La primera fundación será en Godella, un pueblo de la diócesis de Valencia, donde las religiosas habitarán un antiguo convento de las madres Salesas. Hasta allí se desplazará medio centenar de religiosas para fundar una nueva comunidad del instituto religioso de derecho pontificio.

Facebook0Twitter0Google+0EmailWhatsapp

 

Comunidad Iesu Communio

Las hermanas, en una foto de archivo de 2015.

 

«Dios abre a Iesu Communio un nuevo camino». Así se puede leer en un pequeño comunicado en la página web del instituto religioso donde la comunidad de religiosas de La Aguilera anuncia que fundará su primera comunidad fuera de Burgos.

 

El lugar escogido para fundar es Godella, un pueblo de la diócesis de Valencia. Allí llegarán las religiosas el 10 de junio y celebrarán una eucaristía de acción de gracias y petición. Aún no tienen concretado el lugar de la eucaristía y la hora, «pero, como no queda mucho tiempo, queríamos comunicároslo para que quienes deseéis podáis reservar ese día», anuncian en el comunicado.

Instituto religioso de derecho pontificio

Iesu Communio es hoy un Instituto religioso femenino de derecho pontificio. Está formado por 210 jóvenes religiosas dedicadas a la oración y a hacer apostolado, a la espera de que ingresen cuatro nuevas jóvenes en las próximas semanas.

 

Todo comenzó en 1984, cuando una joven Verónica María Berzosa ingresaba en el monasterio de la Ascensión de las Damas Pobres de Santa Clara de Lerma. En aquel momento, la comunidad de religiosas estaba formada por veinticinco profesas solemnes. Y es que tras 23 años de ausencia de vocaciones, la llegada de sor Verónica adquiría especial relevancia. Diez años después de su admisión, sor Verónica fue nombrada maestra de novicias. A los dos años de su nombramiento, tenía a su cargo a siete novicias y once postulantes. De este grupo de jóvenes religiosas brotaba una especial alegría, fruto de pertenecer a Jesucristo. Y todas ellas fueron creciendo en una especial sensibilidad en la comprensión y sintonía con los Padres de la Iglesia.

 

Tal era el flujo de jóvenes llamadas a aquella forma de vida religiosa, que dicho monasterio resultó ser insuficiente para acogerlas a todas. Al mismo tiempo, las Hermanas Clarisas del monasterio de Briviesca y de Nofuentes (Burgos) habían pedido ser recibidas en Lerma. Se hacía necesario un nuevo lugar para acoger a las numerosas religiosas y atender a las personas que las visitaban. Así finalmente lograron establecerse en el santuario de San Pedro Regalado, situado en La Aguilera, cerca de Lerma.

 

En marzo de 2009, la madre abadesa sor Blanca María, debía cesar en su cargo ya que no podía ser reelegida al haber agotado sus mandatos. La Comunidad eligió a sor Verónica como abadesa, que hasta ese momento seguía siendo maestra de novicias. Las Hermanas solicitaron al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, cardenal F. Rodé, ser constituidas en una única comunidad en dos sedes diferentes (Lerma y La Aguilera) y con un único gobierno. Dicha solicitud fue aceptada en junio de 2009 por un periodo de tres años, con el encargo de establecer claramente lo que las Hermanas se sentían llamadas a realizar.

 

El 8 de diciembre de 2010, quedaba decretado que el monasterio autónomo de la Ascensión de Lerma se transformaba en un nuevo instituto religioso de derecho pontificio denominado «Iesu Communio». A la par que se aprobaban sus constituciones ad experimentum por cinco años, se reconocía a sor Verónica Berzosa como fundadora y la confirmaba como superiora general del nuevo instituto. Además, se encomendaba al arzobispo de Burgos el especial cuidado y vigilancia de la vida del nuevo instituto, sin perjuicio de la autonomía de vida y gobierno propia de un instituto religioso. Transcurridos los cinco primeros años ad experimentum, la Santa Sede los ha prorrogado por otro lustro más, como es lo habitual en estos casos.

Nueva comunidad

Fundar una nueva comunidad religiosa con el mismo carisma es un aspecto que el instituto religioso no había experimentado todavía. La oportunidad ha llegado desde el arzobispado de Valencia, quien oferta a las religiosas ocupar un convento recientemente abandonado por las Hermanas Salesas. Allí deberán realizar algunas obras de mejora para cumplir la ley y adaptarse a la nueva realidad.

 

Y es que al nuevo edificio esperan poder ir a fundar alrededor de 50 hermanas y desearían ampliar las celdas hasta completar las 72. Las religiosas aseguran estar muy contentas ante la nueva oportunidad y poder llevar a cabo allí su misión. Valencia ha sido siempre una diócesis a la que tienen especial cariño porque numerosos grupos de personas que las visitan proceden de allí.

 

A la espera de detallar en las próximas semanas el desarrollo del acto, las hermanas se preparan para comenzar en Godella una nueva etapa en su historia. Intentarán ser casi todas, exceptuando las mayores que no puedan, las que se desplacen hasta Valencia para participar en la eucaristía de acción de gracias por la nueva fundación.