La visita comenzó el sábado, 16 de noviembre, en Sarracín. En el templo parroquial se dieron cita, además de los feligreses del pueblo, las comunidades de Saldaña, Modúbar de la Emparedada y Cojóbar. El arzobispo fue recibido por los responsables de la atención pastoral de estas parroquias, y se interesó por sus vidas, salud, trabajos, estados de ánimo y amor a sus feligresías.
Después, el párroco y sus compañeros recibieron afectuosamente al arzobispo, siendo un joven estudiante el encargado de darle la bienvenida oficial al templo. Mons. Iceta recibió en la puerta del templo a todos los feligreses que acudieron a escuchar sus palabras de consuelo, de ánimo y de confirmación en la fe. Durante la celebración eucarística, realizó una homilía centrada en las lecturas del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, en las que recordó que la importancia de saber distinguir «lo temporal de lo eterno».
«Nos perdemos lo mejor de la vida, realmente. Lo que no es tangible: el amor, el estar con los hijos, el cuidar a los padres, el estar con los amigos, el ayudar a los pobres, el servir a los enfermos… eso es maravilloso. Y eso, ¿cuánto vale? Es lo mejor de nuestras vidas y eso es lo que queda, en ese juicio universal, que todos vamos a pasar, nos examinan del amor, no de nuestros títulos, no de nuestras cuentas corrientes… ¿Cuánto has amado? Y, para eso, no hace falta tener mucho ni poco, se puede amar casi con nada. ¿Cuánto te has entregado?¿Cuánto has servido a los demás?», expresaba en su homilía.
La ceremonia, que estuvo amenizada por el coro de Cogollos, concluyó con las palabras agradecidas del párroco de Sarracín. Tras ellas, todos juntos compartieron un ágape, en el que, de nuevo, el arzobispo se rodeó de las gentes, animándoles y confortándoles en la fe.