In memoriam Daniel Simón Rey

Daniel Simón Rey ha muerto, un hombre, un sacerdote, un profesor ha pasado a la historia. Atrás queda su vida derrochada en el estudio, en la predicación, en las aulas, en diversos quehaceres, en idas y venidas, en las clases, en charlas, en sermones, en la Catedral. Responsable en sus compromisos. Los que le hemos tenido de profesor siempre hemos admirado su claridad en la exposición, su lenguaje cercano, vivo y asequible, su seriedad en la preparación. También, su memoria prodigiosa.

Las aulas del Instituto López de Mendoza, del Seminario, de la Facultad de Teología, de la UNED guardan los ecos de esa voz potente y clara que hablaba de Santo Tomás, de Descartes, de Hume, de Derechos naturales, de ética, de etnografía, de …Las bóvedas de la Catedral, igualmente, son testigos de sus sermones bien preparados, en lógica tomista o cartesiana, siempre procurando dar respuesta a los interrogantes de los hombres. Una pequeña enciclopedia andante, siempre, intentando, apasionadamente, ampliar su ya basta cultura.

Daniel ha muerto, últimamente, herido de muerte, ha sufrido no poco. Aún recuerdo los últimos días que acudió a la Catedral, uno de ellos, tuve que acercarle a casa, era consciente de lo que se le avecinaba. En fin, es la finitud de todo lo humano, eso que él tan bien explicaba, que nos asedia y, finalmente, acaba, aparentemente, venciendo. Porque, como él también nos decía. La última palabra, la definitiva, no es muerte, sino vida.

¡Descansa en paz, Daniel!. Que el Buen pagador, por Quien gastaste tu vida, te premie lo mucho que por su Causa hiciste. Daniel, nos reencontraremos. ¡Hasta luego!.
¡Dale, Señor, el descanso eterno!.

Jesús Yusta Sainz

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