Este viernes arrancan los ‘Encuentros en el mundo rural’ en Villahoz

por Natxo de Gamón,

bedneyimages / Freepik.

 

Desde hace tres años, la archidiócesis de Burgos desarrolla cada curso una campaña de reflexión y concienciación a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, como fruto de la propuesta aprobada en la Asamblea diocesana concluida en 2022. Tras haber dedicado la campaña en los años anteriores al trabajo digno y a la economía para el bien común, en este curso 2025-2026 la campaña se centra en el mundo rural, abordado desde diversos puntos de vista (agricultura y ganadería, patrimonio, despoblación y personas mayores, trabajo, juventud, servicios, inmigración, política, vivienda, religiosidad popular…).

 

Una de las actividades previstas es realizar mensualmente en una localidad distinta un encuentro sobre una temática relacionada con el mundo rural en Burgos. Estos encuentros pretenden conocer mejor la realidad de la mano de sus protagonistas, reflexionar a partir del Magisterio de la Iglesia y poner en valor algunas experiencias de presencia y compromiso de cristianos concretos y de la Iglesia en este ámbito.

 

El primero de estos encuentros tendrá lugar en el salón de actos de Villahoz el próximo viernes, 14 de noviembre, a partir de las 17:00h. Tras una presentación a cargo de dos personas del arciprestazgo del Arlanza, intervendrán Fernando Porres y Ángela Rojo para presentar la situación de la agricultura y la ganadería en la provincia y en concreto en la comarca del Arlanza; a continuación, Maribel Briones, miembro del consejo arciprestal, desgranará algunos textos y reflexiones de la Iglesia sobre este tema; y posteriormente hablará de su experiencia Julia Quintana, cristiana de Cilleruelo de Abajo, trabajadora del campo y con amplia experiencia en asociacionismo. Este encuentro está abierto a cuantas personas quieran participar en él.

«Menos promesas, más acción»: el Círculo de Silencio reclama compromisos reales frente al cambio climático

por Natxo de Gamón,

<
>

 

El paseo de la Sierra de Atapuerca ha acogido este lunes una nueva edición del Círculo de Silencio, convocado bajo el lema Menos promesas, más acción. En su convocatoria número 143, el gesto mensual de oración y reflexión ha querido unir su voz a la de quienes reclaman una acción política y social más decidida frente a la crisis climática, coincidiendo con la inauguración de la Cumbre del Clima COP 30, que se celebra estos días en Belém (Brasil).

 

Organizado por la Delegación de Pastoral para las Migraciones y la Movilidad Humana, el Círculo de Silencio ha contado con la participación del Departamento para la Promoción de la Ecología Integral de la archidiócesis de Burgos, recordando la estrecha relación entre el cambio climático y las migraciones forzosas, simbolizada mediante unas maletas y paraguas colocados en el centro del círculo. Como han subrayado los organizadores, «el clamor de la tierra y el clamor de los pobres, las familias, los pueblos indígenas, los migrantes involuntarios y los creyentes de todo el mundo» —en palabras del papa León XIV— urgen a una conversión ecológica que implique a todos los niveles de la sociedad.

 

El mensaje central del encuentro se ha articulado en torno a tres ejes: justicia en la acción, reclamando el fin de la era fósil y un calendario vinculante para eliminar el carbón, el petróleo y el gas; justicia en la transición, que garantice empleos dignos y un apoyo decidido a la agroecología; y justicia financiera y fiscal, que reconozca la deuda ecológica del norte global y promueva un «jubileo por el clima» en favor de los países más vulnerables.

 

Los participantes han pedido que la COP 30 se traduzca en decisiones concretas y verificables, y no en declaraciones vacías. «No solamente pedimos —se recordó—, sino que también nos comprometemos: todos podemos hacer algo más y algo mejor para cuidar nuestro entorno y acoger a quienes llegan huyendo de la pobreza, la violencia o los desastres naturales».

