Tres profesores de la Facultad de Teología participan en Vitoria en el Congreso Internacional sobre el Concilio de Nicea

por Natxo de Gamón,

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La Facultad de Teología del Norte de España, Sede de Vitoria-Gasteiz ha organizado un Congreso Internacional sobre el Concilio de Nicea que ha contado con la presencia de cerca de 200 asistentes, entre los que se encontraban tres profesores de la Sede de Burgos: Saturnino López Santidrián, José Luis Cabria Ortega y Carlos Izquierdo Yusta. La reunión científica, dirigida a profesores, investigadores y alumnos universitarios de la Facultad, ha tenido lugar los pasados miércoles, 9 y jueves, 10 de abril.

 

El Congreso ha estado presidido por Mons. Juan Carlos Elizalde Espinal, obispo de Vitoria y vice-gran canciller de la Facultad de Teología del Norte de España, quien ha mostrado sus satisfacción por el programa y por la concurrencia de personas interesadas en el Concilio de Nicea 1.700 años después de su celebración. Estas mismas fueron las palabras del decano de la Sede de Vitoria, José Ángel Echeverría Echeverría OFM Cap., profesor de Historia de la Iglesia y coordinador el grupo de profesores que han integrado el comité científico del Congreso.

 

Saturnino López Santidrián, catedrático emérito de Historia de la Iglesia en la Sede de Burgos presentó el contexto del Concilio, destacando la relación entre el emperador Constantino y el obispo Osio de Córdoba, quien ya participó en los Concilios de Elvira (305) o Arlés (314). Marek Raczkiewicz CSsR, profesor de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid y de la Universidad Pontificia Comillas, ha profundizado en las líneas teológicas previas al Concilio, haciendo especial hincapié en san Justino y san Ireneo, afirmando que «la teología asiática desarrolla con suficiente precisión la filiación de Jesucristo y su encarnación». Sus palabras fueron todo un homenaje a dos grandes patrólogos españoles: Antonio Orbe y Juan José Ayán Calvo. Gracias a su ponencia, el público ha podido conocer las bases de las cristología de Arrio.

 

Por su parte, Carlos Izquierdo Yusta, profesor de la Sede de Burgos, ha destacado la aportación de algunos padres del Concilio como Eusebio, obispo de Nicomedia, gran amigo de la familia imperial, que acogió a Arrio en su destierro. Igualmente, Marcelo de Ancira y su estancia en Roma con el papa Julio o las dificultades del obispo de Alejandro de Alejandría y su sucesor, el jovencísimo Atanasio, exiliado hasta en cinco ocasiones.

 

Mons. José Rico Pavés, obispo de Asidonia-Jeréz y el metropolita Kyrillos Katerelos, obispo ortodoxo griego de Krini y exarca de Malta, han sido los encargados de estudiar el desarrollo de las sesiones conciliares de Nicea, iniciadas el 20 de mayo de 325. Mons. Rico Pavés se detuvo en las fuentes, gracias a una reciente publicación del profesor chileno Samuel Fernández. Por su parte, Katerelos, profesor en varias universidades europeas, ha reclamado más atención a la cristología de Nicea que reflexiona sobre la divinidad de Jesucristo en un mundo que se ha olvidado de los divino y de lo trascendente, dejando todo al emotivismo, a lo superficial y a lo inmediato.

 

La visita a la catedral de Santa María de Vitoria para asistir a una breve celebración ecuménica, con la presencia añadida del obispo anglicano Carlos López, y a una ruta arqueológica por cubiertas y cimientos ha coronado la tarde de la primera jornada del Congreso.

 

El segundo día ha permitido escuchar hasta ocho comunicaciones con temas como orígenes, razón y fe, epistemología, filantropía, exégesis y arte plástico. Entre ellas ha destacado la de otro teólogo burgalés, José Luis Cabria, catedrático de la Sede de Burgos, que ha hablado de razón y fe en Nicea. También es destacable la conferencia de Silvia Martínez Cano sobre arte y teología en el contexto de Nicea y las conclusiones del Congreso, que fueron recogidas por el padre Pablo Gonzalo Hernández CP y que serán publicadas en los próximos días.

Costaleros, ¡viva el Santísimo Cristo de Burgos!

por redaccion,

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Paso a paso. Lentamente, pero con majestuosidad. Así ha recorrido esta tarde el Santísimo Cristo de Burgos las calles de su ciudad gracias al callado trabajo de una treintena de costaleros que, hombro a hombro, portan con cariño la venerada imagen después de una intensa Cuaresma de ensayos. «Somos muchos, incluso vamos muy apretados y no vemos nada», confiesa Óscar Tejero, uno de ellos. Debajo del paso, la confianza en el capataz que dirige sus movimientos es total: «Si él dice que hacia adelante, tienes que tener fe en que hay que ir hacia adelante, en que no te vas a chocar y vas a llegar a buen puerto».

