El arciprestazgo de San Juan de Ortega celebra su ya tradicional encuentro de villancicos

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El sábado, 21 de diciembre, ha tenido lugar en Villanueva de Argaño el encuentro arciprestal de villancicos, con la participación de las parroquias del arciprestazgo de San Juan de Ortega. Este encuentro musical se ha convertido ya en una tradición muy querida por las comunidades del Arciprestazgo, que lo demuestran con una alta participación.

 

El encuentro ha tenido lugar en el polideportivo municipal de Villanueva de Argaño, bellamente adornado con velas, estrellas de luz y un entrañable belén navideño, y ha sido presentado por el arcipreste, Heriberto García Gutiérrez, que ha agradecido el esfuerzo del Ayuntamiento y de la parroquia por ceder el espacio y organizar el evento. También ha animado a vivir la Navidad agradeciendo el esfuerzo y la participación de todos. La presentación ha finalizado con una actuación de bienvenida del cantautor Daniel Guantes.

 

Tras la presentación han comenzado las actuaciones de los coros cantando un villancico, empezando con la interpretación del Coro de Familias de Cardeñadijo, desfilando por el escenario los diferentes coros de los pueblos, como Cogollos, Valle de Riopico, Marmellar de Arriba y Arroyal de Vivar, Mazuelo de Muño, Montorio, Quintanilla Vivar, Quintanadueñas, Tardajos, Villavilla, Villacienzo, Cavia, Arlanzón y, para finalizar, el coro de Villanueva de Argaño, que ejercía de anfitrión.

 

Los trece villancicos, interpretados desde la ilusión y el buen hacer, han ayudado a crear un ambiente de comunión y cercanía propios de estas fechas navideñas. Para acabar, Daniel Guantes y Beatriz Be Soul han coordinado el canto del villancico Noche de Paz que han cantado todos los coros conjuntamente.

 

Finalmente un chocolate preparado por Villanueva de Argaño ha puesto el broche de oro a este encuentro arciprestal de villancicos, un espacio para el encuentro y la unión de las comunidades parroquiales a través de la música, y que se ha convertido ya en un referente para los pueblos del arciprestazgo de San Juan de Ortega.

Alegre y sonriente: así es Miguel Puebla, el próximo obispillo

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Miguel Puebla Agustín ha llegado a la cúspide de la carrera eclesiástica. Y eso que sólo tiene 10 años. Sus compañeros de la escolanía de los Pueri Cantores de la catedral lo han escogido para interpretar este año una de las figuras más típicas de la navidad burgalesa y el próximo 28 de diciembre será investido obispillo. Formarán parte de su séquito César Cuesta Río, que actuará en calidad de vicario, y Hugo Pérez Prieto, que será su secretario.

 

Miguel estudia en el colegio de La Salle. Le gusta mucho jugar al fútbol, la música (toca el piano), leer y dibujar. Se enroló en la escolanía junto a su hermano Álvar, menor que él. Sus compañeros lo designaron para el cargo es sus votaciones del pasado domingo Gaudete por su buen comportamiento, su asistencia puntual a los ensayos y por su gran sonrisa.

 

El día de los Santos Inocentes, recibirá sus vestiduras episcopales en el monasterio de las Salesas, iniciando una intensa jornada que contará –viajando a lomos de un caballo blanco– con visitas a la alcaldesa de la ciudad –impartirá la bendición desde el balón de la Casa Consistorial– y a su homólogo, monseñor Mario Iceta, de quien podrá aprender. A ambos les trasladará sus principales preocupaciones: «Los derechos de la infancia y de todos los niños que carecen de lo más necesario en Burgos, y en especial de los inocentes que sufren la guerra, el hambre, la pobreza y la inmigración», señala este pequeño, que parece tener las ideas tan claras –o más– como un adulto.

 

Asegura recibir este encargo de obispillo con ilusión y algo de nervios. Se considera un niño «sonriente y alegre» y asegura tener «buenas relaciones con sus amigos y compañeros de la Escolanía». Le encanta estar con su familia y practicar deporte, especialmente el fútbol. Como niño responsable, quiere agradecer a «todos los que colaboran en su educación», de forma especial a sus padres y profesores del colegio y de música, los Pueri Cantores, sus entrenadores de fútbol y catequistas.

