«La Iglesia ha sido nuestro puente fundamental para establecernos aquí»

Este viernes, 15 de mayo, la Iglesia celebra a san Isidro, labrador, el patrono de la agricultura y del mundo rural. En este curso pastoral en el que la Campaña Diocesana que la archidiócesis está desarrollando a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia está centrada en el mundo rural, nos detenemos en Trespaderne, donde un proyecto de acogida comunitaria está dando vida al pueblo.
Y es que la parroquia de Trespaderne se ha convertido en los últimos meses en un ejemplo de acogida comunitaria e integración en el medio rural gracias al acompañamiento ofrecido a una familia peruana llegada recientemente a España. El proyecto, impulsado por la archidiócesis y gestionado a través de la Delegación de Pastoral para las Migraciones y la Movilidad Humana y de Cáritas, y respaldado por la comunidad parroquial, busca facilitar la integración de personas migrantes en pequeños pueblos de la provincia, al tiempo que contribuye a revitalizar localidades afectadas por la despoblación.
José Alejandro Moscoso, de 59 años, llegó a España junto a su mujer y sus tres hijas el pasado mes de diciembre. En Perú había trabajado como profesor de literatura, danza, música y artes escénicas, además de dedicarse a la educación de adultos. Sin embargo, la inseguridad y la violencia creciente en su país les obligaron a abandonar su vida allí. «No fue por elección sino por una necesidad crítica de proteger realmente a mi familia ante la inseguridad que está atravesando mi país», explica.
Tras unos primeros meses difíciles en un hostal de Burgos, la familia encontró apoyo en la parroquia del Espíritu Santo y en el programa de acogida promovido por la archidiócesis y gestionado a través de la Delegación de Pastoral para las Migraciones y la Movilidad Humana y de Cáritas. Gracias a ello pudieron instalarse en Trespaderne, donde ocupan una vivienda parroquial restaurada por el Arzobispado de Burgos y la Junta de Castilla y León.
«Pasar de la supervivencia a sentir que formamos parte de algo seguro… esto nos lo da la Iglesia católica y Cáritas», afirma José Alejandro, que agradece especialmente la acogida recibida por parte de Lorenzo Carrillo, el anterior párroco, y de los vecinos del pueblo.
El actual párroco, Guillermo Pérez, considera que la llegada de esta familia supone «un enriquecimiento para el pueblo», especialmente en un entorno rural marcado por la pérdida de población. «Son personas que quieren trabajar y participar en la vida del pueblo», señala. También destaca la implicación de numerosos vecinos, que les han ayudado con ropa, alimentos, gestiones y acompañamiento cotidiano.
En la misma línea se expresa Begoña, voluntaria de Cáritas, quien asegura que «son una familia integrada en el pueblo y el pueblo también los ha acogido bien».
Las hijas del matrimonio estudian ya en los centros educativos de la zona y participan con normalidad en la vida cotidiana del municipio. «Verlas integradas en el aula es lo que nos brinda la mayor paz mental», reconoce José Alejandro.
Ahora, tanto él como su esposa esperan culminar el proceso de regularización para poder incorporarse plenamente al mercado laboral. Él ya ha homologado su título y estudia además guía turística y cultural. «Tenemos el firme deseo de trabajar y contribuir activamente a la sociedad que nos ha acogido», asegura.
Para esta familia, la acogida recibida en Trespaderne ha supuesto mucho más que un techo. «Sentimos que nuestra llegada ayuda a la rehabilitación demográfica del pueblo», afirma José Alejandro, convencido de que la integración y la vida comunitaria pueden ofrecer futuro tanto a quienes llegan como a quienes permanecen en el mundo rural.
