«Sembradores de esperanza en la tierra de Dios»

Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta
Queridos hermanos y hermanas:
«La tierra descansará, la justicia se afirmará, los pobres se alegrarán y la paz volverá si dejamos de movernos como depredadores y comenzamos a hacerlo como peregrinos». Con estas palabras, el papa León XIV animaba —durante la homilía pronunciada el año pasado en Pentecostés— a cuidar la tierra y a trabajar por la justicia para que los más desfavorecidos puedan vivir con dignidad y en paz.
Desde hace un tiempo, nuestra archidiócesis burgalesa está acogiendo los Encuentros en el Mundo Rural, una iniciativa que nació con el objetivo de reflexionar sobre la realidad de los pueblos y sus desafíos en el marco de la Campaña Diocesana de Doctrina Social de la Iglesia, centrada este año en el mundo rural.
Desde Roa o Melgar de Fernamental, pasando por otros municipios, hasta Belorado, estos encuentros desean crear una conciencia pastoral que nos comprometa como Iglesia diocesana a encarnarnos y acompañar a las personas y a las diferentes realidades de nuestro mundo rural, a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia, bajo el amparo de las recientes Orientaciones pastorales para el mundo rural.
La zona rural de nuestra archidiócesis es tremendamente rica en agricultura, ganadería, empresas, empleo, patrimonio artístico, vivencia religiosa… La defensa de los servicios básicos –sanidad, infraestructuras, educación, cuidados sociales…– hacen, de su tejido social, un compromiso cristiano único en favor de la dignidad de la persona. Al mismo tiempo, la despoblación rural es una realidad a la que intentamos ponerle freno. No cabe duda de que, con la llegada de la población inmigrante, familias jóvenes que regresan a las poblaciones desde donde marcharon sus padres, o la aparición de nuevos empleos fruto de la creatividad, aparecen nuevas oportunidades.
Por ello, hemos de poner en valor la presencia —tantas veces silenciosa, pero siempre fiel— de la Iglesia en este mundo rural de cara a toda la comunidad diocesana, que está comprometida con los retos existentes y está aportando propuestas sugerentes de futuro.
Cultivar la tierra y hacerla crecer es dejar a Dios ser Dios, es hacernos terreno apacible de encuentro para los demás, es asumir los desafíos de quienes sufren para hacerlos nuestros y afrontarlos en comunión. Desde esta Iglesia que peregrina en Burgos respaldamos alternativas sostenibles y respetuosas con la casa común.
Porque donde la tierra marca el compás de la existencia, se custodian valores esenciales: la cercanía, el sentido de comunidad, el respeto por la creación. Como recuerda el papa Francisco en Laudato si’, «todo está relacionado y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra» (LS 92, cf. LS 220). Y en esa red de relaciones, el mundo rural se revela como un espacio privilegiado para aprender otra forma de habitar la realidad, más sencilla y más profundamente humana.
La Iglesia no sólo está presente en estos lugares, sino que, apuesta decididamente por ellos, reconociendo en su sencillez una riqueza que puede iluminar a toda la sociedad y ofrecer caminos nuevos –y, a la vez, renovar los antiguos– para vivir con mayor armonía con Dios, con los demás y con la casa común. Y, al final, apostar por un desarrollo rural sostenible y solidario necesita de un cuidado eclesial asentado sobre las bases del compromiso, la cercanía y la esperanza; un cuidado silencioso y fecundo que, como la semilla escondida en la tierra, da fruto a su tiempo y sostiene la vida allí donde parece más frágil, haciendo visible –también en lo pequeño y en lo cotidiano– el paso fiel de Dios por nuestros pueblos y nuestros campos.
A los pies de María, Madre que guarda y acompaña, confiamos cada puñado de nuestras tierras, para que todo en nosotros aprenda a preservar la belleza como hizo Ella con Jesús de Nazaret, siendo así sembradores de esperanza en la tierra de Dios.
Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.