 

Óscar tiene 54 años y los catorce últimos los ha vivido como miembro de la Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos y de Nuestra Señora de los Dolores, de la parroquia de San Gil. Ingresó gracias a un amigo de su hijo y ahora toda su familia forma parte de esta ‘familia’: «Yo antes vivía la Semana Santa de vacaciones y, por culpa de Dani, que metió a mi hijo en este mundillo, ahora estamos dentro ‘hasta el cuello’», explica. Tanto, que forma parte de la junta directiva de la hermandad y cuenta los días para volver a meterse debajo del paso de Saturnino Calvo para portar, esta vez, la imagen de la Virgen de los Dolores, en la procesión del Encuentro del Jueves Santo. Y es que, como confiesa, «vivir la Semana Santa debajo de un paso es completamente diferente».

 

Sentimiento similar es que manifiesta Dani Lope, quien a sus 20 años dirige a los 50 miembros de la Banda de Cornetas y Tambores que acompaña al Cristo. Sus redobles de sus tambores marcan los pasos de los costaleros y la música que suena de sus cornetas y tambores envuelve de solemnidad una de las procesiones más antiguas de la ciudad. «Tenía cinco años cuando entré en la cofradía» y en su banda de ‘tamborcitos’, recuerda, «y siempre veía con mis padres las procesiones. Reconozco que entonces me daban un poco de miedo los tambores», pero con el paso de los años se fue «acercando a la Iglesia, entendiendo que no tocaba porque sí ni para hacer ruido», hasta que acabó «descubriendo la fe».

 

Los orígenes de la procesión del Santísimo Cristo de Burgos se remontan al año 1592, cuando la «Cofradía Noble de la Sangre de Cristo» sacaba a la calle cada Domingo de Ramos la reliquia de las milagrosas gotas de la sangre. Y es que, según cuenta la tradición, la venerada imagen sangró en 1366, cuando el convento Trinitario donde se veneraba se vino abajo. Una piedra golpeó la cabeza del Cristo y de la talla manó sangre, que se recogió en un sudario que se custodia en la iglesia de San Gil desde 1836. Un año más, y disipando la lluvia, como uno más de sus milagros, el Señor de Burgos ha vuelto a salir a la calle.

La lluvia desluce la mañana del Domingo de Ramos

por Natxo de Gamón,

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Un cielo gris plomizo no prometía nada bueno para la mañana del Domingo de Ramos. Tanto es así que ha obligado a cambiar de plan en varios momentos de la mañana. La procesión con el paso de la Borriquilla, que partía desde la parroquia de San Lorenzo el Real, lo ha tenido que hacer a buen ritmo y sin la bendición de los ramos por parte del arzobispo. El tiempo apremiaba y cada minuto contaba para llegar a la Catedral esquivando la lluvia.

 

Ya en la plaza de Santa María, los cofrades de la Coronación de Espinas y de Cristo Rey respiraban aliviados al llegar a la Catedral sin haber recibido ni una gota de lluvia. En la portada les esperaba Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, acompañado del arzobispo emérito, Mons. Fidel Herráez Vegas; del deán-presidente del Cabildo Metropolitano, Félix José Castro Lara, del abad de la Semana Santa, Agustín Burgos Asurmendi, y de otros sacerdotes.

 

Ha sido en el trascoro del templo mayor de la archidiócesis donde el arzobispo de Burgos ha podido bendecir, finalmente, los ramos y las palmas que han acompañado al paso de Jesús en la Borriquilla. Tras la proclamación del Evangelio, han partido en procesión por las naves del templo hasta el altar mayor, donde se ha celebrado la Santa Misa.

 

En su homilía, el arzobispo ha propuesto tres momentos para la reflexión, centrados en la pregunta esencial que plantea esta fiesta: «¿Eres tú mi rey? ¿Quién reina en nosotros?».

 

Mons. Iceta ha recordado que Jesús no se presenta como un rey conquistador, sino humilde, montado en un borrico: «No viene a conquistarnos, no se presenta a caballo con una gran fuerza de huestes conquistadoras, viene humilde en un borrico y se presenta ante tu puerta». En este contexto, ha apelado a la libertad personal para acogerlo: «Mira que estoy a la puerta y llamo, llamo a tu puerta, llamo en esta Semana Santa. ¿Cuántas Semanas Santas he llamado a tu puerta y no me has abierto?».

