La Pasión viviente de La Molina de Ubierna congrega cada Viernes Santo a cientos de personas. Carmelo de la Fuente lleva interpretando el papel de Jesús desde hace años; nos cuenta cómo se prepara y qué supone para él ser el protagonista de esta representación.

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Carmelo de la Fuente Páramo es todo un veterano participando en la representación de la Pasión que cada año se realiza en La Molina de Ubierna. Nacido en Villacienzo en 1959, está a punto de cumplir 50 años, «pero eso no es ningún obstáculo para que pueda hacer el papel de Jesucristo», que es el que lleva representando desde 2004 y para el cual se prepara físicamente varios meses antes.

 

Para ello, se ha dejado crecer el pelo y la barba para no tener que recurrir a postizos que puedan darle un aspecto artificial y adelgaza un poco para que se le «marquen las costillas». Carmelo incluso pide a quienes realizan el papel de romanos, que «no se corten» y que si le tienen que pegar un latigazo para dar más realismo, «que lo hagan, aunque sin llegar a los extremos que se dieron en la verdadera Pasión, claro». También procura andar descalzo y para él, es un momento que vive «completamente metido en el papel».

 

Este atleta burgalés, que no duda en declarar que Jesús es su «ídolo» –«lo rezo cada día y lo llevo conmigo, para mí es la fuerza de existir»–, se emociona cuando recuerda lo mucho que ha llegado a impresionar al público asistente la representación de la Pasión que año a año realiza, y cómo ha llegado a calar hasta el punto de que éstos no se quieren perder este momento una vez llega la Semana Santa. «Es muy bonito ver cómo hay gente que le emociona enormemente contemplar estas escenas y que regresen año tras año para volver a vivirlas».

 

Sin embargo, su debut no fue en La Molina, ya que empezó representando el papel de Jesús en Villalbilla en 1992, con 33 años, y a pesar de no pertenecer al pueblo, tuvo buena acogida y estuvo varios años con esta caracterización, además de interpretar a otros personajes de la Pasión. Sin embargo, le llegó la noticia de que buscaban a alguien que hiciese de Jesucristo en La Molina de Ubierna, y no dudó en presentarse. El padre Félix, quien activó la Pasión viviente en 1980, contactó con él para comenzar, y no ha faltado ningún año desde entonces. Además, también ha traído a sus amigos para representar papeles diversos, y cuenta cómo el pueblo también se prepara «con un decorado que recuerda a una aldea de la época».

 

A pesar de la fama de esta representación, Carmelo reconoce que «es casi un milagro que se mantenga, porque ya la gente joven no se incorpora a la Pasión viviente». Aún así, el milagro se repite cada año, y son cientos los que quieren acercarse a La Molina en Viernes Santo para hacerse una idea de cuánto sufrió Jesucristo por ellos