«La caridad brota del Cuerpo y Sangre de Cristo»

Carta semanal de Mons. Mario Iceta Gavicagoeascoa, arzobispo de Burgos, para el domingo, 7 de junio de 2026, solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Corpus Christi Burgos eucaristía

 

Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

«Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada» (1Cor 13, 2). Hoy, ante el Misterio del Corpus Christi, estas palabras de san Pablo resuenan con una fuerza nueva: ¿qué sería de nosotros sin la presencia resucitadora de la caridad? El amor que «todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta» (1Cor 7), ciertamente, «no pasa nunca» (1Cor 8). Y en este día en el que conmemoramos la victoria de la caridad sobre la injusticia, la indiferencia y el temor, Cristo Eucaristía se parte y reparte –una vez más– para la vida del mundo.

 

Hoy muchos participamos en Madrid de la Santa Misa que el papa León XIV preside ante cientos de miles de fieles venidos de toda España. Y muchos de Burgos. En la Eucaristía, Misterio de fe, acariciamos con nuestras propias manos la presencia real que sostiene silenciosamente los hilos de la historia. En este Banquete donde el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre, comienza una transformación sagrada, íntima, insondable: la del corazón humano. Porque quien comulga a Cristo Vivo ya no puede vivir para sí mismo, ya no está habitado por la carne del mundo, ya no se pertenece. Aquel que se alimenta del Amor, está llamado a ser eternamente amor.

 

La Eucaristía es fuente de salvación. De su raíz brota toda la bondad de nuestras decisiones, esperanzas, vacilaciones, obras… Cada sentir y cada obrar que nace de nuestras propias fuerzas corre el riesgo de vaciarse por entero, pero lo que entregamos al Señor y a su Divina Providencia, aunque sea infinitamente pequeño, lleva inscrito en sus entrañas un sello de eternidad.

 

Por eso, en este día del Corpus Christi, celebramos el día de la caridad: la Iglesia nos invita a dejarnos hacer por Cristo, a partirnos para los demás como su Cuerpo y donarnos como su Sangre. El primer paso es dejarnos transformar en aquello que recibimos en una humilde vasija de barro, porque sólo quien se reconoce frágil puede ser habitado por Dios. Como el barro en manos del alfarero, hemos de dejarnos moldear sin resistencia para que Él rehaga en nosotros lo que el tiempo, el cansancio o el pecado han desfigurado. Como niños que se fían (cf. Mt 18, 3), hemos de abandonarnos para que Cristo se encarne en nuestras llagas y colme de sentido lo más vulnerable de nuestro ser.

 

Estamos llamados a ser mediación de un milagro que siempre nos supera. Pero ese milagro comienza a hacerse realidad cuando alguien ha aprendido primero a arrodillarse ante el Misterio. San Juan Crisóstomo decía: «¿Quieres honrar el Cuerpo de Cristo? No lo desprecies cuando lo veas desnudo en los pobres». El mismo Jesús que veneramos, alabamos y comulgamos en el altar nos espera en el rostro abandonado, cuando menos ganas tenemos de estar, cuando más nos cuesta permanecer en su presencia. La lógica de la donación empieza ahí, haciendo que todo en nuestra vida adquiera forma eucarística: el trabajo, el cansancio, la alegría, la enfermedad, las relaciones, la rutina cotidiana… Todo puede convertirse en ofrenda si nace de Él y vuelve a Él a través del servicio a quienes revelan su rostro. Por tanto, no puede haber Eucaristía sin caridad, y no hay caridad verdadera sin Cristo.

 

En cualquier lugar donde nos arrodillamos para servir, la Eucaristía se prolonga en la historia; pues en ese recóndito lugar donde el amor se inclina hasta tocar la llaga del hermano, el Misterio se hace carne viva y latido escondido de Dios.

 

Le pedimos a la Virgen María que esta celebración del Corpus Christi empape nuestra alma con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para que, hechos uno con Él, seamos en medio del mundo memoria viva de su amor entregado, y nos vaya convirtiendo en humildes servidores.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

✠ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos

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