 

Con este gesto silencioso, la Iglesia de Burgos ha querido renovar su compromiso con el cuidado de la creación, la justicia climática y la solidaridad global, sumándose a la llamada del papa a pasar de las palabras a los hechos en la defensa de la casa común.

Eucaristía y esperanza se dan la mano en la fiesta del Reservado

por redaccion,

<
>
Más: galería fotográfica completa

 

No hay Iglesia sin eucaristía, no hay eucaristía sin Iglesia. Esta máxima teológica ha sido una realidad a lo largo de la historia, también en Burgos. La celebración que presiden los obispos ha alimentado a los cristianos en la milenaria vida de la Iglesia por estas tierras, desde sus orígenes, en Oca, hasta Burgos, pasando por Valpuesta, Sasamón, Muñó o Gamonal.

 

Esta línea del tiempo ha quedado reflejada en una alfombra de serrín preparada con mimo por los seminaristas en uno de los días clave de su calendario. Al 950 aniversario del asentamiento definitivo de la sede episcopal en Burgos, los candidatos a recibir un día el sacerdocio han querido vincular también el Jubileo Universal ‘Peregrinos de Esperanza’ y el 75 aniversario del dogma de la Asunción de María. Una amalgama de aniversarios para dar contexto a su fiesta del Reservado, una entrañable celebración eucarística con la que recuerdan la primera ‘reserva’ del Santísimo Sacramento en el sagrario de su capilla.

 

El vicario episcopal territorial ha sido el encargado de dirigir la meditación de esta tarde, donde ha subrayado que en un mundo desalentado «que navega en la incertidumbre», «Jesús nos transforma como el barro en manos del alfarero» para «regalarnos esperanza», como ha sucedido a lo largo de los siglos. Para Julio Alonso, «es justo mirar al pasado para agradecer a tantas personas que nos han trasmitido la llama de la fe». Ahora, ha dicho, «nos toca a nosotros avivar esta llama que se nos ha regalado, aportando nuestros carismas y tareas, compartiendo con los demás y viviendo una espiritualidad de comunión» a través de la «argamasa del afecto, el cariño y la amistad», mostrando un claro compromiso hacia los más necesitados.

 

El rezo de vísperas y la procesión eucarística por los pasillos del Seminario han sido el punto culminante de una jornada que comenzaba esta mañana con la misa presidida por el arzobispo, mons. Mario Iceta y tras la cual el Santísimo Sacramento ha quedado expuesto durante todo el día.

 

Fue en 1898 cuando el Seminario diocesano de San José abrió sus puertas con una solemne eucaristía, un año después de que el cardenal fray Gregorio María Aguirre y el beato Manuel Domingo y Sol impulsaran su construcción. Desde entonces, y cada segundo domingo de noviembre, los seminaristas y los sacerdotes que allí han recibido su formación se citan para celebrar esta fiesta.

«Una vida sin santidad no merece la pena»

por Natxo de Gamón,

<
>

 

El Seminario Diocesano de San José está celebrando este domingo, 9 de noviembre, la fiesta del Reservado, en la que se recuerda la primera vez en la que el Santísimo Cuerpo de Cristo fue «reservado» en el sagrario de la capilla del edificio.

 

Con ese motivo, Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, ha presidido la celebración eucarística que ha tenido lugar en la capilla mayor del Seminario, concelebrada por el rector, los formadores del Seminario y algunos sacerdotes que han querido acompañar a la comunidad.

 

Antes de comenzar la celebración, el arzobispo ha subido al coro de la capilla para bendecir el órgano recién instalado en éste. Mons. Iceta ha mantenido un diálogo con el órgano —interpretado por Enrique Martín, organista titular de la catedral de Santa María Magdalena de Getafe y profesor de órgano en el Conservatorio Profesional de Música Rafael Frühbeck de Burgos—, y después lo ha asperjado con agua bendita y lo ha incensado.