La unidad pastoral Villalbilla-Tardajos, nueva parada de la visita pastoral

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La fiesta de San Juan de la Cruz, 14 de diciembre, amaneció escarchado y envuelto en densa niebla para que el pastor de la archidiócesis saliera al encuentro del pueblo de Dios que peregrina por la zona de Villanueva de Argaño. Antes, Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa se detuvo a saludar al clero en el convento del Salvador en Palacios de Benaver y a compartir con las religiosas benedictinas. Ellas le presentaron sus expectativas y el arzobispo las ofreció la ayuda necesaria para seguir adelante en la esperanza al encuentro de Cristo Salvador.

 

A mediodía, la comunidad cristiana de Villanueva de Argaño, convocada junto con algunos hermanos de los pueblos circunvecinos de Isar, Hormaza y Palacios le dieron gozosos la bienvenida al ritornello de ‘bendito el que viene en el nombre del Señor’. El arzobispo, en la celebración eucarística, animó a todos los presentes y los ausentes a perseverar en el seguimiento del Niño cuyo nacimiento nos disponemos a celebrar hasta que retorne glorioso entre sus ángeles en la plenitud del Reino de Dios. Antes de la bendición final agradeció la acogida filial de esta porción del pequeño rebaño.

 

Ese mismo 14 de diciembre, por la tarde, continuó la visita pastoral con un saludo en la residencia de mayores Élite de Rabé de las Calzadas, donde los residentes pudieron compartir un coloquio con el arzobispo, quien les hizo evocar momentos dichosos de sus vidas en sus pueblos y valorar su situación actual.

 

También se tuvo en la misma población de Rabé de las Calzadas con la comunidad de Hijas de la Caridad de la casa de espiritualidad La Milagrosa. El diálogo trascurrió desde una sencilla presentación de las hermanas, de su tarea de acogida de grupos, con sus repercusiones pastorales, catequéticas y sociales, hasta un repaso de Mons. Iceta de hechos y personas del entorno de la Compañía de las Hijas de la Caridad.

 

Después se desplazó a la localidad de Tardajos, a su centro parroquial, donde, tras una breve entrevista con el párroco, el arzobispo se reunió con miembros de los consejos pastorales de Tardajos, Rabé de las Calzadas y Las Quintanillas. En ese momento Mons. Iceta les ofreció una visión general de la Iglesia en Burgos y hacia dónde camina: nuevas situaciones en que tanto la atención pastoral como la participación en la vida parroquial tendrá que ir adaptándose a nuevas formas.

 

El acto central de la visita pastoral fue la celebración eucarística en el templo parroquial de Tardajos, a la que estaban convocados los fieles de las cinco parroquias. Fue una celebración con una nota muy especial, que D. Mario resaltó al comienzo de la celebración: seguramente la única eucaristía de visita pastoral que puede contar con la presencia de dos arzobispos: el titular actual de la archidiócesis y el arzobispo emérito de la misma, Mons. Fidel Herráez Vegas, presente por ser ‘feligrés’ de una de las parroquias visitadas. La eucaristía fue vivida como una fiesta de encuentro de un padre con su familia.

 

Al final, después de la bendición del belén parroquial, los feligreses acudieron a saludar a nuestro pastor y maestro, y dejar constancia de ello en la foto protocolaria. Aunque la meteorología había reservado una tarde muy fría, la presencia del arzobispo hizo que la calidez de los encuentros permitiera a los participantes sentirse a gusto e incluso quedarse con sensación de haber sabido a poco.

 

Y el domingo, 15 de diciembre, Mons. Iceta a las 10:30h visitó la residencia El Amanecer de San Mamés de Burgos, saludando a todos los residentes y los que les atienden, haciendo una oración por todos los enfermos.

 

A las 11:00h, el arzobispo saludó en la iglesia de San Mamés a un grupo de fieles. En la iglesia se encendió la tercera vela de la corona de adviento y se leyó la palabra de Dios. El arzobispo animó a los fieles a cuidar su vida cristiana y pertenencia a la Iglesia, les felicitó la Navidad, les dio su bendición y bendijo el belén.

 

A las 11:30h se encontró con un grupo numeroso de gente a la puerta de la iglesia Quintanilla de las Carretas, para ver el templo que tiene cubiertas nuevas, les animó a cuidar la iglesia felicitándolos por el esfuerzo realizado en su conservación. Rezado un responso por los difuntos les dio su bendición y les deseó una feliz Navidad.

 

A las 12:00h le esperaban en Villacienzo, donde vio el suelo flotante de la iglesia con necesidad de arreglo y los felicitó por lo bien que tenían el templo, animándolos a solucionar ese problema del suelo. Y a las 12:45h se reunió con el consejo pastoral de la unidad pastoral para conocerlos y animarlos a seguir trabajando por la labor pastoral de estas parroquias.

 

Seguidamente se celebró la misa, animada por el coro parroquial y con la participación de fieles de las cuatro parroquias que intervinieron con moniciones, peticiones y ofrendas, escuchando la homilía del arzobispo, que les animaba a vivir una entrega cada vez mayor al Señor y a seguir su compromiso de vida cristiana. Después de dar la bendición a los fieles, Mons. Iceta les felicitó la Navidad, bendijo el belén de la iglesia y se hizo una foto de familia con los presentes para inmortalizar ese entrañable momento.

La Navidad, un tiempo para «encontrar las luces de la esperanza, por pequeñas que sean»

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La catedral de Burgos ha acogido este martes, 17 de diciembre, la 66ª Edición del Pregón de Navidad de la Fundación Círculo Burgos, en un acto que ha reunido a las principales autoridades de la ciudad y de la provincia, entre los que se encontraban Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, y Mons. Fidel Herráez Vegas, arzobispo emérito de Burgos.

 

El encargado de dar la bienvenida al acto ha sido el deán-presidente del Cabildo Metropolitano de Burgos, Félix José Castro Lara, quien ha realizado una profunda reflexión sobre el poder de la palabra, citando a Platón y a Séneca y recordando que «la palabra es un río que fluye entre la memoria y el presente», como señalaba Antonio Machado en su obra Campos de Castilla.

 

Por su parte, el encargado de presentar al pregonero ha sido el presidente de la Fundación Círculo Burgos, Emilio de Domingo Angulo, quien ha manifestado que «tenemos verdadera necesidad de buenas noticias» en un año marcado por la dificultad, recordando especialmente «el desastre ocasionado por la dana en Valencia». En su intervención, ha destacado que la Navidad debe transmitir un mensaje de esperanza, defendiendo «un mundo donde prevalezcan los valores que nos enseñan los niños con su mirada limpia, leal, su ternura, su sencillez».

 

Una vez ofrecida la bienvenida y la presentación del pregonero, ha subido al estrado el historiador Francisco José Gómez Fernández, quien ha desplegado en la catedral de Burgos un pregón navideño titulado Ocho escenas persistentes y un pregón de Navidad. Un discurso que ha trascendido lo tradicional, convirtiendo las ocho escenas del Belén en un profundo análisis espiritual y social. «Hay que estar despierto en la oscuridad de la noche encontrando las luces de esperanza, por pequeñas que sean», ha proclamado ante un auditorio que escuchaba con absoluta atención.

 

Con una prosa rica en matices históricos, Gómez Fernández ha desentrañado cada escena bíblica como una metáfora de la condición humana. Ha comenzado denunciando la superficialidad navideña actual: «No hacemos más que comer y gastar. Y el turrón, puesto en los supermercados ya en octubre». También ha criticado la tendencia a reducir la Navidad a un mero evento comercial, con «canciones anglosajonas en lugar de nuestros atinados villancicos» y «espectáculos de encendido de luces sin referencias trascendentes».

 

Sin embargo, su mensaje ha sido fundamentalmente esperanzador. Ha recordado que, en países como Irán, Corea del Norte o China, «celebrar cristianamente estas solemnidades te supone la cárcel». Un alegato en defensa de la tradición que ha resonado con fuerza entre los presentes, citando las palabras de Benedicto XVI en Cuatro Vientos: «Que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad».

 

Las ocho escenas del Belén se han convertido en un viaje existencial en el pregón de Gómez Fernández. De la Anunciación, destacó «las dos mayores fuerzas de la historia: la oración y el amor». Sobre la Sagrada Familia, ha reflexionado con profundidad: «Todas las familias son problemáticas, disfuncionales. La Sagrada Familia también lo era, pero tenía a Dios en el centro, lo que le supuso exigencias, dolores y plenitud».

 

Especial significación han tenido sus reflexiones sobre los Reyes Magos, a quienes ha definido como «lo mejor de la Navidad» y «buscadores del infinito». Ha destacado su capacidad para «ver con los ojos del corazón», para «encontrar lo grande en lo pequeño y a Dios en lo escondido, en lo humilde, en lo pobre».