 

El arzobispo ha animado a dejar entrar al Señor en el corazón para alcanzar la verdadera paz: «Estoy cansado de servir a reyes que me extenúan y me amargan. Que se haga la paz en el corazón. Tú eres el rey de paz». A partir de esta llamada, ha explicado que solo puede seguirse de verdad a Jesús cuando se ha experimentado su misericordia: «Los que han recibido tanta misericordia de él, que han experimentado tanta bondad, son capaces de seguirle también a la Pasión».

 

Mons. Iceta ha descrito la entrada de Jesús en Jerusalén a la luz del simbolismo bíblico, recordando cómo el pueblo lo aclama al estilo del rey Salomón y del profeta Zacarías: «Viene a ti tu rey montado en un pollino». Lejos de las pretensiones de poder, el Señor se presenta con humildad, como los jueces del Antiguo Testamento: «No para conquistar Jerusalén sino para desbordarla de su amor y de su misericordia».

 

En el último momento de su homilía, el arzobispo ha hecho referencia a la unción en Betania, cuando María unge los pies de Jesús con perfume. En ese gesto ha visto una profecía del amor que Cristo entregará en la cruz: «Ella me está ungiendo ya para mi sepultura y está adelantando la unción del Espíritu Santo en la cruz. Está profetizando mi entrega de amor y ella que ha conocido el amor me unge los pies».

 

«Es la entrega de Cristo lo que pone en paz todas las cosas», ha afirmado. Y ha subrayado que la paz verdadera no puede venir de nuestros cálculos, sino del amor de Dios que transforma: «La paz definitiva no viene de nuestros cálculos, la paz definitiva viene del amor de Dios que transforma nuestros corazones».

 

Mons. Iceta ha concluido su homilía animando a vivir esta Semana Santa desde el interior: «No solo acompañemos por fuera, acompañemos por dentro. Entra en el corazón, dame tu paz y yo te seguiré y daré testimonio de ti». También ha recordado a la Virgen María y su cercanía al dolor del Hijo: «Cuánto sufre una madre viendo sufrir y acompañando el sufrimiento a un hijo. También que María nos invite a acompañarla en estos días de amor y de esperanza».

 

Al concluir la celebración eucarística, el abad de la Semana Santa ha anunciado que la Cofradía iba a tratar de sacar el paso para la procesión general, aunque se iba a omitir la solemne bendición de ramos por parte del arzobispo en la plaza del Rey San Fernando, en un nuevo intento de esquivar la lluvia. Un intento infructuoso, porque Jesús en la Borriquilla ha llegado a la puerta del templo, se ha asomado y la lluvia le ha obligado a retroceder impidiéndole salir de la Catedral.

 

Nuevamente en el trascoro, se ha tomado la decisión de suspender la procesión oficial debido a las inclemencias metereológicas. Los anderos han bailado el paso mientras la banda de la Sangre del Cristo de Burgos interpretaba una marcha y, tras ello, han esperado el cese de las precipitaciones para retornar con el paso a la parroquia de San Lorenzo.

«Semana Santa, la entrega de Cristo por amor»

por Natxo de Gamón,

santísimo cristo de burgos domingo de ramos

 

Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

«Bendito el que viene en nombre del Señor. ¡Hosanna en el cielo!» (Mt 21, 9). Hoy, con el Domingo de Ramos, comenzamos la Semana Santa: el momento litúrgico más importante de todo el año, cuando celebramos los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

 

Me gustaría recorrer estos días tan especiales junto a vosotros, caminando a vuestro lado, llevando la cruz, padeciendo los mismos sufrimientos y compartiendo las mismas alegrías del Señor, hasta el Domingo de Pascua.

 

Como preparación para esta Semana, os animo a celebrar el sacramento de la Penitencia, para morir al pecado y resucitar con Cristo, y agradecerle, así, el don de su infinita misericordia para nuestra debilidad y miseria.

 

Comenzar por la compasión es la mejor propuesta del camino cristiano, como ha destacado en multitud de ocasiones el papa Francisco: «El perdón es el oxígeno que purifica el aire contaminado por el odio, el perdón es el antídoto que cura los venenos del rencor, es el camino para calmar la rabia y sanar tantas enfermedades del corazón que contaminan la sociedad” (Ángelus, 17-IX-2023).

 

Tras resucitar a una vida nueva para mirar el futuro con esperanza, poniendo en primer lugar a Dios y ya reconciliados con Él (2 Co 5, 20), nos adentramos en esta semana en la que acompañamos a Jesús en su entrega definitiva.