 

En la homilía, el arzobispo ha tomado como referencia la carta del papa León XIV a la comunidad del Seminario Mayor Arquidiocesano San Carlos y San Marcelo de Trujillo, en Perú —del que fue formador y director de estudios—, con ocasión del cuarto centenario de su fundación, y que se hizo pública el pasado 4 de noviembre.

 

Mons. Iceta ha entresacado de esa carta diez puntos importantes que, a su juicio, los seminaristas —y también los sacerdotes— tendrían que tener muy cuenta para llegar a ser pastores santos.
En primer lugar, «estar con el Señor. Dejar que él os forme. Amarle para parecerse a él». También que, antes de cualquier cosa, «que el Señor aclare las motivaciones y purifique las intenciones. Lo decisivo no es ordenarse, sino ser verdaderamente sacerdotes».

 

«La vida del Seminario», ha dicho Mons. Iceta, «es un camino de rectificación interior». «Confesión frecuente, dirección espiritual sincera y obediencia confiada» son las claves, ha explicado, para lograr «seminaristas de corazón limpio, que busquen a Cristo sin doblez». Por ello, también es fundamental un discernimiento «continuo». «La sinceridad ante Dios y ante los formadores protege de la autojustificación», ha señalado.

 

El arzobispo ha recordado que el corazón del seminarista «se forma en el trato personal con Jesús». «En la oración se aprende a conocer a Jesús. El tiempo dedicado a la oración es la inversión más fecunda de la vida. No puede hablar de Dios quien poco habla con Dios. El Pueblo de Dios tiene una sensibilidad especial para detectar cuando las palabras de un sacerdote son vacías», ha apuntado.

 

La Iglesia ha reconocido siempre que el estudio es «indispensable para que la fe se haga sólida. El trabajo intelectual —especialmente, el teológico—, estudiar, es una forma de amor a Dios. Sin estudio serio no hay verdadera pastoral», ha afirmado Mons. Iceta.

 

También ha apuntado que la vida espiritual debe orientarse «hacia el Altar». «Al nutrirse de la Eucaristía, se comprende la unidad entre ministerio y sacrificio. Cuando la Cruz se asume, la Eucaristía se convierte en el verdadero centro de la existencia». El arzobispo ha asegurado que hay un «nexo» entre sacerdote y Eucaristía. «No puedo comprender a los sacerdotes que no celebran diariamente la misa». «La Eucaristía configura mi corazón. El corazón tiene que ser de la Eucaristía».

 

La unión con Cristo en el Sacrificio eucarístico se prolonga en la paternidad sacerdotal. «Un verdadero padre no vive para sí, sino para los suyos. Por eso, «el sacerdote debe llevar en su corazón a su pueblo». Tal paternidad se expresa en actitudes de entrega: «el celibato como amor indiviso a Cristo y a su Iglesia», «la obediencia como confianza en la voluntad de Dios», «la pobreza evangélica como disponibilidad para todos» y «la misericordia y fortaleza que acompañan las heridas y sostienen en el dolor».

 

Además, les ha invitado a huir de la mediocridad, tan presente en nuestros días. Mons. Iceta ha descrito algunos de los peligros que encarna, y que el papa León XIV recoge en su carta: «la mundanidad que disuelve la visión sobrenatural de la realidad», «el activismo que agota», «la dispersión digital que roba interioridad», «las ideologías que desvían del Evangelio» y «la soledad de quien pretende vivir sin el presbiterio y sin su obispo». «Solos sois vulnerables», les ha recordado. «La fraternidad y comunión sacerdotal son intrínsecas a la vocación». «La Iglesia no necesita funcionarios solitarios, necesita pastores santos que se entreguen juntos».

 

Para concluir, les ha recordado que «el Seminario es un don inmenso» y que no están solos, porque «Dios, los santos y toda la Iglesia caminan con vosotros, y de modo particular vuestro obispo y sus formadores. Recibid de ellos la guía y la corrección como gestos de amor».

 

Estas diez claves, ha dicho Mons. Iceta, deberían esta colgadas en todas las habitaciones del Seminario, porque «si las aplicamos, empezando por mí, seremos sacerdotes santos. Y una vida sin santidad no merece la pena».