 

Un momento emotivo ha llegado cuando ha narrado la tregua de Nochebuena de 1936 en el monte Kalamua, donde milicianos republicanos y requetés navarros intercambiaron cigarrillos y cartas, un gesto de humanidad en medio de la guerra. «Es importante para nuestra España de hoy que estos momentos de nuestra rica historia brillen por encima de los odios políticos», ha enfatizado.

 

El pregón de Gómez Fernández no ha esquivado la dureza. Ha hablado de los 5.600 cristianos martirizados en 2023, recordando que «seguir a Cristo significa ponerse del lado del que sufre». Sin embargo, su mensaje final ha sido de esperanza: «Hay que estar dispuestos a ponerse en camino, a no acomodarse, para crecer, para avanzar».

 

Con la cita del poeta Gregorio Martínez abriendo su pregón —«Bendito seas diciembre, el mes de la noche buena, que a todos nos haces niños al son de tu pandereta»—, Gómez Fernández ha logrado convertir un discurso tradicional en una profunda reflexión sobre la condición humana, la esperanza y la trascendencia.

 

Tras el pregón, ha llegado la actuación musical a cargo del Trío Portamento y la soprano Almudena Martínez Huidobro, que han interpretado un programa de canciones navideñas, así como la actuación de la coral de la Escuela de Danza Ana Laguna dirigida por Paloma Revilla y ganadora del Certamen de Villancicos de la Fundación Círculo Burgos.

 

Dos seminaristas reciben la admisión a órdenes en el Seminario

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La capilla del seminario diocesano de San José ha acogido este domingo la celebración del rito de admisión a las sagradas órdenes del diaconado y presbiterado de dos aspirantes al sacerdocio que se forman en él. Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos, ha presidido el rezo de las solemnes vísperas en las que los seminaristas Antonio José Pardo Alonso de Linaje y Andrés Galán Sancho dan así un paso más en su preparación al sacerdocio.

 

En su homilía, el arzobispo ha ido directo al corazón de la vocación sacerdotal, advirtiendo que «el mundo de hoy busca placer», pero olvida que «el gozo es algo mucho más interior». Con la mirada puesta en el Adviento que estamos próximos a concluir, Mons. Iceta ha desentrañado la diferencia entre placer y gozo. «Lo que da el gaudium, la alegría a nuestra vida, son las personas que nos rodean», ha explicado, recordando incluso un dato revelador de la pediatría: «los niños privados de amor ni siquiera crecen físicamente».

 

Su mensaje a los seminaristas ha sido claro: la vocación exige una entrega total. «Nuestra vida no es para nosotros, es para los demás», ha enfatizado. El arzobispo también ha recordado cómo el celibato no es una renuncia, sino «un carisma, un don del Espíritu Santo» que permite «amar sin fisuras» y entregarse completamente a la Iglesia.

 

Mons. Iceta les ha advertido de que la ordenación no llegará por simple deseo, sino cuando hayan «desarrollado los elementos esenciales para vivir con gozo y profundidad la vida del presbítero a la que estás llamado». La vocación, según sus palabras, se construye día a día: «Cuando uno no ha podido rezar, tiene que sentir que ‘hoy me faltaba algo’». Y les ha recordado que el objetivo final es que «el ungüento de la cabeza de Cristo llegue a su cuerpo, que es la Iglesia».

 

El arzobispo también les ha recordado que «nadie es digno», pero también les ha animado asegurando que pueden responder «’me he preparado para desempeñar el ministerio con dignidad, con entrega’». La celebración concluyó con una invocación a la Virgen María, pidiendo que sea ella «la que nos enseñe a acoger el don precioso de Dios, para que sea nuestra luz y nuestro amor en el camino de nuestra vida».

 

Un paso en la preparación al sacerdocio

El rito de admisión a órdenes es llevado a cabo cuando el aspirante ha alcanzado la madurez necesaria para solicitar tal admisión, la cual es refrendada por la Iglesia en la figura de los formadores, del rector del Seminario y del propio arzobispo como cabeza y pastor de la archidiócesis.

 

Para todo el seminario es un momento de gran ilusión y esperanza, pues la Iglesia Católica, a través de este acto público, confirma oficialmente que ve en estos seminaristas signos objetivos de vocación al sacerdocio y estos, a su vez, declaran su voluntad de seguir diciéndole que sí al Señor y la Iglesia, acompañados por toda la comunidad del seminario, de sus familiares, y de sus amigos.