 

Hoy recordamos la acogida que el pueblo de Jerusalén concedió al Señor cuando hizo su entrada triunfal en la Ciudad Santa. Al grito de «¡Hosanna!», la multitud le daba una bienvenida entre ramos de palmas y de olivos y que, días más tarde, gritaría «¡Crucifícalo!».

 

Día tras día, nos vamos adentrando en este misterio de Salvación que nos recuerda que la mejor manera de ser fiel al mandato del amor es estando junto al oprimido y al que sufre, aunque nos cueste la propia vida.

 

Jesús, mientras pide al Padre en el Huerto de los Olivos que pase de Él ese cáliz, en el duro camino hacia el Calvario donde fue expuesto al mayor de los oprobios o cuando está clavado en la Cruz, aunque se siente abandonado, no cede a la desesperación, sino que se encomienza y confía mostrándonos el camino de la vida, la esperanza y la paz.

 

Y esta ha de ser nuestra tarea durante esta Semana: hemos de plantearnos por qué el Señor muere y resucita por nosotros, y no quedarnos en el sentimiento de profunda e incomprensible desolación que, en momentos, puede habitarnos. Detalle a detalle, nos adentramos en la entrega de Cristo por amor: un amor de piedad, compasión y ternura que ve en las personas rechazadas y excluidas los iconos vivos de Cristo, desde su Pasión, pasando por su Muerte, hasta su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

 

«La humillación y la exaltación son la clave para comprender el misterio pascual y para penetrar en la admirable economía de Dios, que se realiza en los acontecimientos de la Pascua», señaló el papa san Juan Pablo II durante la celebración del Domingo de Ramos en el año 2000. Y cuando andemos agobiados por nuestros problemas, podremos contemplar cómo Cristo, abajado hasta una muerte de cruz y exaltado en la gloria a la derecha del Padre, «se ofrece a sí mismo como única respuesta válida», nos advertía el Papa santo, porque «no existe ninguna otra respuesta tan sencilla, completa y convincente».

 

Ponemos cada momento de esta Semana Santa en la maternal intercesión de la Virgen María, la Madre del Señor, que acompañó a su Hijo Jesús hasta el final, que se transforma precisamente en el principio de la creación nueva. Y le pedimos que nos permita acompañarla, de manera especial durante estos días de Pasión y Gloria, para celebrar –junto a Él, rebosantes de alegría– la gloria de la Resurrección.

 

Con gran afecto, os deseo una Semana Santa llena de gracia y de esperanza.

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

La Madre de las Angustias y las angustias de las madres

por redaccion,

 

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«Sufrir por nuestros seres queridos es muy de madre», explica Victoria Calderón. Por eso, esta noche, al portar sobre sus hombros la imagen de la Virgen de las Angustias, no ha dudado en «compartir el dolor de María con otras muchas personas que están pasando por momentos difíciles», «convirtiendo este sufrimiento en amor».

 

Entre las zozobras que hay en el corazón de una madre siempre está la incertidumbre ante el bien de sus hijos. Rezar por los suyos es lo que le ha «impulsado» a salir este Sábado de Pasión en procesión, después de haber ingresado este año en la Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento y Jesús con la Cruz a Cuestas, de la parroquia de San Cosme y San Damián, al estar atravesando por un «momento de conversión». Y lo ha hecho «con emoción» y esperando que las vivencias de hoy le ayuden «a conectar mucho más con el corazón de María y el corazón de Jesucristo».

 

Junto a ella, otras treinta y cinco mujeres de diversas cofradías de la ciudad han llevado sobre sus hombros la imagen de la Virgen de las Angustias, obra del escultor imaginero Juan Manuel Montaño Fernández. Este año, la imagen estrenaba una túnica blanca y alguna joya nueva, arrancando vivas y aplausos a lo largo del recorrido, que ha librado a duras penas la lluvia. Tras salir de la iglesia de San Cosme y San Damián, la imagen ha enfilado la calle del mismo nombre, ha cruzado el Arlanzón por el puente Santa María y ha llegado hasta la plaza del Rey San Fernando, donde se ha cantado un Ave María. Después, la talla ha regresado hasta su sede por el mismo itinerario.

 

En la procesión también han participado representantes de otras cofradías y hermandades de la ciudad y la banda de cornetas y tambores de la Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento y Jesús con la Cruz a Cuestas, coordinadora del acto.

 

Si el tiempo no lo impide, mañana, Domingo de Ramos, el programa de actos contará con las procesiones de la Borriquilla (con salida a las 9:45 desde la iglesia de San Lorenzo, que se reanudará tras la misa a las 11:00 en la catedral presidida por el arzobispo, mons. Mario Iceta), y del Cristo de las Santas Gotas, por la tarde (desde las 20:00 horas, con salida desde la parroquia de San Gil).