 

Al concluir, la celebración, el arzobispo también ha agradecido a las familias de los seminaristas por su disponibilidad y entrega, y ha recordado que la vida sacerdotal es una vida apasionante en la que sus hijos serán felices.

 

Tras la misa, Enrique Martín ha realizado un breve concierto de órgano para mostrar las capacidades del nuevo instrumento con el que cuenta la capilla del Seminario, que dotará de mayor solemnidad a las celebraciones que se realicen en ella.

«La santidad es el abrazo de Dios»

por Natxo de Gamón,

Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Hoy, cuando celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, estamos invitados a una tarea muy especial: a aprender del camino emprendido por tantos santos, beatos, venerables y siervos de Dios que custodian la mirada de una Iglesia particular cimentada por y para el amor.

 

Coincidiendo con la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán y bajo el lema Tú también puedes ser santo, fijamos nuestros ojos en los de esos santos que habitan los jardines del Cielo y en los «de la puerta de al lado» (que decía el papa Francisco) que han correspondido con su entrega al don recibido y, enamorados hasta el extremo, se han dejado transformar por la acción del Espíritu Santo.

 

El Señor nos eligió a cada uno de nosotros para que, desde nuestra propia vocación, «fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1, 4). Por tanto, nuestra misión principal es vivir el amor de Dios, en el contexto actual, dentro de los apasionantes desafíos que se nos presentan.

 

Las circunstancias que esta vida nos brinda una y otra vez, nos enseñan que nadie se salva solo, sino que Dios nos atrae «tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana», porque «Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo» (Gaudete et exultate, 6). La santidad es el abrazo de Dios, es «el rostro más bello de la Iglesia» (Ibíd, 9), el latido amable del Padre donde los pequeños gestos prevalecen como un tesoro inabarcable, donde todos los invitados al Banquete de Cristo tienen su lugar, donde nadie queda afuera.

 

Si la voluntad de Dios es nuestra santificación (cf. 1 Ts 4, 3), cada santo se convierte en misionero de la gracia resucitadora del Señor Jesús. Y aquí recordamos no solamente a aquellos que nos precedieron, sino también a aquellos que, con su ejemplo, habitan los silencios y los anhelos de un mundo necesitado de perdón, de fraternidad, de compasión y de misericordia. Y lo hacen en las familias, en los trabajos, en el campo o en la ciudad, en rincones inhóspitos donde apenas llega nadie y en tantos proyectos que se llevan a cabo a la luz del Maestro.

 

En este día tan señalado para nuestra Iglesia burgalesa, queremos mostrar con humildad algunos datos de las actividades concretas en los diversos campos pastorales que llevamos adelante quienes formamos parte de esta maravillosa familia de Dios.

 

«Todo en la vida de Jesús es signo de su misterio», dice el número 515 del Catecismo de la Iglesia Católica. Y así ama Cristo en nosotros, en nuestros gestos y acciones, en nuestras decisiones y acogidas, en nuestras palabras y obras, para que el camino de nuestra santificación sea recorrido a la medida de su mirada.

 

También hoy, en el Seminario Mayor de San José, celebramos una fiesta entrañable que llamamos “el Reservado”. Conmemora la primera vez que, una vez celebrada la Eucaristía, el Señor se quedó “reservado” en el sagrario del Seminario para ser el centro, la fuente, la luz y el culmen de todas las actividades que en esta institución educativa para los sacerdotes habrían de tener lugar. Y precisamente la Eucaristía es la fuente de la caridad, es decir, de la vida santa de todos los fieles cristianos, que nos capacita y envía para amar como Él nos ha amado.

 

Como María de Nazaret, transparentemos el rostro de Jesús en lo cotidiano de nuestras vidas y seamos reflejos de su afable bondad. Sólo así, aferrados a ese misterio santificado, llegaremos a ser lo que el Padre pensó cuando nos creó. Porque tú, que eres su hijo amado, también puedes ser santo.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos