Mons. Iceta retoma su visita pastoral en la Anunciación

por Natxo de Gamón,

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Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, continúa con la visita pastoral que está realizando este curso y que le está llevando por las parroquias que componen el arciprestazgo de Burgos-Vena, el último que le queda por conocer de la capital. La última parada de la visita pastoral de este 2024 le ha llevado a la parroquia de la Anunciación de Nuestra Señora, los pasados 17 y 21 de diciembre.

 

El primer evento de la visita fue un encuentro con los sacerdotes que atienden la parroquia: Jesús González Alonso, párroco; y Daniel Morales Rodríguez, adscrito. Posteriormente, en el salón-claustro, Mons. Iceta se reunió con cerca de cuarenta niños que reciben 1º y 2º de catequesis de comunión los miércoles —otros cuatro grupos la reciben los domingos—, junto a sus padres.

 

Los niños habían preparado una pregunta por grupo y el arzobispo les escuchó atentamente, dando respuesta a su curiosidad e invitando a los chicos a plantearse su vocación al sacerdocio. A los padres los animó a formar parte activa de la comunidad parroquial, participando todos los domingos en la misa familiar y no limitándose a traer a los niños a catequesis, sino también ayudándoles a rezar y a descubrir a Jesús como un amigo.

 

Después, tuvo lugar la reunión con el Consejo Pastoral y Económico de la parroquia, en la que sus miembros se centraron en presentarle tres realidades concretas: la económica, la dimensión social-caritativa y la de formación-catequesis. Los integrantes del Consejo explicaron al arzobispo que la Anunciación es una parroquia muy generosa, que comparte, sobre todo, con Cáritas, donde se atienden a cerca de 200 familias. También le narraron la gozosa realidad de la catequesis parroquial, en la que se atiende y forma en la fe a 190 chicos y chicas en los diferentes niveles.

 

Mons. Iceta valoró las aportaciones que hicieron en un ameno diálogo, ofreciéndoles sabias directrices en distintos aspectos económicos y pastorales. Insistió, sobre todo, en la renovación en los métodos y maneras de la catequesis infantil y de adolescentes. Para concluir la jornada del miércoles, el arzobispo mantuvo una última reunión con todos los grupos de la parroquia, a los que saludo y animó en su trabajo pastoral y de ayuda a la parroquia.

 

El domingo, 21 de diciembre, a las 12:00h, Mons. Iceta presidió la Misa estacional, celebrada después de la catequesis. La celebración eucarística estuvo repleta de niños de todos los niveles de catequesis, así como de sus familias y fieles en general, y estuvo animada por el coro de las familias al completo.

 

Todos los implicados en la visita de Mons. Iceta a la parroquia de la Anunciación —desde los padres de catequesis y los catequistas a los integrantes de los grupos parroquiales y los fieles en general— la han valorado muy positivamente, por la cercanía y adaptación del arzobispo a todos, especialmente a los pequeños.

«Terminar el Jubileo no significa terminar nuestra vida cristiana»

por Natxo de Gamón,

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La ciudad de Burgos ha vivido este domingo la ceremonia de clausura del año jubilar Peregrinos de Esperanza en la catedral de Burgos, que ha marcado el fin de un tiempo santo de gracia, conversión y esperanza vivida en comunión por toda la archidiócesis. El acto ha estado presidido por Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, y ha congregado a numerosos fieles venidos de distintos puntos de la archidiócesis para dar gracias a Dios por este tiempo de gracia. También han concelebrado Mons. Fidel Herráez Vegas, arzobispo emérito de Burgos, y Mons. Ramón del Hoyo López, obispo emérito de Jaén, junto a gran parte del presbiterio burgalés.

 

El Jubileo, que se inauguró solemnemente en la archidiócesis el 29 de diciembre de 2024 bajo el lema Peregrinos de Esperanza, ha coincidido además con la conmemoración del 950 aniversario del traslado de la sede episcopal de Oca a la ciudad de Burgos, un hito en la historia eclesial de la archidiócesis.

 

La celebración ha comenzado con una procesión de entrada hasta el altar mayor, en la que han participado, además de los concelebrantes, los miembros del Consejo Pastoral Diocesano, así como representantes de los arciprestazgos y de las delegaciones, departamentos y secretariados diocesanos. En el rito de apertura, hace un año, el arzobispo proclamó que esta etapa se inspira en la misericordia y la esperanza, invitando a vivir la fe de manera renovada.

 

La celebración eucarística ha estado jalonada por la centralidad de la cruz en el año jubilar, la oración de los fieles, la presentación de los dones, la comunión bajo las dos especies, el canto de acción de gracias, la bendición solemne y la despedida, que han tenido especialmente presente el Jubileo.

 

«La familia es imagen de Dios»

Durante la homilía, Mons. Iceta ha agradecido la participación de los fieles, especialmente de quienes han recorrido largos trayectos para acudir a la Catedral, confiando en que regresaran a sus hogares «con el corazón encendido por la gracia de Dios y la esperanza de este jubileo». Coincidiendo con la liturgia del domingo de la Sagrada Familia, el arzobispo ha subrayado la vocación del matrimonio y de la familia como camino de santidad, recordando que «la familia es imagen de Dios, que es comunión de personas, y no estamos hechos para la soledad».

 

El prelado ha destacado también que el matrimonio cristiano es signo del amor de Cristo por su Iglesia, afirmando que «cada cónyuge es cauce de la gracia que Dios ha establecido para el otro», y ha animado a acompañar con cercanía las fragilidades y dificultades de las familias, especialmente en el contexto actual.

 

Refiriéndose a la vida cristiana, Mons. Iceta ha advertido del riesgo de querer vivir la fe prescindiendo de Cristo, recordando que «lo esencial de nuestra vida cristiana es acoger el don de Cristo» y vivir «todo en su nombre, dando gracias al Padre». En este sentido, ha señalado que incluso en medio del sufrimiento y de las dificultades «toda nuestra vida es ocasión de dar gracias a Dios, que jamás nos abandona».

 

Al reflexionar sobre la figura de san José, el arzobispo ha puesto de relieve su actitud de confianza y disponibilidad ante la voluntad de Dios, recordando que «Dios inspira y sostiene nuestra historia, pero no ahorra dificultad ni sufrimiento», y animando a vivir el trabajo, el esfuerzo y la generosidad como caminos bendecidos por el Señor.

 

Una oportunidad de «renovación espiritual y eclesial»

En la parte final de la homilía, Mons. Iceta ha subrayado el sentido profundo del año jubilar Peregrinos de Esperanza, recordando que la esperanza cristiana «no es una ilusión ni un deseo humano, sino la certeza fundada en el amor de Dios manifestado en Cristo, que nunca nos deja». Ha destacado que este tiempo ha sido una oportunidad de «renovación espiritual y eclesial, de reconciliación con Dios y con los demás, y de suscitar nuevos caminos de evangelización».

 

El arzobispo ha recordado que el Jubileo se ha traducido en gestos concretos de caridad y justicia, especialmente con los pobres, los migrantes, los enfermos, las personas mayores y las víctimas de la trata de personas, y ha insistido en que «terminar el Jubileo no significa terminar nuestra vida cristiana, sino abrir un tiempo nuevo de historia de salvación personal y eclesial».

 

Finalmente, Mons. Iceta ha confiado a la Virgen María los frutos de este año jubilar, pidiendo que siga acompañando a la archidiócesis «en la esperanza que no defrauda y en el amor que brota de Cristo, Señor de la historia y de nuestras historias».

 

La celebración ha contado con la participación de la Orquesta y Coro del Conservatorio Profesional de Música Rafael Frühbeck de Burgos que ha acompañado la celebración eucarística con piezas que han resonado en el templo mayor de la archidiócesis, realzando el ambiente de acción de gracias y fiesta.

 

Al término de la misa, el arzobispo ha agradecido a todos los que han participado activamente en las celebraciones jubilares y ha invitado a todos los asistentes a un chocolate caliente con bizcochos.

 

Con este acto, la archidiócesis de Burgos pone punto final a un año jubilar que ha tenido como eje la esperanza cristiana, animando a todos a vivir la fe con renovada confianza y compromiso en medio de los desafíos del mundo actual.

 

El obispillo 2025 pide protección y cuidado para todos los niños del mundo

por Natxo de Gamón,

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La ciudad de Burgos ha vuelto a celebrar este 28 de diciembre la fiesta del obispillo, una tradición navideña en la que uno de los niños de la Escolanía de los Pueri Cantores de la Catedral asume de manera simbólica este papel durante la festividad de los Santos Inocentes. Este año, el elegido ha sido Beltrán Rubio, un niño de 12 años, aficionado al baloncesto y a la música, que toca la trompeta en la banda de San Gil.

 

Beltrán ha participado en los ritos celebrados en el Monasterio de la Visitación de las Salesas, junto al canónigo responsable de la Escolanía, Agustín Burgos Asurmendi. Allí se han revestido el obispillo, el vicario general y los dos secretarios, y el obispillo ha ofrecido sus primeras palabras a la feligresía. Posteriormente, se han impuesto las túnicas a los nuevos escolanos y el obispillo ha presentado una pequeña imagen del Niño Jesús para su adoración. Todo ello ha estado acompañado por los cantos de la Escolanía.

 

Tras la celebración, los miembros de los Pueri Cantores han acudido al locutorio de las madres salesas, que han agasajado a los niños con dulces, gesto que estos han agradecido con su canto. Posteriormente, en procesión, se han dirigido al Palacio Arzobispal para saludar al arzobispo de Burgos.

 

Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa ha recibido al obispillo en el vestíbulo del Arzobispado y le ha mostrado el belén instalado a los pies de la escalera principal. A continuación, ha acompañado al obispillo al Salón del Trono, donde, como marca la tradición, se han intercambiado unas palabras.

 

Durante el encuentro, Beltrán ha elevado una petición en nombre de todos los pequeños, pidiendo que «todos los niños podamos seguir disfrutando del amor, la protección y la educación de nuestros mayores» y reclamando el compromiso de toda la sociedad para que «no haya niño en el mundo que sufra las injusticias». Ha recordado también las preocupaciones del mundo actual, como los conflictos armados y «la falta de amor en muchos lugares», convencido de que «el amor podrá con todo».

 

Por su parte, el arzobispo ha agradecido las palabras del obispillo y ha destacado la importancia de que los Pueri Cantores sigan siendo cantera para la Catedral, afirmando que «desde niños se van incorporando y se va enriqueciendo lo que es el coro de la Catedral». Mons. Iceta ha recordado que «en la medida en que glorificamos a Dios es cuando amanece la paz en el mundo», subrayando que la música y el canto son instrumentos de paz y de comunión.

 

El arzobispo ha valorado especialmente el mensaje del Obispillo en favor del cuidado y la protección de los niños, deseando que «no haya niños de la guerra, que no haya niños abandonados, que haya paz y armonía en las familias». Asimismo, ha señalado que los coros «no solo forman parte de la liturgia, sino también del tejido cultural y social de nuestra ciudad», animando a los Pueri Cantores a seguir siendo «portavoces y embajadores de Burgos».

 

Desde el Palacio Arzobispal, el Obispillo se ha dirigido después a la calle de Nuño Rasura, donde le esperaba el caballo con el que ha recorrido el centro histórico de la ciudad hasta la Casa Consistorial. Desde el balcón del Ayuntamiento, ha saludado a la alcaldesa y ha dirigido su mensaje a los burgaleses, poniendo el broche final a una de las tradiciones más entrañables del tiempo de Navidad en Burgos.

«La clausura del jubileo y la Sagrada Familia»

por Natxo de Gamón,

Jubileo 2025 peregrinos de esperanza burgos

 

Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Adentrados en el corazón mismo de la Navidad, con la Palabra hecha carne en el silencio de nuestro particular pesebre, la Iglesia se detiene hoy para contemplar un misterio doméstico y decisivo para la historia: la Sagrada Familia de Nazaret. Hoy celebramos una forma concreta de vivir de Dios en el seno de una familia. En una casa humilde de Nazaret, Dios aprendió a ser cuidado y amado. Y desde ese hogar comenzó a latir una esperanza para todos.

 

En la Virgen María, aquella que conservaba todas las cosas y las meditaba en su corazón (cf. Lc 2, 19), descubrimos la fe que acoge sin poseer, la confianza que no exige explicaciones. Ella sabía que su vida era un terreno sagrado, una custodia viva conservada sin mancha donde Dios podía permanecer, incluso cuando ese misterio le obligaba a transitar en la penumbra.

 

En san José, el justo que cree obedeciendo, descubrimos a ese servidor fiel que escucha y actúa en silencio, guardando lo que más ama: hizo lo que el ángel del Señor le había mandado (cf. Mt 1, 24). Es el brazo que sostiene y protege, la voz que escucha y calma, la mirada que ve y espera. José es el guardián silencioso que hace espacio a Dios, sin ruido, sin palabras que desacrediten la misión que le ha sido encomendada.

