferente a sus problemas, miedos, dolores… sino que siempre que se le llama acude. Al igual que en Emaús y Effetá, los jóvenes que asisten al fin de semana del retiro Bartimeo participan de varias dinámicas en las que sientes de verdad el amor que Dios les tiene y en las que aprenden a amarse a si mismos. Es muy testimonial, muy intenso y completo, y abarca toda su vida.
El I Bartimeo Burgos comenzará a las 18:00h de la tarde del viernes, 7 de marzo, en la casa de las Hijas de la Caridad de Rabé de las Calzadas. Para participar en este retiro hay que inscribirse en este enlace.