Ante el día del Seminario, su rector, Francisco Javier Valdivieso, explica la salud del mismo, los retos que deben afrontar y cuál es la línea que siguen sus formadores para modelar a los sacerdotes del futuro. Donde más ilusión, tesón y esfuerzo están poniendo es en consolidar más el Seminario Menor.

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seminario san jose burgos

Los seminaristas, frente a los paneles de la exposición vocacional que recorre las parroquias de la diócesis.

 

Aunque le guste asegurar que el Seminario diocesano se sustenta gracias a un equipo de formadores con el que se siente muy a gusto, sin embargo es la cara visible del mismo. Desde el pasado mes de septiembre es el nuevo rector de aquella casa del Paseo del Empecinado, una tarea que le encomendó personalmente el arzobispo con el objetivo de que lograr que «la diócesis ame mucho a su Seminario y los seminaristas amen mucho a su diócesis».

 

La tarea no es fácil. A pesar de ello, a Francisco Javier Valdivieso le ha causado una «muy buena impresión» lo que allí se ha encontrado: «Uno viene con recelos y miedo y me he encontrado con chavales de nuestro tiempo; tenemos niños muy majos en el Seminario Menor que están muy motivados. Y en el Mayor, uno da gracias de ver a esos jóvenes ilusionados», revela. Tanto le ha sorprendido el buen clima que allí se respira que, «a pesar de la responsabilidad que conlleva ser rector y lo mucho que rezo, al final es mayor el tiempo que paso dando gracias».

 

A este sacerdote de 46 años el Seminario no le es ajeno. En su vida pastoral, además de haber sido consiliario de la delegación de Familia y atendido varias parroquias –Lerma, Tardajos, Buniel, Frandovínez, El Pilar y San Pablo– es la segunda vez que pasa ya por el centro formativo, sin olvidar los años que allí se formó. Ahora lo hace con una nueva responsabilidad, ‘capitaneando’ a su equipo de formadores y teniendo claro sus objetivos, entre los que destaca, claramente, el discernimiento vocacional. Define el Seminario Mayor como «una comunidad de jóvenes que se plantean en serio seguir a Jesús y de un modo concreto como sacerdotes»; mientras asegura que del Seminario Menor «es una comunidad educativa donde se cuidan todos los aspectos formativos y también el vocacional en sentido amplio, con el cariño y el respeto que se le presenta a un niño, a un adolescente».

«Echando ganas»

Seguir la llamada al sacerdocio hoy no es decisión fácil. Y mucho menos para un niño o un adolescente, y no hablemos ya para sus familias. A pesar de ello, Valdivieso tiene claro que hay que apostar decididamente por el Seminario Menor, pues «la mitad de los seminaristas mayores proviene de lo que en su día se trabajó con ellos allí». De ahí que tanto desde el Seminario como la delegación de Pastoral Vocacional se quiera presentar la vocación en sentido amplio y desde edades tempranas: «Junto a la propuesta de fe hay que hacer ver que hemos sido llamados para algo y a eso apunta la campaña vocacional de este año, que tiene una estética un tanto infantil porque se dirige principalmente a niños y adolescentes».

 

El número de alumnos en las aulas del Menor no le hace perder la esperanza. Es donde «más ganas estamos echando», convencido de que la formación que allí reciben los chavales está al primer nivel. «El trato personal que tienen los niños no existe en otros lugares», asegura. «Pero que hable cualquier padre que tenga a su hijo en el Seminario: ellos harán la mejor propaganda porque lo conocen bien. Existe una buena relación con los chavales, el chico no se aleja de casa, sino que tiene un trato continuo con los padres y la formación académica es de primer orden». Por eso, ante los padres que se plantean llevar a su hijo al Seminario, Valdivieso es claro: «Que no tengan miedo y sean generosos porque el chaval ganará en muchos aspectos».