Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 4 de junio de 2017.

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La Iglesia celebra este domingo la Fiesta de Pentecostés actualizando el acontecimiento de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles; fue el día en que se cumplió la promesa de Jesús, cuando les dijo  que el Padre enviaría al Espíritu Santo para estar con ellos y guiarlos en la misión que les confiaba: anunciar el Evangelio por todo el mundo. Esta promesa del Señor se sigue cumpliendo y Pentecostés se sigue repitiendo también hoy, con la presencia y acción del mismo Espíritu Santo en la Iglesia, en nuestra Iglesia de Burgos, y en cada uno de nosotros. Durante el tiempo pascual hemos procurado acoger las enseñanzas del Señor Resucitado en nuestras vidas y comunidades. Ahora, nos toca comunicar a otros nuestra fe en Jesús, ser discípulos misioneros, Iglesia en salida, anunciar el Evangelio, abrir nuestro corazón y nuestros brazos para que «todos tengan vida y vida en abundancia».

 

Este domingo, pues, nos convoca a descubrir una vez más, a celebrar y a comunicar al mundo el gozo y la alegría que se nos ha dado con el don del Espíritu Santo. No estamos solos ni huérfanos. Cristo resucitado nos ha regalado el Espíritu del amor del Padre. Hemos sido hechos templos suyos, hemos recibido sus carismas y ministerios, nos sentimos enviados a llegar en misión y cordialmente a todos los lugares del mundo y a todas las criaturas, para invitarles a descubrir el Reino de Dios donde todos somos hijos de un mismo Padre y, por lo tanto, hermanos de la gran familia universal. Y es que el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, nos empuja a salir desde dentro y nos atrae desde fuera, porque sigue actuando entre tantos hombres y mujeres de buena voluntad. El Papa Francisco en la Evangelii Gaudium nos dice que «la alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera… La sienten llenos de admiración los primeros que se convierten al escuchar predi­car a los Apóstoles ‘cada uno en su propia len­gua’ (Hch 2,6) en Pentecostés. Esa alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto. Pero siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá».

 

En esta reflexión dominical quiero referirme al apostolado laical, dado que hoy se celebra el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. La Jornada se celebra con el lema «Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo»; y nos invita a sembrar la palabra de Dios en medio de nuestra sociedad, transmitiendo los valores y actitudes que conducen a un mundo más justo y fraterno, y promoviendo en definitiva la civilización del amor. Extraordinaria misión a la que están llamados especialmente los laicos católicos, porque ellos son la Iglesia que se encarna en la sociedad de hoy. Al tiempo que os animo a vosotros, seglares, para esta tarea y pido para todos la fuerza del Espíritu en este Pentecostés, me uno al mensaje de los Obispos para esta Jornada y quiero «agradecer el testimonio de miles de laicos que a través de su vida proclaman el Evangelio en una sociedad cada vez más secularizada; y agradecer también la acción pastoral y misionera de parroquias, hermandades, asociaciones y movimientos, que nos ayudan a fortalecer y transmitir nuestra fe». 

 

Qué duda cabe que necesitamos cristianos que hagan visible la acción del Espíritu en el día a día de la vida familiar, laboral, cultural y social. Tanto en los pequeños gestos de nuestra vida ordinaria, como en las estructuras o entramados sociales que repercuten decisivamente en la vida pública. Abramos nuestro corazón a la acción del Espíritu. Abramos nuestros ojos a la realidad que nos rodea. Vayamos al encuentro de toda realidad sufriente para transmitir la misericordia de Dios, la fuerza sanadora que nos res­taura y nos encamina a la plenitud. Los laicos habitáis en el mundo, estáis de continuo en contacto con toda esta realidad. Vivid con alegría esa tarea de testimoniar el rostro miseri­cordioso de Dios allá donde están nuestros contemporáneos.

 

«Es tiempo de caminar». Juntos, como Iglesia diocesana, seguimos los pasos del Resucitado. Necesitamos asumir con fuerza el papel del laicado en la misión de la Iglesia. Tenemos que ahondar en la vocación misionera que hemos recibido en el bautismo y la confirmación, experimentando en la eucaristía que Dios constantemente nos propone acercarnos más a Él y a los hermanos.

 

«Es tiempo de sembrar». Queremos sembrar la buena noticia del Evangelio en el corazón de todas las personas. Nuestra Iglesia de Burgos tiene necesidad de cada uno de los bautizados, de la luz y de la gracia que han recibido para poder compartirla. Os invito a que descubráis cada uno los dones que ha recibido, y que los pongáis al servicio del Evangelio.

 

«Y siempre de nuevo». Todos somos llamados a vivir la novedad del Espíritu, que es quien puede hacer nuevas todas las cosas, quien sostiene y anima nuestra acción evangelizadora, quien suscita en nosotros, con sus inspiraciones, el dinamismo de la fe y el dinamismo del amor, para dar siempre gratis lo que gratis hemos recibido.

 

Finalmente quiero animar y agradecer hoy de corazón la entrega generosa de la Delegación de Apostolado Seglar para llevar adelante su importante tarea. Y pido al Espíritu Santo que infunda hoy en todos nosotros la fuerza para vivir como verdaderos cristianos y para anunciar el Evangelio en todo tiempo y lugar, con obras y palabras, con audacia, con esperanza y con alegría.