 

Y en Jesús contemplamos al Hijo eterno que aceptó crecer «en sabiduría, en estatura y en gracia» (Lc 2, 52) en el seno de una familia humilde, bajo la penumbra de un sencillo cobijo en mitad de la noche. El Verbo, siendo el mismo Dios, se dejó criar y cuidar. De esta manera, santificó lo cotidiano, el transitar de los años ocultos bajo el manto de sus padres y la obediencia filial. Su encarnación nos muestra a un Dios que acompaña, vela y salva desde lo más profundo de nuestra fragilidad.

 

A la luz de este Misterio, comprendemos mejor el camino jubilar que clausuramos en nuestra archidiócesis burgalesa. Como la Sagrada Familia, también nosotros hemos caminado fiándonos de esa Trinidad que acompaña nuestro paso por las páginas de la historia, sosteniéndonos tantas veces en la confianza. Hemos emprendido acciones en pos de un mundo más justo, más fraterno y más bello; hemos escuchado el clamor de la fragilidad y nos apresuramos a remediar sufrimientos y pobrezas siendo conscientes de nuestras propias heridas y carencias; hemos abierto procesos, celebrado encuentros en vistas a impulsar la evangelización, siempre desde la esperanza compartida que hace bello lo quebrado y perfecto lo imperfecto.

 

Decía san Juan Pablo II que la familia –y podríamos decir también la Iglesia– está llamada a ser «comunidad íntima de vida y de amor conyugal, fundada por el Creador» (Familiaris consortio, 13), lugar donde la fe se hace carne y el Evangelio se torna regalado.

 

Desde esta pertenencia recíproca que brota como signo sacramental de la misma relación de Cristo con la Iglesia, descubrimos que este Jubileo ha sido para nosotros una verdadera escuela de Nazaret, donde hemos aprendido que la fe se transmite por contagio, por cercanía, por testimonio y del servicio a los pobres y necesitados que pretendemos acompañar y servir. Y es, a través de la Sagrada Familia, de vidas de santos y de tantos ejemplos sencillos que han florecido entre nosotros, cómo hemos ido descubriendo la manera en la que el Señor de la Vida nos ha acompañado en este tiempo de gracia y bendición.

 

La Iglesia crece cuando cuida, evangeliza cuando acompaña y permanece cuando ama. Así cerramos el Jubileo, no para esconderlo bajo el celemín o en un rincón de la casa, sino para entregarlo a la Providencia. Como hacía la familia de Nazaret que, tras cada noche incierta, se afianzaba en la bondad del Padre para continuar diciendo «sí» sin condiciones, sin evasivas y sin miedos. Para que nuestra Iglesia que peregrina en Burgos siga siendo un hogar habitable, entrañable y fraterno donde Dios pueda morar y donde toda persona, de modo particular la más vulnerable, al entrar, pueda volver a creer al sentirse acogida y servida con amor.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

El arciprestazgo de Miranda se prepara para vivir la Navidad

por Natxo de Gamón,

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En el arciprestazgo de Miranda de Ebro se han realizado múltiples actividades para preparar la gran fiesta de Navidad. En Miranda, del 9 al 13 de diciembre se ha podido contar con la XXI Semana Coral de Villancicos en la iglesia de Santa María, organizada por la coral Juan de la Encina.

 

La ciudad también ha acogido el concierto Intergeneracional en la iglesia parroquial de San Nicolás de Bari el jueves, 18 de diciembre, la fiesta de los Sembradores de Estrellas el viernes, 19 de diciembre y, el lunes, 22 de diciembre, la subida del Belén a la ermita de San Juan del Monte y el pregón de Navidad en la iglesia parroquial de El Buen Pastor a cargo del nuevo diácono de la archidiócesis, Rodrigo Camarero Abad.

 

Además, en los pueblos del arciprestazgo se han organizado dos actividades interesantes, como la ruta de belenes que se realizó el pasado sábado, 20 de diciembre, en la que se visitaron los belenes de 11 parroquias. También el domingo, 21 de diciembre, se realizó el tradicional Festival de Villancicos en la parroquia de Santa Gadea del Cid.