Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 19 de marzo de 2017.

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Este domingo día 19 de marzo, festividad de San José, la Iglesia celebra el día del Seminario con el lema «Cerca de Dios y de los hermanos». Un año más vivimos con alegría la celebración de esta jornada, porque el Seminario ha de estar en el corazón de la vida diocesana. Aprovechemos este día para conocer más la figura del sacerdote, sus tareas, su vocación y su ministerio; para descubrir la misión esencial de la vocación sacerdotal, que es ser mediador entre Dios y los hombres haciendo presente al mismo Cristo; y para dar gracias a Dios por nuestros seminaristas, seguir orando por ellos e intensificar el esfuerzo en favor de las vocaciones. En cuanto al lema de la campaña, la cercanía a Dios, el encuentro con Él, la intimidad con el mismo Cristo hará al sacerdote cercano a los hombres y mujeres con los que convive; le hará capaz de ser mediador, verdadero sacerdote. Y, del mismo modo, la cercanía a sus hermanos, los hombres y mujeres de este mundo, le hará capaz de presentar, en la oración e intimidad con el Señor, la realidad concreta en la que vive.

 

No hace mucho escribía una carta a mis queridos sacerdotes. Hoy la hago extensible a todos los cristianos. Os invito a tener un especial cuidado de la vocación bautismal en sus posibles y diversas concreciones. Necesitamos crear espacios personales y comunitarios para que sean muchos los que se planteen la pregunta sobre el camino de su vida –«Quo vadis», dónde vas–  y para que algunos puedan sentirse llamados a seguir a Cristo, en este caso desde el ministerio sacerdotal. Hemos de favorecer que la respuesta a su llamada sea posible y generosa pidiendo confiada, humilde e insistentemente a Dios que nos siga regalando estas vocaciones. Hemos de poner un empeño constante para que en los ámbitos de la familia, de la educación escolar y universitaria y en el conjunto del quehacer pastoral, pueda hacerse perceptible esa llamada y existan las condiciones adecuadas para que se pueda dar la respuesta.

 

Para ello, todos y cada uno necesitamos retomar el interés y el compromiso concreto con nuestros seminarios. Sabéis que en el Seminario Mayor, San José, hay 12 seminaristas; 8 son de Burgos, 1 de la Rioja, otro de Soria y 2 de Burundi. En el ‘Redemptoris Mater’ son 18, de los cuales 7 están en misión. Y en el Seminario Menor, hay 11 de Burgos, 3 de la Rioja y 18 preseminaristas. Como nos hemos propuesto en el plan de Pastoral, hemos de concretar «el diseño y puesta en marcha de un plan diocesano vocacional». Conscientes de que a lo largo de la historia de la salvación Dios ha contado siempre, y sigue contando, con la mediación humana para el anuncio del Evangelio, pensemos que en el plazo de dos o tres décadas será decisivo en nuestra Iglesia diocesana lo que hagamos o dejemos de hacer en estos años con las vocaciones.

 

Permitidme que, con palabras del Papa Francisco, me dirija expresamente a nuestros queridos y admirados seminaristas para decirles: ofreceos «con humildad, como arcilla para modelar, para que el alfarero, que es Dios, la trabaje con el agua y el fuego, con la Palabra y el Espíritu. Se trata de entrar en aquello que dice san Pablo: ‘ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí’. Solamente así se puede ser diácono y presbítero en la Iglesia, solo así se puede apacentar el Pueblo de Dios y guiarlo no por nuestros caminos, sino por el camino de Jesús, es más, sobre el Camino que es Jesús».

 

La Iglesia siempre ha pretendido cuidar mucho la formación de sus futuros sacerdotes. De manera especial, en un mundo tan global y cambiante, a nuestro querido Papa le preocupa hoy la formación de los futuros sacerdotes, para que en la sociedad donde se insertan, cuando hay tanta orfandad, vivan el ministerio y la consagración como un auténtico ejercicio de paternidad y maternidad espiritual. Los presbíteros, también los futuros, han de ejercer su ministerio entre sus hermanos viviendo entre ellos y con ellos, acompañando y compartiendo las dificultades, y festejando las esperanzas y los logros (cf. EG 24).

Queridos burgaleses, en este día del Seminario acompañemos a los seminaristas y a los sacerdotes de nuestra diócesis con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios. Permanentemente también  hemos de «rogar al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mateo 9,38). Por ello, os invito a unirnos todos en oración para que muchas personas encuentren su vocación, el camino que Dios les ofrece para ser felices buscando su voluntad: «Señor Jesús, te pedimos que envíes a tu pueblo los servidores que necesita. Escoge de nuestras parroquias, de nuestros hogares, de nuestras escuelas y universidades una abundante cosecha de ardientes apóstoles para tu Reino: sacerdotes, religiosos, religiosas, misioneros y apóstoles laicos; y haz que los llamados por ti nunca pierdan conciencia de la grandeza y necesidad de su vocación. ¡Oh, Virgen María, Madre de la Iglesia, enseña a decir a todos los llamados por el Señor, un sí con alegría, como el que tú dijiste». Amén.